Panorámica de la catedral de Burgos / R.C

La historia hecha piedra

Burgos comienza las celebraciones por el 800 aniversario de la catedral entre críticas a las puertas de Antonio López para el templo

ANTONIO PANIAGUA

La catedral de Burgos y sus agujas caladas que aguijonean el cielo. Burgos y su alma de piedra gótica, su cimborrio que parece pintado por un maestro del puntillismo, sus robustas columnas. Pocas veces un templo ha estado tan unido de manera tan inextricable con su ciudad. Este martes se cumple el 800 aniversario de la colocación de la primera piedra, motivo suficiente para celebrarlo durante tres días. Durante las jornadas se sucederán los conciertos en el interior de la seo, sesiones de fuegos artificiales y una iluminación especial. Sin embargo, la fiesta corre el peligro de aguarse. Una parte de la ciudad está en contra de que se sustituyan las puertas de madera, que datan de hace 200 años, por unos portones de bronce creados por el artista Antonio López.

Este lunes comienzan los festejos con una actuación de los monjes del monasterio de Santo Domingo de Silos, que cantarán unas vísperas en la catedral. El cantante Pablo López ofrecerá además un concierto en el Coliseum de Burgos. Las campanas de las iglesias de toda la diócesis de Burgos repicarán este martes, mientras un pasacalles recorrerá parte de la ciudad con 120 dulzaineros. Para concluir la jornada, la Patrulla Águila sobrevolará varias veces el templo homenajeado.

El miércoles no faltará una comida de hermandad, a la que se seguirá un concierto de los Niños Cantores de Viena en la catedral y la instalación de una tarta gigante con 800 velas. Hasta aquí la farra, que no llega a apagar el malestar que acecha a parte de la ciudadanía. Bajo la conmemoración subyace una controversia que ha traspasado los muros de la ciudad castellana y leonesa para cruzar los del Vaticano y la Unesco, que amenaza con retirar el estatus de Patrimonio de la Humanidad a la catedral.

Cesión de la Iglesia

A la vista del callejón sin salida en que se había metido el debate, la Iglesia ha acabado cediendo. Asumirá sin objeción el lugar elegido por la Unesco y el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos) para colocar las puertas de la fachada de Santa María de la catedral. Esta es la postura que ha asumido el arzobispo de Burgos, Mario Iceta. Este ha heredado de su predecesor, Fidel Herráez, la polémica. Herráez quería que después de los fastos del aniversario quedara algo «imperecedero», y pensó en un encargo a Antonio López.

El artista está bastante harto de la fanfarria y los dardos contra su persona. Ha vivido con disgusto la polvareda y hasta se muestra condescendiente con el parecer de sus detractores. «A lo mejor tienen razón», ha asegurado, sabedor de que en materia de arte todo puede estar sujeto a discusión.

El tono desabrido con que ha sido acogida la obra de López por parte de los partidarios de preservar la tradición no deja de ser paradójica. Con ocho siglos a su espalda, la seo es fruto de la superposición de estilos disímiles. La catedral ha sufrido un sinfín de intervenciones, unas más agresivas que otras. No en balde, el piso bajo de la fachada principal del templo no es el original. Algo similar ocurre con las vidrieras, que fueron reemplazadas al hacerse trizas cuando el ejército napoleónico, en su retirada hacia Francia, hizo estallar un polvorín cercano.

Críticas a los añadidos

Como dice René J. Payo, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Burgos, «los añadidos han sido objetivo siempre de furibundas críticas e intentos de eliminación». En los primeros siglos, se criticaba por sus elementos estructurales, pero a partir de siglo XVII empezaron a esgrimirse argumentos de orden estético.

La portada de Santa María ya fue objeto de debates en el siglo XVIII. Hubo quien quiso eliminar el parteluz y las estatuas y adornos góticos para dar al monumento un aire neoclásico. Pero al final primó la opinión de la Real Academia de las Artes de San Fernando, que ordenó paralizar las obras.

Los partidarios de dejar las cosas como están consideran que la obra del escultor y pintor de Tomelloso es «aberrante, abigarrada y anacrónica». Lo que empezó como un debate académico ha trascendido el marco teórico para ser la comidilla de cualquier conversación.

Este domingo las firmas recabadas a través de Change.org contra los portones de Antonio López superaban las 69.000. «Un horror vacui. Creo que no hay mejor definición para el atropello artístico que ha encargado el Arzobispado de Burgos al escultor Antonio López», asegura Juan Vallejo de Lope, patrocinador de la recogida de firmas.

Según fuentes del cabildo, Antonio López jamás ha impuesto su voluntad, y argumentan que la iconografía elegida es decisión de la Iglesia. El clero aduce que aunque las puertas nuevas sean vetadas, se expondrán en otro espacio de la catedral.