El escritor Santiago Gil, junto a la Biblioteca Pública del Estado, donde ha impartido un taller de literatura. / cober

Santiago Gil: «Nuestro deber en la vida consiste en regalar belleza»

El escritor grancanario logró alzarse, gracias a 'Mediodía eterno', con el Premio Internacional de novela Benito Pérez GaldósSantiago Gil Escritor y periodista

Victoriano Suárez Álamo
VICTORIANO SUÁREZ ÁLAMO LAS PALMAS DE GRAN CANARIA.

Sin ambages, Santiago Gil (Guía, 1967) reconoce que 'Mediodía eterno' es la novela de su vida. Tanto por haber dado luz y voz al pintor isleño José Jorge Oramas, que siempre le ha atraído, como por el momento vital en el que escribió este canto a la belleza, el arte y la esperanza.

–¿Qué le motivó a ponerle voz a Jorge Oramas en su novela?

–Es un personaje que me obsesionaba desde hace muchos años. Apenas se sabía nada de él. Me atraía por la vida que había llevado y por las pinturas que dejó. Recuerdo en Madrid ver un cuadro suyo en el Museo Reina Sofía. Una persona que muere tuberculoso y pobre en un hospital, al que no conocía nadie y que con el tiempo consigue entrar en el Reina Sofía, algo que creo que solo ha conseguido también Manolo Millares. No tuvo nada en vida. Le sentencia la muerte con 21 o 22 años, ya que sabía que no viviría más de tres años. Lo que hace ante esto es avanzar espiritualmente hacia la luz, hacia la belleza y además lo hace técnicamente. Hace un camino rápido que otros creadores coetáneos realizan en 8 o 10 años. Si ves su primer autorretrato y ves el último, dices: «¡Esto no puede ser!». En dos o tres años da un salto creativo que solo se entiende con lo que le dijo Andrés Neuman a Bolaños y que utilizo bastante en mis talleres: «Hay que vivir intensamente y escribir con el furor de un moribundo». Oramas pintó con el furor de un moribundo. Cuando intento escribir en casa, lo intento hacer así. Somos moribundos porque no sabemos ni de dónde venimos ni a dónde vamos. Oramas para mí es uno de los ejemplos vitales y artísticos a seguir para los que estamos en este planeta. También es importante ver cómo la ciudad termina imitando lo que él crea. Esos Riscos no eran como los que él pintó y que años después se recrearon. Lo mismo pasó con Felo Monzón.

LAS FRASESEJEMPLO«Oramas pintó con el furor de un moribundo, en casa yo mismo intento escribir así»EN 2018«Esta novela está llena de amor, escrita en mi mejor año, aunque cuenta una historia trágica»LA UNIÓN DE LAS PERSONAS«Hay que reivindicar en la vida y en la cultura que las cosas no nazcan desde las instituciones»REIVINDICACIÓN«La educación y la cultura generan belleza, cuando se carece de ambas reina la fealdad»

– 'Mediodía eterno' tiene detrás un largo proceso de investigación y documentación. ¿Es así?

–De su biografía no había prácticamente nada.

–Incluso habla en la novela de que está mal la fecha de su muerte.

–Sí. Mi fuente fue El Museo Canario. Allí tuve a alguien que desde el primer momento se implicó en la novela de una forma mágica, que fue Chiqui. De esta novela le fui pasando casi cada día las páginas que escribía. De hecho, viajamos a Londres. No sabía qué apellido ponerle al juego que hago en la novela con Cecilia y corriendo a primera hora de la mañana por el Guiniguada vi una calle que se llama Míster Blisse. Por curiosidad lo investigué y le puse su apellido. Vivo muy cerca del antiguo Hospital de San Martín. Paso por delante cuando voy a correr y veo las luces de los Riscos, las variaciones y la imagen que me llega es que Oramas estuvo ahí. Viví en Marzagán, impartí talleres en El Sabinal y por allí veía que el paisaje seguía igual al que él pintó. La poca documentación periodística fue la que cogí y también mi propia intuición, fruto de mi obsesión por él.

–Desde un punto de vista narrativo y de ficción, ¿que hubiera pocos datos biográficos fue un regalo?

–Me gusta escribir novelas lo más ancladas a la realidad. Por eso utilizo tanto personajes reales. El primero soy yo. Pero inmediatamente los convierto en personajes de ficción. ¿Por qué? Porque cuando un personaje te atrae la única forma de conocerlo es a través de la mentira. Crear una gran mentira para llegar a la verdad. La verdad de las mentiras, de las que hablaba García Márquez. Cada día reivindico más la novela como género para entendernos. Para comprender el mundo que estamos viviendo. O lo contamos como una ficción, que es lo que parece, o nos extraviamos por completo. Nos equivocamos si tratamos de entenderlo. No se entiende. Solo lo comprenderemos si lo contamos como si fuéramos otros y lo leemos. En el caso de Oramas, es donde más estoy. Me pasó con Saint-Saëns, con Galdós y con Nieves Rivero. Aquello de Madame Bovary soy yo. Oramas soy yo. ¡Qué hubiera sentido y vivido yo si hubiese sido Oramas! Con 24 años yo no sabía poner un punto y coma. Comencé a escribir medianamente decente a los 40 años. Oramas dejó unos 40 cuadros con una intensidad y fuerza creativa tremenda. Lo menos que podemos hacer los que muchos años después estamos aquí es honrar su memoria e inventándonos vidas a través de sus cuadros. Es lo que ha hecho César Ubierna con los cuadros de Antonio Padrón, invitándonos a crear historias. Cada día ponía un cuadro de Oramas delante de la mesa. Estaba con la historia que narraba pero si te das cuentas, en la novela ficciono a partir de sus cuadros. Luego es un novela que escribes, como me pasó con la de Galdós, y la dejas reposar. No sé si seré capaz de escribir algo parecido a esto en mi vida. Esta novela está llena de amor, aunque cuente una historia trágica.

