Loles León - Actriz

«Muchos derechos los hemos logrado juntos los hombres y mujeres en los 70»

Garantiza el éxito de audiencias y disfruta de sus 71 años trabajando en cine, televisión y en el teatro, donde ahora protagoniza, sacándole brillo a la vedette que siempre ha llevado por dentro y por fuera, el musical 'Una noche con ella'. Dispuesta a una larga gira. ¡Fiesta!

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Es Loles León gansa genial, barcelonesa de 71 años, estallido permanente, vedette y actriz valorada por cineastas de la categoría de Almodóvar, Vicente Aranda y Fernando Trueba, y «gallina de los huevos de oro» por sus aclamadas intervenciones cómicas en series de televisión, sirva de divertidísimo ejemplo su trabajo en 'La que se avecina' (Telecinco), y en comedias que arrasan en taquilla como 'Padre no hay más que uno 2', de Santiago Segura. Ya está en marcha la tercera entrega. Ahora ha vuelto al teatro musical, de la mano de Juan Luis Iborra, con 'Una noche con ella', un espectáculo musical escrito para ella con el que recorrerá todo el país ofreciendo diversión. Lo suyo es puro teatro. De inglés, ni idea.

– ¿Qué puede decirme del amor?

– ¡Uy, así de pronto! [Ríe] Que cuando caes en sus garras, éste va a hacer contigo lo que quiera. La cabeza la puedes controlar, pero el corazón es imposible de dominar; cuando se pone en marcha, te lleva a la deriva, como cantaba Bambino.

– ¿Sobre qué no tiene dudas?

– Sobre la misión que tengo yo en el mundo no tengo ninguna. Yo he venido a este mundo a complacer al público, a entretener y a dar felicidad. Y como eso me lo trabajo muy bien y con mucho cariño, la gente me agradece que le haga feliz y que le alegre un rato el día, que falta nos hace. No me olvido jamás de que yo trabajo para la gente, no para que me den premios, ni para pasar a la Historia, que ya ves tú lo que me importa eso a mí; yo es que no creo en la Vida Eterna, sino en que te mueres y punto y final.

– ¿Qué no es usted aunque lo parezca?

– Doy la impresión de que me voy a comer el mundo y no voy a dejar ni rastro de él, pero luego es que no puedo ver a nadie pasarlo ni un poquito mal.

– ¿A qué no está dispuesta?

– A dejar de lado el sentido del humor; ése viene conmigo a todos lados. En mi caso, el sentido del humor es lo que me hace muchas veces seguir adelante en este mundo. A mí no me regalan nada, cariño, a mí no me han regalado nunca nada de nada. Yo he trabajado sin parar toda mi vida. Y sigo.

– ¿Paciente?

– Intento serlo con la inexperiencia y con la inseguridad de los demás, porque es verdad que esa inexperiencia y esa inseguridad nos llevan a veces a hacer cosas que van en contra de nosotros mismos. Además, tengo muy claro que cuesta muchísimo madurar. De hecho, a mí me ha costado muchísimo madurar; incluso, reconozco que no estoy madura del todo. [Risas] Todavía hago cada cosa..., y me digo: 'Ay, ¿pero por qué me dejo llevar yo por aquí?'. ¡Pues porque no me entero mucho porque no estoy madura del todo! En la vida tenemos que tropezar, que levantarnos y que decir: '¡Ay, mira, esto ya no me va a pasar porque ya he aprendido la lección!'. Aunque bueno, eso es lo que tú te crees, que has aprendido la lección; ya, ya, ya veremos a ver qué pasa la próxima vez, cariño.

– ¿Y entonces qué?

– ¡Y yo qué sé, pues que es mejor que estemos despistados y que no tengamos memoria para las malas cosas!

– ¿Qué le gusta de las mujeres que habitan en las obras de García Lorca, autor al que le encanta recitar?

