Uno de los manuscritos históricos de los depósitos de la Casa de Colón, cuya conservación es uno de los objetivos de esta institución del Cabildo de Gran Canaria. / ÁNGEL MEDINA

El difícil arte de conservar bienes culturales frágiles en Canarias

Las altas temperaturas y los elevados índices de humedad son los peores enemigos para los fondos bibliográficos, como los de la Casa de Colón

ÁNGELA DI CARLO Las Palmas de Gran Canaria

El fantástico clima de Canarias, todo un atractivo para millones de turistas, se convierte en casi una tortura para la conservación de bienes de interés cultural frágiles, como los fondos bibliográficos que atesora la Casa de Colón. Los altos índices de humedad y las elevadas temperaturas de las islas durante buena parte del año son el caldo de cultivo perfecto para la proliferación de plagas, especialmente los hongos y las termitas. Y es que en el caso de algunos libros o manuscritos antiguos, todo el material es «fagocitable» y serían un banquete para estas plagas, por lo que los conservadores tienen que extremar las precauciones y realizan una labor ímproba.

Este centro americanista atesora en su biblioteca alrededor de 40.000 volúmenes de un alto interés, entre los que se incluyen 20.000 monografías y títulos de publicaciones periódicas del fondo Ballesteros, en el que destaca una relevante sección colombina de más de 500 títulos, y otros 8.000 del fondo Morales Padrón, adquiridos en 2004 al profesor americanista. El manuscrito más antiguo que guarda esta institución es de mediados del siglo XVII y corresponde al fondo Ballesteros.

A estos tesoros que ya albergaba la Casa de Colón, se le han unido hace pocos meses dos manuscritos históricos, 'Topografía de Gran Canaria', con la crónica del siglo XVII más completa de Fray José de Sosa, y 'Órdenes de Sanidad', hasta ahora desconocido, con información sobre la Junta de Sanidad de Gran Canaria desde 1788 a 1810 y uno de los pocos documentos que se conservan del antiguo Cabildo de la isla, incendiado en 1842.

Y el cuidado y conservación de todas estas joyas, en algunos casos únicas, requieren de un trato muy especial para que perduren para las siguientes generaciones. Los dos últimos manuscritos adquiridos, por ejemplo, se guardan en los depósitos del fondo antiguo de la Casa de Colón, al igual que todos aquellos libros y manuscritos de un alto valor histórico, porque este espacio permite un control más exhaustivo de las condiciones para su conversación, explica el conservador de la Casa de Colón, Ramón Gil.

Entre esos mimos que requieren estos bienes de interés cultural para mantener las plagas alejadas está el del control de la humedad, que no puede superar el 40 o 50 por ciento, y el de la temperatura, que debe oscilar entre los 18 y 20 grados centígrados, detalla el bibliotecario de la Casa de Colón, Miguel Ángel Ramos. Para crear ese microclima ideal es necesario la utilización a diario de deshumidificadores, que haya ventilación y que la luz no le dé de forma directa a los ejemplares que atesoran. Algo tan sencillo y cotidiano como limpiar con agua el suelo puede ser perjudicial para los libros, ya que cuando se evapora al secarse genera humedad.

Y también es fundamental que no se acumule polvo, por lo que se tienen que limpiar de forma periódica con materiales que no los deterioren, como plumeros de cerdas finas o una aspiradora de potencia regulable con succión controlada con diferentes boquillas de pelo natural, ya sea de de poni o de cabra, que son más suaves, o de cerdas más firmes como las caballo o de cerdo si el objeto lo permite.

Un gran enemigo

El polvo es uno de los enemigos porque puede traer esporas de hongo, que pueden proliferar en cuanto haya una mínima fluctuación de la temperatura o la humedad. «Vivir en Canarias es estupendo para las personas por el sol y el buen tiempo, pero para la madera, para el papel y para cualquier bien frágil de carácter orgánico es una tortura», agrega Gil.

A ello se suma algo también primordial, su conversación en estanterías metálicas porque las de madera se deforman con la humedad y terminan afectando a los libros, además de ser el lugar perfecto para la proliferación de plagas.

