Máximo Huerta, periodista, escritor y exministro de Cultura. / Efe

«Mi gran fracaso no fue el Ministerio de Cultura», asegura Máximo Huerta

«La memoria es muy tramposa», dice el escritor y presentador en 'Adiós, pequeño', novela en la que se desnuda y afronta sus fantasmas familiares / «A todos nos van a sustituir, ya sea como pareja, amigo, vecino o compañero de trabajo»

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCI Madrid

Se dice que tener un escritor en la familia es una maldición, pero Máximo Huerta (Utiel, Valencia, 50 años), ha querido hacer de su familia una bendición literaria. Retrata sus silencios y secretos en 'Adiós, pequeño' (Planeta), la novela que dio el premio Fernando Lara al escritor, periodista, presentador y fugaz ministro de Cultura, que desnuda su intimidad haciendo memoria mientras acompaña a su madre enferma y retrata una España que ya no existe. «Es lo mejor que he escrito», afirma sin complejos de un relato en el que ironiza sobre su paso por el Ministerio de Cultura. «No ha sido mi gran fracaso», escribe.

«Mi madre habría sido más feliz si yo no hubiera nacido», es la frase inicial de una novela «verídica y profundamente sincera» que Huerta dice haber escrito «con mucha valentía» y que le acabó procurando «mucha seguridad». Sostiene que «no quería ni escribir ni publicar» esta autoficción -«literatura de proximidad», lo llama él- «sobre una familia que tuvo que guardar demasiados secretos para intentar ser feliz» y que «utiliza el silencio como solución a todo».

«Todas las familias felices se parecen, y las infelices lo son cada una a su manera, pero literariamente son más interesantes», reconoce Huerta, que define su novena novela como «una despedida y, al tiempo, un hola a la inquietante madurez». «La vida es una constante despedida», insiste Huerta, que se propuso hacer lo mismo que Giuseppe Tornatore en su celebrada película 'Cinema Paradiso'. «Soy un chaval de pueblo y, como el crío de la película, veo la vida de otra manera y me asombro por todo», dice reivindicando «una mirada más respetuosa y calmada de la vida para que todo sea más sorprendente».

Autoestima

«La memoria es muy novelera, y por tanto muy tramposa», advierte el escritor. Pero asegura que «siempre juega a nuestro favor y lo edulcora todo». No mira Huerta al pasado con afán de venganza y elude hablar de su paso fugaz por la Casa de las Siete Chimeneas. «Mi gran fracaso no ha sido el Ministerio de Cultura», ironiza aludiendo a otro episodio más chusco «e infinitamente peor para la autoestima»: la sustitución en la casa familiar del primer cuadro que pintó de niño por otro «más mono» pintado por su prima.

«A todos nos van a sustituir, ya sea como pareja, amigo, vecino o compañero de trabajo», reflexiona. Rehuye hablar de cómo hubiera sido su vida de no haberse visto obligado a dimitir como ministro. «Es algo que recuerdan más los demás que yo. Quizá no hubiera escrito esta novela, pero no quiero caer en el ¿y si esto? ¿y si aquello?... Es un equipaje molesto que tengo eliminado de mi vida», zanja la cuestión. Nombrado por Pedro Sánchez en 2018, Huerta estuvo solo seis días al frente de Cultura y Deporte. Dimitió al saberse que fue sancionado y debió abonar 218.000 euros a Hacienda por los impuestos que dejó de pagar en 2006, 2007 y 2008 cuando trabajaba como presentador de televisión y declaraba a través de una sociedad.

«Todos somos contadores de novelas, pero no es mejor escritor aquel al que le pasan más cosas, sino el que mejor cuanta lo que le ha pasado», dice hoy. «Mis temas son siempre los mismos: la maternidad, la muerte, la infancia...Tengo un mundo propio, creo, como lo tienen Patrick Modiano o Luis Landero. Eso es lo más complicado, pero también una gran ventaja para un escritor».

Familia matriarcal

No tuvo Máximo Huerta una infancia feliz en Buñol, el pueblo de Valencia donde vivió sus primeros años y al que ha regresado para cuidar a su madre, Clara, de 84 años. Ella es una de las grandes protagonistas de 'Adiós, pequeño' junto a las demás mujeres de la familia, como la abuela Irene, «religiosa, republicana, lectora, voraz y precursora del lenguaje inclusivo que siempre hablaba de nosotras aunque hubiera hombres delante». Se ha servido deliberadamente de un lenguaje y un tono poético que recuerda al legendario de 'Platero y yo' de Juan Ramón Jiménez, «que fue una puerta feliz a otras muchas lecturas e mi infancia».

Como periodista y comunicador, Huerta dice estar en un momento dulce. Alejado de la feroz competición por la audiencia de las grandes cadenas, presenta en À Punt, la televisión autonómica valenciana, 'Bona vesprada' (Buenas tardes), un programa «en el que entrevisto y cuento historias de gente corriente y en el que no hay sucesos ni temas de corazón». Eso también es televisión y me ha reconectado con el contador de historias», celebra.

Autor de dos obras de teatro –'Más sofocos' y 'Me quedo muerta'– Huerta había publicado hasta ahora ocho novelas, algunas tan exitososas como 'Una tienda en París' o 'La noche soñada', Premio Primavera en 2014. Situó 'Firmamento' en el legendario hotel Formentor de Mallorca. Sus otras novelas son 'Que sea la última vez', 'El susurro de la caracola', 'No me dejes (Ne me quitte pas)', 'La parte escondida del iceberg' y 'Con el amor bastaba'.

Licenciado en Ciencias de la Información y con un máster en Diseño Gráfico e Ilustración Editorial, Huerta ha desarrollado una intensa carrera que empezó en medios locales y acabó en los informativos y magazines de máxima audiencia. Pasó de Canal 9, donde presentó y editó informativos, a Telecinco, cadena en la que fue colaborador estelar del matinal de Ana Rosa Quintana. Soltero, destacado defensor de los derechos de los colectivos LGTBI,Huerta es miembro de la Academia de las Ciencias y las Artes de la Televisión.