– La resistencia a los convencionalismos, el deseo de libertad...; siempre te pone una Bernarda [Alba] para reprimirte, pero siempre tienes también ahí a una Adela [la hija menor de Bernarda Alba] para negarse a ser oprimida, aunque en el caso de Adela lo lleve al extremo matándose. Son mujeres que se atreven a desafiar las normas establecidas, como le pasa a la novia de 'Bodas de sangre', que termina guiándose por los impulsos de su corazón, pase lo que pase. A mí me encantaría interpretarlas a todas, de la primera a la última.

– ¿Se ha sentido agobiada por la popularidad?

– No, a mí la popularidad no me agobia nada, pero nada en absoluto, todo lo contrario. Yo salgo del teatro y atiendo a toda esa gente correcta y educada que me está esperando para hacerse una foto o pedirme un autógrafo o decirme algo. Yo lo entiendo, porque a mí me ha pasado lo mismo cuando era jovencita y veía a mis ídolos. A mí me gusta hasta darle abrazos al público, aunque ahora me contengo porque no estamos en época de abrazos. Y, bueno, si estoy en un restaurante comiéndome un filete y me dicen que alguien quiere saludarme, ahí ya lo que hago es terminar primero de comérmelo para que no se me enfríe. Yo he perseguido un sueño y lo he hecho realidad, así es que lo disfruto y creo que es de tontos no compartirlo con el público, que en definitiva es a quien se lo debes todo.

«Me dan mucho pudor»

– ¿Cómo de especial se considera?

– A ver, yo una persona muy especial nunca me he considerado; a mí estas cosas de creerse una estrella y especial y maravillosa y tal me dan mucho pudor. No entra ni en mi corazón ni en mi cabeza eso de pensar que soy mejor que nadie, ni más importante, ni la reina de los mares. Ya le digo que lo mío es entretener, y con eso creo que ayudo a los demás y también me ayudo a mí misma a realizarme. Afortunadamente, he tenido una familia y unas parejas que nunca me han dejado salirme del tiesto, que tampoco es que yo lo haya intentando mucho porque soy realista. A ver, yo he conseguido ir a Hollywood, estar en lo más alto, vivir en persona los Oscar con Almodóvar, conocer a cantidad de gente muy importante [con Jeremy Irons a punto estuvo de vivir una noche loca]...; luego volví allí para otros cometidos y rodé algunas cosas, pero siempre lo vi como un trabajo más. Más lejos, pero uno más. Y, sobre todo, como no sé inglés, pues me decía, la verdad; '¡Ay, a ver si acabo esto pronto, que hay que estar aquí con señas todo el rato y parezco una india!'.

– ¿Ya de niña tenía este ímpetu suyo?

– Sí, sí. Era muy movida y muy porculera; yo es que siempre he sido muy movida, muy pesada, siempre he dado problemas. Mi madre me decía: '¡Anda, vete con tu padre y no me calientes más la cabeza!'. Siempre estaba dando el coñazo con una cosa u otra. Y, era, como decía mi madre [risas], lista para lo que me daba la gana, porque yo al colegio iba a entretener, más que a aprender. Yo era imitadora de todas las maestras, y en cuanto salían por la puerta me ponía a imitarlas y todas mis compañeras se morían de la risa.

– ¿Qué quiso hacer siempre?

– Viajar, conocer mundo, conocer gente. Yo vivía en la Barceloneta, pero antes de que arreglaran el puerto y llegaran los yates lujosos y todo eso, que llegaron cuando ya estaba yo en Madrid. ¡Y menos mal! Si de niña yo llego a tener esos yates cerca, me encuentran en alta mar de polizón.

– ¿A quién se quería parecer?

– A las modelos de entonces, como la Twiggy [Leslie Lawson] , que también era actriz y cantante. Me pintaba los ojos y me corté el pelo como ella, lo que pasa es que yo era bajita y gorda, y ella alta y delgada. Quería parecerme a las mejores modelos y soñaba con artistas nuestras como Marisol, Rocío Dúrcal, Sara Montiel, que me dijo un día que tenía unos pechos muy bonitos y muy bien puestos, que es verdad [risas].

– Y que la vida no es fácil, ¿cuándo lo aprendió?