La peor parte de la conservación son siempre las materias orgánicas porque le afecta absolutamente todo: la luz, la humedad, los hongos y la temperatura, porque todos sus materiales son comestibles, ya sea la piel de la cubierta, la fibra de celulosa del papel o los cordones de los cosidos. «En los últimos manuscritos adquiridos todo es fagocitable y en el entorno en el que estamos tenemos problemas muy graves de conservación», resume Gil.

Por ese motivo, al menos una vez al año es necesario fumigar, especialmente durante el periodo de eclosión de las termitas, entre mayo y junio, ya que la Casa de Colón tiene ingentes cantidades de maderas en su emblemático edificio. Pero también son necesarias rondas periódicas para detectar si hay hongos, humedad en las paredes o filtraciones por capilaridad, todas ellas son alertas que dan pistas de que se puede avecinar un peligro. Y en esta labor también los servicios de limpieza colaboran si los detectan.

El conservador Ramón Gil y el bibliotecario Miguel Angel Ramos / c7

Dos nuevas 'incorporaciones' ya catalogadas y envueltas en Lampraseal

'Topografía de Gran Canaria' y 'Órdenes de Sanidad' están guardados en los depósitos de fondo antiguo de la Casa de Colón, celosamente envueltos en Lampraseal, un tejido inerte de polietileno que permite el trasvase de humedad hacia afuera, pero impide que se filtre hacia adentro. Este material, utilizado habitualmente para el embalaje de obras de arte, no tiene ninguna característica que pueda comunicarle al objeto que se envuelve y no es atacado por ninguna plaga, por lo que es ideal para su conservación.

Estos dos manuscritos ya han sido catalogados, lo que incluye una parte descriptiva, entre ellas, cómo se conserva, ya que en el caso de fondos antiguos se prioriza más la conservación que la consulta. La catalogación bibliográfica tiene unas características específicas, pero en general, la catalogación de bienes es su descripción más pormenorizada posible, que implica especificar cómo está hecho, con qué materiales, bajo qué premisas, con qué características, qué tamaño y qué imagen tiene. «Cuanto más profunda es su catalogación, mayor accesibilidad le ofreces a la gente y mayores referencias», asegura Gil.

Además, para conservarlo correctamente es necesario tener esa descripción pormenorizada de un bien, porque no se requieren las mismas condiciones para conservar un papel antiguo, con unas tintas específicas, que un cuadro pintado recientemente. Todo ello permite establecer las condiciones de humedad, de temperatura, de luz, de manipulación y de seguridad, que debe tener frente a agentes biológicos, robos o inundaciones, por ejemplo. «Nosotros somos custodios y un día no estaremos, y los que vengan detrás deberán encontrar un trabajo previo para que este objeto perdure en el tiempo», detalla Gil.

Tras la catalogación, el documento puede ser digitalizado con escáneres especiales, que pueden realizarse a través de convenios con las universidades u otras instituciones tras hacer un proyecto de digitalización.

Si un investigador quiere manipular el original siempre tendrá que hacerlo con guantes de algodón o de nitrilo.

La Casa de Colón, en el barrio capitalino de Vegueta, suele tener dos vías para realizar adquisiciones, aunque lo más habitual es que sean los propietarios quienes se dirijan al Cabildo de Gran Canaria para ofrecer un bien, ya sea en venta, una donación o un depósito por un tiempo determinado, también el centro museístico puede interesarse por una pieza en concreto y realizar una oferta.

Una comisión se reúne anualmente para estudiar todas las propuestas y valorar si son de interés para incrementar sus colecciones. La política de incremento de colecciones es fundamental en cualquier museo, explica la directora de la Casa de Colón, Elena Acosta, y estas se llevan a cabo con rigor y con una serie de criterios con el objetivo de que un bien de interés cultural pase de colecciones privadas a ser patrimonio público para su investigación, conservación y divulgación.

Estos bienes pueden ser libros, manuscritos, pinturas, esculturas, mapas, muebles, cerámicas o cualquier otra obra de arte. Y es que las colecciones que atesora este centro museístico son muy amplias y variadas, y al tener una vocación americanista, suele interesarse por bienes que exponen la relación entre Canarias y América, pero también de Canarias en general.