Luis Miranda, en el palacete Rodríguez Quegles, donde se encuentran las oficinas del Festival que dirige. / ARCADIO SUÁREZ

«El festival atiende a los nuevos hábitos, pero no se subordina a ellos»

Ver películas independientes, en salas y con un cierto orden son algunos de los atractivos del festival que arranca el próximo 22 de abrilLuis Miranda Director del Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria

Victoriano Suárez Álamo
VICTORIANO SUÁREZ ÁLAMO Las Palmas de Gran Canaria

Los Cinesa de El Centro Comercial El Muelle y la sala Miller para el ciclo Camera Obscura concentran las proyecciones de un festival con un número de títulos más reducido, reconoce Luis Miranda, director de una 21ª edición que se desarrolla entre el 22 de abril y el 1 de mayo.

- En la presentación de esta 21ª edición dijo que se trata de una entrega más condensada y adaptada a las circunstancias sanitarias. ¿La reducción en el número de títulos programados se debe también a los nuevos hábitos de consumo? ¿Le preocupa que cada vez acuda menos gente a las salas de proyección?

-Me preocupa pero no me quita el sueño. Todo festival es un medio. No tiene sentido negar los cambios que se producen en la realidad. Tampoco ofrecer resistencia escondiendo la cabeza. Realmente nadie sabe nada. Lo que sí que está claro es que los hábitos han cambiado y lo han hecho porque la oferta es amplísima. Pero esa oferta es desordenada. No me afecta demasiado si hay mucho, medio o poco público según qué película. Me preocupa un poco más lo que yo considero una cultura del siglo XX, porque la cinefilia se está apartando de la cultura en general. El cine tiene menos relevancia como una forma de arte que tiene su historia y su carácter.

- ¿Ya no es un acontecimiento como sí lo era antes el estreno de la nueva película de un cineasta consagrado?

-Normalmente no. Se veía venir desde hace muchos años. Gente mayor que nosotros lleva desde los años 70 diciéndolo. También porque vivieron una época en la que el papel del autor era enorme. Eso no ha dejado de caer. Ahora resulta más llamativo cuando te encuentras con gente joven, porque tienen otro tipo de cultura audiovisual. Me planteo esto como el aficionado al jazz que defiende toda esa cultura que ha heredado.

- De todas formas, el público joven no ha sido nunca muy seguidor de este festival.

-Sí, pero hay que matizarlo. Tuvimos un público muy joven pero muy específico que acabó siendo, en mayor o menor medida, profesional dentro del cine. Tanto en hacer cine como en programarlo.

- Pero hablamos de un público que en su mayoría tenía una edad. Difícilmente se veía un universitario en las salas...

-Sobre el 2008 o así teníamos una asistencia de público universitario del 14%. En aquella época nos asustaba, porque en festivales como Gijón o Sevilla la asistencia de ese tipo de público era enorme. Ahora en festivales como los que he nombrado el público universitario y joven es también muy minoritario. Es que ahora, sin moverte de casa lo tienes todo. No hay que volverse loco. Vendrá a ver las películas el que quiera verlas. No hay que dramatizar y hay que tener en cuenta que todo festival es un experimento con público, con su demografía y hábitos. El festival hay que diseñarlo teniendo en cuenta esos cambios, pero no subordinándose a ellos. Uno de los axiomas que manejamos es que el poder lo tienen las películas. Lo que tenemos son películas y lo que necesitan es público. Nuestra misión es buscarlo o proponérselas. Pero hasta ahí. Somos mediadores. Incluso los autores son mediadores, lo que importa es lo que vamos a ver en la pantalla. Todo lo demás viene por añadidura, incluido el público, por supuesto, ya que sin él las películas no tienen sentido.

- ¿Quizás uno de los ganchos para atraer público es que difícilmente en una plataforma se podrá ver la mayor parte de lo que ustedes programan?

-Algunas sí. Hay que ser honestos. Cada vez son más. Pero ofrecemos pantalla grande. Cine. Eso es fundamental. Segundo, un cierto orden, una articulación para ver ese cine. No se trata de un mero contenedor. Hay un cierto discurso, latente, implícito y honesto. Me gusta insistir en que tenemos una gran vocación por la historia del cine. Aunque suene académico. Es crucial para nosotros. Se trata de un producto de consumo que, aunque sea exquisito, raro o peculiar... conecta con esa historia del cine que nunca se acaba de escribir completa.

- En esta 21ª no hay conciertos. ¿Es por la pandemia o por no contraprogramarse?

-Queríamos concentrarnos mucho en el apartado de Camera Obscura. Y aunque parece que estamos saliendo de la pandemia hay determinadas cuestiones que no tenemos claro. Cuando empezamos a planificar esta edición había menos cosas claras. En la práctica es un festival de pandemia porque no sabíamos ni el aforo con el que contaríamos y los horarios están condicionados. Es un festival poco nocturno y eso es por la pandemia. Se planificó desde hace mucho y los conciertos entraban en lo que podía ser o no ser. Teníamos planes y los mantenemos para el futuro. Consiste en hacer proyecciones y conciertos. Una especie de doble programa complementario.

- Potencian Camera Obscura incluso haciendo que protagonice la inauguración.

-Sí, será un acto muy sencillo. Veinte minutos y que mande la película con la música en directo.

- A la hora de seleccionar títulos, ¿se ha notado el parón de producción del 2020 o fue más evidente en la edición del año pasado?

-Fue más evidente en 2021. Con el frenazo de 2020, los grandes festivales de 2021 fueron como un trombo, con películas muy potentes. Eso se notó en el desnivel que ahora es más evidente entre la alta calidad de lo que se programa en los grandes festivales y lo que ofrecemos los demás. El escalón es mayor que hace diez o cinco años. Antes podíamos agarrar un par de películas que podían estar en la Sección Oficial de Cannes. Ahora es impensable. Depende de muchos factores. Me preocupa, más que las plataformas, la endogamia festivaleras. La mayor parte del cine que nos llega ha sido gestado en los propios festivales y sigue cuatro o cinco vías estilísticas y narrativas, que son las de siempre. Las coproducciones, que son vitales para sacar adelante los productos de riesgo, muchas veces lo que hacen es quitar el riesgo.

- ¿Percibe una mayor tendencia o predominio de la narración frente a una mayor experimentación visual?

-Desde hace una década o más, hay una mayor tendencia hacia narraciones más clásicas. En general, el canon sigue siendo un cierto tipo de realismo. En la Sección Oficial de este año hay más cine conversacional que narrativo. Predomina más la interacción y la conversación que unas estructuras narrativas clásicas.

- En la sección Panorama figura la nueva película del cineasta canario Samuel M. Delgado y la gallega Helena Girón, que han ganado varias veces en el apartado de cortos de Canarias Cinema. ¿Es un reflejo de la madurez de la producción local?

-Más bien de la madurez de ellos. Llevan años trabajando en una línea muy coherente, que tiene que ver con un cine etnográfico imaginario con un cierto componente científico. Siguen un desarrollo natural. Su película está a la altura de lo que representa Panorama España.

- No figura en la Sección Oficial porque ya se estrenó en España.

-Sí, podría haber estado. Es lógico que no estrenen aquí. Si la película tiene potencial, la sacas fuera. Es más sano para la película que sus primeros reconocimientos los logre fuera.