– Desde bien pequeñita. Mi familia tenía una churrería y en mi casa había que trabajar duro, allí el ocio no existía. Yo desde muy pequeña he sabido que la vida hay que currársela, que tienes que esforzarte, y que tiene cara A, cara B y así hasta la Zeta. Con siete u ocho años ya estaba yo bien espabilada.

– ¿Y sus inicios como artista?

– Mis inicios fueron muy difíciles porque yo quería ser una actriz seria como Nuria Espert. Empecé con poemas de Miguel Hernández, y luego con el teatro independiente, que era muy duro...; luego ya la cosa fue más rodadita, pero los principios fueron bastante desangelados. Luego llegó el cabaret, y el music-hall, y la comedia musical, y como yo soy una 'sex symbol', a mi manera pero una 'sex symbol', al público le encantaba. Y gusto todavía [risas].

– ¿Se ha sentido Libre?

– Siempre he sido libre, y por eso he ido tenido conflictos, por defender mi libertad. A mí me han querido atar por todos lados, como a todo el mundo, pero siempre me he rebelado y he peleado por mi libertad y por mis ideas. Tiene su precio, pero a mí me gusta pagar. Yo he seguido siempre mi camino, sin importarme lo que opinaran las vecinas ni se les parecía bien o mal a los demás lo que hacía.

– ¿Qué le debe a Pedro Almodóvar, Vicente Aranda y Fernando Trueba?

– Almodóvar, Aranda y Trueba han sido unos pilares muy importantes en mi vida. Almodóvar me dio la oportunidad de entrar en el cine por la puerta grande, y a continuación Aranda y Trueba me dieron la de hacer papeles que yo deseaba hacer. Han sido siempre muy generosos conmigo. Aranda, incluso, me mandaba el guión y me decía: 'Léetelo y dime qué papel quieres'. Me daba a elegir. Y Trueba es otro ser humano maravilloso y un director que valora mucho lo que le dices.

– 'Aquí falta Loles León', escuche decir a una pareja en el cine viendo una de las últimas de Almodóvar.

– [Risas] Sí, sí, también yo digo mismo. Pero, mire, a mí todo lo que me den me parece maravilloso y lo agradezco. Y si llevo un tiempo sin hacer cine, pues me reinvento y no pasa nada. Yo también soy muy feliz con las series, y ahora me lo estoy pasando genial con el teatro. ¡Fíjese, haciendo cabaret y music-hall y de todo ahora que me he convertido, gracias a Santiago Segura, en la abuela más popular de España. A tope voy.

– Le dijo a Juan Luis Iborra que quitase palabras malsonantes del espectáculo, ¿por qué?

– Ya ve, a mí hay cosas que me siguen encantado hacer, que son una gozada y la alegría de la vida, pero que no me gusta nombrar así a lo bruto en público. Fina, que es una [risas].

«Como un regalo»

– ¿Y también nostálgica?

– No, no, no. Ahora que soy mayor no tengo ninguna nostalgia. Lo que hago es vivir como un regalo todo lo que me está pasando.

– Penélope Cruz y Javier Bardem, dos actores españoles nominados a los Oscar.

– ¡Me alegro tanto por ellos! Son dos actores estupendos y dos personas maravillosas. Tenemos que sentirnos todos muy orgullosos de ellos.

– Hay quienes los atacan sin piedad.

– No puedo con la envidia, ni con las bajezas. Atacar a Penélope y a Javier me parece algo tan bajuno y tan triste. Mejor ni prestarles atención.

– ¿Y los hombres?

–¿Qué les pasa ahora?

– De todo. ¿Cómo se lleva con ellos?

– ¿Yo ? Siempre me he llevado muy bien con ellos, ¿hay alguna cosa más entretenida para una mujer que un hombre? ¡No! Me río mucho con ellos, me gustan mucho y me van a seguir gustando. Y voy a decirles algo a todas estas a las que no les gustan los hombres. Muchos de los logros y de los derechos de los que disfrutan hoy todas estas jóvenes los hemos conseguido luchando juntos los hombres y las mujeres de los 60 y los 70; repito, los hombres y las mujeres juntos.