Leonardo Padura, este martes, en el rectorado de la ULPGC. / cober

«Los documentos políticos más radicales que han circulado en Cuba son mis novelas»

El escritor Leonardo Padura participa esta semana en el curso 'Literatura desde las islas', en la 30ª Universidad de Verano de Maspalomas

Victoriano Suárez Álamo
VICTORIANO SUÁREZ ÁLAMO Las Palmas de Gran Canaria

«Para escribir no solo necesito vivir en Cuba, necesito a Cuba». Esta confesión de Leonardo Padura, el autor cubano en activo con mayor trascendencia internacional, no implica en su caso ni que baje la cabeza ante el régimen que marca el paso con mano de hierro en su país natal ni que evite hablar con un sentido crítico de la situación «complicada» por la que atraviesan sus compatriotas. El ganador del Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015 así lo hace en sus celebradas novelas y en público, como demostró este martes en Gran Canaria, donde participa en el curso 'Literatura desde las islas', en el marco de la 30ª edición de la Universidad de Verano de Maspalomas.

« Mis novelas son permanentemente censurables. No escapo de la censura, la busco», reconoce quien deja claro que «los documentos políticos más radicales que han circulado en Cuba son mis novelas. He tocado temas muy profundos y complejos de la sociedad cubana».

La dictadura cubana deja que escriba. Pero Leonardo Padura no escapa de los largos tentáculos que se extienden por toda la geografía del país. « Cuba es el único país de nuestra lengua en el que vas a una librería y no encuentras mis libros», apunta. Y es que sobre su figura existe una «política de no promoción, de invisibilización» de su trabajo.

«No soy un perseguido político, pero sí hay una política de no promoción, de invisibilización de mi trabajo»

«Hay problemas materiales que tienen que ver con la situación económica. Una novela puede estar esperando cuatro años por la escasez de papel. Las novelas circulan poco y mal, sin promoción alguna. No hay una feria del libro y la gente se entera de los libros de una forma alternativa», apunta. Explica que en una feria del libro celebrada hace años en su país sí que se presentó uno de sus volúmenes, pero solo en una versión en braille. «Dije que ya habíamos llegado a la perfección, porque estoy escribiendo para los ciegos», rememoró entre risas, tras lo que hizo una aclaración importante. «No soy un perseguido político. Trabajo y si soy invisible... soy invisible. La última novela que publiqué hace dos años en España con Tusquets, a finales de agosto como sucederá con la próxima, a comienzos de septiembre ya había ediciones piratas en pdf circulando por Cuba y la gente la leyó en computadoras o teléfonos. De una u otra manera, la gente tiene contacto con mi literatura. No es una manera natural», señala.

Cronista de Cuba

El autor de títulos como 'La novela de mi vida', 'El hombre que amaba a los perros' o 'Como polvo en el viento', entre otros, reconoce que tanto en las novelas policiales de la serie protagonizada por Mario Conde como en el resto lo que ha intentado es realizar «una especie de crónica de la vida cubana contemporánea», que tienen como complemento «una visión histórica» de su país y una vocación universal.

No solo la mejor sino la única forma de llevar a cabo ese papel de cronista, según Leonardo Padura, es seguir viviendo en su país, a pesar de disponer de la nacionalidad española que obtuvo por carta de naturaleza. « Soy un escritor cubano que siempre parto de Cuba y regreso a Cuba. La tecnología nos permite trabajar en cualquier parte del mundo», pero reconoce que él necesita estar rodeado de su entorno natural para captar la esencia que ansía plasmar en sus libros. « Necesito oír hablar a la gente en Cuba para escribir cómo hablan y plasmar sus desgracias y frustraciones. Para mí es un proceso que siempre está en marcha. Existe siempre la visión de que las cosas cambian poco en Cuba, porque la estructura sociopolítica es la misma desde hace mucho tiempo. Pero la sociedad cubana ha evolucionado, porque el mundo también ha evolucionado. Seguir los procesos de transformación de la sociedad es muy importante para mí. Y el mejor lugar para hacerlo es mi barrio de La Habana. Sigo siendo la misma persona que siempre he sido. Allí, a muchas personas ni les interesa si soy escritor o no lo saben. Es mi manera de estar en contacto con una relación cambiante y permanente. Vivo en la misma casa en la que nací. E n tres meses llevaré 67 años viviendo en la misma casa», explica sobre su residencia en el barrio de Mantilla.

La situación de su país

Cuando durante su encuentro con los medios de comunicación celebrado en la mañana de este martes en el rectorado de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) se le cuestiona sobre la situación por la que atraviesa su país, responde con la visión crítica que siempre le ha caracterizado. « La situación económicamente es muy tensa y socialmente muy complicada. A los efectos que podía traer la pandemia, ya que Cuba depende fundamentalmente del turismo, se suman otras deficiencias económicas que se arrastran desde hace años. Hay que añadirle que desde hace más de cuatro años hay una política muy agresiva de las administraciones americanas. Trump y Biden la han dejado correr y la llegada de cualquier remesa desde Estados Unidos se ha convertido en imposible. Eso es fundamental también para países como El Salvador o México, cuyo Producto Interior Bruto se alimenta en gran parte de esa remesa», explica.