–¿Se puede entender como una novela de amor a la vida y al arte?

–Sí. Yo vivía el año más feliz de mi vida cuando la escribí y me premió con la novela que no sé si podré volver a escribir. Si de mis libros tengo que dejar uno como legado es esta novela y 'Té matcha'. La escribí de enero a septiembre de 2018, el año más bello de mi vida y está en esta novela. En una situación vital complicada no puedes como escritor enfrentarte a una historia así, porque te hundes. Lo puedes hacer desde la luz. Yo estaba con mucha euforia, muy enamorado. La novela volaba día a día. Cuando la fui a repasar, me pregunté que cómo subí para buscarla y cómo he bajado. ¿De dónde salió? ¿Cómo nació Cecilia Blisse? ¿Esos paseos por el campo y las reflexiones de Oramas? El dolor ennobleció a Oramas y nos regaló a los que vinimos después la belleza. Nuestro deber en la vida es regalar belleza, a nosotros mismos y a los que vengan detrás.

–La novela, además, ofrece un retrato social y de una época, a la vez que reivindica el papel de la Escuela Luján Pérez, quizás minusvalorado en la actualidad...

–Se habla más de San Agustín y menos de Luján Pérez. Cambian por completo todo. No se podría entender el arte en Gran Canaria sin la Escuela Luján Pérez durante los últimos 60 años. De allí salen todos. Con diferentes caminos. Fue algo que nació de la sociedad y no de las instituciones públicas, como El Museo Canario. Hay que reivindicar de nuevo que la vida y la cultura, en todos los sentidos, debe nacer no desde las instituciones sino desde las personas y la unión de estas personas. No con una voluntad de cambiar, porque yo no creo en los grandes cambios. En el periodismo, por ejemplo, se está produciendo la caída de grandes medios, pero a corto o medio plazo harán falta periódicos pequeños, de lugares pequeños. Eso solo se conseguirá con la unión, la fuerza y el compromiso de los de ahora. El mismo que tuvo una serie de personas en el siglo XIX y comienzos del XX para transformar la sociedad del archipiélago. No seríamos los mismos sin ellos. Oramas era un aprendiz de barbero cuyo talento se despertó gracias a la Escuela Luján Pérez. Sin educación y formación no hay cultura, lo tengo claro. Yo soy un niño de pueblo que salía corriendo si le ponías música de Bach en primero de BUP. Llegué a disfrutar de esa música o de un cuadro de Rembrandt porque tuve educación y formación. Eso me llevó después a la cultura y la cultura a ser escritor.

–Se genera la sensibilidad.

–Sí. Ese proceso se está perdiendo al cortar la educación. Impartiendo cultura, desde la Escuela Luján Pérez se generó un movimiento cultural que después se fue retroalimentando. Ahora mismo, la gran caída que tenemos es cultural. Oramas es un ejemplo de que alguien puede llegar con 17 años a un lugar donde fluya la cultura. Yo imparto talleres de literatura y a poco que comienzas a recomendar lecturas, ves que se genera algo. Se crea inquietud cultural y lectora. Sin la Luján Pérez, Oramas no hubiese existido. Ni Felo Monzón, ni Manolo Millares ni seguramente muchos otros. Pero con Oramas, seguro. La educación y la cultura generan belleza. La carencia de ambas genera fealdad, una sociedad rancia que no vale la pena ni habitar. Por eso entiendo que la novela es una reivindicación de todo eso y de la vida.

–La actual pandemia por la covid-19 hace todo eso más vigente y la propia vida de Oramas.

–Intuyo que en la determinación del jurado pudo influir. Alguien que está confinado, encerrado, y que desde esa realidad generó obra y belleza.

–¿El confinamiento del pasado año generó mucha creatividad?

–Nos pedían a todos que generásemos algo. Pero yo me quedo sobre todo con el ejemplo vital que nos dejó Oramas. Muchos se preguntan qué habría sido de él si hubiera vivido 40 años más. Nunca lo sabremos. Vivió lo que vivió, pero lo hizo intensamente. No se lamentó públicamente y dejó toda la belleza que pudo. Es una figura a tener muy en cuenta cuando nos vamos a quejar de algo.