Un hombre trabaja en el descubrimiento de armas medievales. / Fundación Castillo de La Estrella

Encuentran centenares de armas medievales en un castillo de Ciudad Real

En el castillo donde se han hallado ocurrió el famoso regicidio de Pedro I a manos de su hermanastro Enrique

J.M.L. Ciudad Real

El castillo de la Estrella, en Montiel (Ciudad Real), no cesa de arrojar sorpresas para arqueólogos e historiadores. Si hace varias semanas se hacía público el descubrimiento en el interior de la fortaleza de la que fue la gran iglesia de la Orden de Santiago, el último hallazgo es un conjunto de unas 300 armas del siglo XIV que pertenecieron a los caballeros de esta orden y que se quedaron anticuadas con el paso de los años.

Esa es la hipótesis del arqueólogo David Gallego, codirector de las excavaciones. «Muchas eran piezas inservibles en el siglo XV y se fueron guardando en una habitación, en un espacio residual que ha aparecido y que debió de servir de almacén. Para nosotros es un referente arqueológico muy interesante pues es el eslabón entre el armamento de los siglos XII, XIII y XV». «En la excavación encontramos muchos fragmentos de hierro y bronce de armas defensivas y ofensivas e incluso piezas árabes procedentes de Granada», explica el codirector de estas excavaciones.

Armadura completa

Entre las piezas encontradas destacan fragmentos de dagas, espadas de una mano y cortas, puntas de flecha y numerosos fragmentos de cotas de malla. «Tenemos un peto completo frontal, tal vez el más completo encontrado en España, con pequeños remaches de bronce y restos de cuero adheridos en algunos que nos permiten estudiar muy bien cómo era el armamento», destaca David Gallego. Las piezas encontradas serán restauradas por la Consejería de Cultura de Castilla-La Mancha y después expuestas en el Museo Provincial de Ciudad Real y en el Centro de Interpretación de Montiel.

«Ni quito ni pongo rey»

La fortaleza en la que se han hallado estas armas tiene un origen árabe pero vivió su momento histórico más importante en marzo de 1369, durante la guerra civil que enfrentó al rey Pedro I y a su hermanastro Enrique de Trastámara. La lucha fue favorable a Enrique y el rey tuvo que refugiarse en el castillo. Una noche decidió escapar ayudado por un vasallo que había acordado su fuga con el mercenario francés Bertrand Du Guesclin. Sin embargo, éste lo condujo hasta una tienda donde se encontraba su hermanastro. Ambos lucharon y, en un momento de la pelea, el mercenario agarró al rey por la espalda para que Enrique lo atravesara con su espada. Fue entonces cuando Du Guesclin pronunció la famosa frase «Ni quito ni pongo rey pero ayudo a mi señor».

El rey fue decapitado y su cadáver expuesto en las almenas del castillo. Siglos más tarde sus restos acabaron en la Catedral de Sevilla. Aquel episodio fue el fin de los Borgoña en el reino de Castilla y el inicio de la dinastía de los Trastámara con quien pasaría a la historia como Enrique II.