De ahí que subraye que el día a día en su país natal esté marcado por «los problemas de energía y de suministro de combustibles». « Hay muchos apagones y se está creando una situación de desesperación. Son muchos años viviendo un periodo largo de crisis, donde hay momentos en los que parece que vamos a salir a la superficie y después volvemos a tocar fondo. Es todo muy complicado. El año pasado hubo unos juicios muy severos con los que se quiso dar un escarmiento. Creo que no había que llegar a esos extremos judiciales, con condenas tan altas que se dieron para algunas personas. Es mi opinión personal. El Gobierno tuvo la oportunidad de ser más humanista y productivo con esas condenas», dice sin ambages. «La gente carece de muchos productos y cada día es una lucha por la supervivencia», concluye.

El escritor cubano Leonardo Padura. / cober

Escribe a diario

Ante este crudo panorama, Leonardo Padura se aferra a su oficio y explica alguna de las claves sobre las que se erige su figura como escritor. « Mi estrategia literaria es trabajar todos los días. No soy el de más talento de mi generación, pero estoy convencido que soy el más trabajador. Escribir es poner una palabra detrás de otra, para exponer una idea y darles un sentido. Después hay que organizarlas de la forma en la que mejor suenen a mi oído. Es un proceso de artesanía, que hay que empezar palabra por palabra. Influye el ritmo, la cadencia que le vas dando, la intensidad y la decisión con los adjetivos. Un adjetivo puede salvar o matar un párrafo», defiende el autor de 'Paisaje de otoño' y 'Adiós, Hemingway'.

Tiene claro que el estilo solo se perfecciona «trabajando» y asumiendo que «la prisa y la literatura no tienen nada que ver». Apunta que lo percibe en algunos libros, de cuya lectura trasciende que han sido escrito en apenas «seis meses».

«Cuando escribo pongo mucho cuidado en el ritmo que van teniendo las frases y las oraciones. Incluso los párrafos, porque me gusta que acaben con expresiones ascendentes», algo que, aclara, desaparece con las traducciones. «Un lector de mi propia lengua lo va a ver y lo asimilará de la manera en la que yo me propuse ese acto creativo. Las traducciones son procesos que siempre alteran los libros. Son muy necesarias, porque ninguno habríamos leído la Biblia sin las traducciones, porque no sabemos arameo. Tampoco habríamos podido leer a Homero. Es un acto fundamental en el desarrollo de la cultura occidental, pero siempre lleva una mediación por medio», explica.

Conexión con Canarias

Reconoce que los vínculos canario-cubanos son evidentes y generan una conexión natural entre sus libros y los lectores. «Hay particularidades que son más intensas entre los canarios y los cubanos. También lo podría decir de los asturianos y gallegos, porque a principios del siglo XX la inmigración que llegó a Cuba vino en gran medida de allí. Junto con Puerto Rico son las identidades que más compartimos», asegura.

En la rueda de prensa celebrada en el rectorado estuvo acompañado por Jin Taira, vicerrector de Internacionalización, Movilidad y Proyección Internacional, y por Germán Santana, director de la Universidad de Verano de Maspalomas. El primero le preguntó sobre el futuro de la literatura. «Se predijo el fin de la novela y aquí sigue. También hace diez años se temía por la llegada del libro digital. La literatura y la novela mantienen sus condiciones según los tiempos que corren, pero la esencia es la misma, adaptada a la actualidad. Sería lamentable un futuro en el que la literatura no tuviera espacio, porque hay revelaciones, intervenciones y conocimientos de la realidad que solo se consiguen desde la literatura. Hay aspectos de la vida que solo se pueden explicar desde la literatura, porque llega al alma de las cosas desde otra forma», sentencia.

Leonardo Padura, Jin Taira y Germán Santana, en el rectorado de la ULPGC. / cober

'Personas decentes', de nuevo con Mario Conde, a finales de agosto

Leonardo Padura ha ejercido como periodista y por eso se adelanta a las previsibles preguntas de los medios sobre su próxima novela, de la que apenas da el título por indicación de los responsables de prensa de la editorial Tusquets.

«Se titula 'Personas decentes' y se publica a finales de agosto. Es una nueva entrega de la serie protagonizada por Mario Conde. No me dejan decir más hasta que empiece la promoción», apunta entre risas.

La editorial, en su página web sí que desvela algunos detalles más: «La Habana, 2016. Un acontecimiento histórico sacude Cuba: la visita de Barack Obama en lo que se ha llamado el «Deshielo cubano» —la primera visita oficial de un presidente estadounidense desde 1928—, acompañada de eventos como un concierto de los Rolling Stones y un desfile de Chanel, ponen patas arriba el ritmo de la isla. Por eso, cuando un exdirigente del Gobierno cubano aparece asesinado en su apartamento, la policía, desbordada por la visita presidencial, recurre a Mario Conde para que eche una mano en la investigación. Conde descubrirá que el muerto tenía muchos enemigos, pues en el pasado había ejercido de censor para que los artistas no se desviaran de las consignas de la Revolución, y que había sido un hombre déspota y cruel que había acabado con la carrera de muchos artistas que no habían querido plegarse a sus extorsiones. Cuando unos días después se encuentra un segundo cadáver asesinado con el mismo método, Conde deberá descubrir si las dos muertes están relacionadas y qué hay detrás de estos asesinatos». Y añade que «se suma una historia que escribe el protagonista, situada un siglo antes, cuando La Habana era la Niza del Caribe y se vivía pensando en el cambio inminente que produciría el cometa Halley».