Momento en el que Marcos Uzal recibe el Premio Honorífico de esta 12ª edición de la Muestra de Cine de Lanzarote, una botella de vino de El Grifo de la Vendimia de Invierno. / BRUTO ESTUDIO

«Tener un cine fuerte en un país depende de la voluntad política»

La Muestra de Cine de Lanzarote ha concedido su Premio Honorífico a la mítica revista francesa.

Victoriano Suárez Álamo
VICTORIANO SUÁREZ ÁLAMO Las Palmas de Gran Canaria

El director de la legendaria revista 'Cahiers du cinéma' habla sobre el peso que tiene hoy la crítica cinematográfica, del nuevo sello que intenta introducir en esta publicación y sobre la producción y exhibición cinematográfica contemporánea, con motivo de su visita a la Muestra lanzaroteña.

- ¿Qué significa para su revista recibir el Premio de Honor de la Muestra de Cine de Lanzarote?

-Es un gran honor, la verdad es que se dan pocos premios a la crítica y menos a revistas de cine. Entonces, que los organizadores de la Muestra hayan considerado como Premio Honorífico a 'Cahiers..', que hayan considerado que se merece un premio por su contribución al cine, es un honor. Es también un reconocimiento a nuestro trabajo y a la función de la crítica. La verdad es que hoy día, la crítica, no está muy bien considerada. Para nosotros es un

«Está en peligro un cine de autor con una producción clásica, con presupuesto»

elemento que también participa en la creación y la historia del cine, en la vida del cine en general. Esto en el presente, no es visto así. 'Cahiers...' representa esa historia del cine, fue la cuna de muchos directores de cine y del movimiento de la 'nouvelle vague'. Eso es importantísimo, al igual que 'Cahiers...' siga vivo y continúe actualmente con su trabajo. Por eso, nos emociona que nos den este premio.

-¿Tenía conocimiento de esta Muestra antes de que le comunicaran que les otorgaban este premio?

-Sí que sabía que se desarrollaba aquí. Había oído hablar de la Muestra, pero no la conocía en profundidad. Es la primera vez que voy a estar en Lanzarote y para Lanzarote, su Muestra debe ser una fiesta porque permite ver otro cine, películas diferentes que de otra forma sería imposible traer. Es un fenómeno a celebrar que aquí esté la programación de la Muestra. Siempre es muy interesante ir a ver las películas a los festivales y ya no sólo por las películas sino porque un festival es todo un entorno, un público, por la gente que programa, la gente que lo piensa, y siempre es muy interesante encontrarnos con esa gente. Estoy impaciente de conocer todo lo que rodea a la Muestra de Cine de Lanzarote.

-¿Comparte la idea de que la crítica cinematográfica, al igual que la exhibición de cine en salas, atraviesa en la actualidad un momento de decadencia social, sobre todo entre las nuevas generaciones?

-Yo creo que sí, aunque hay que tener cuidado con las generalidades, porque los jóvenes cinéfilos nunca han sido la mayoría de los espectadores. Aún así, hace poco fui al festival de Mar de Plata, en Argentina, y me sorprendió ver la cantidad de gente joven que había. La mayoría era público muy joven. Siempre hay una curiosidad por el cine de manera general y no se ha perdido la idea de que en la sala se ve el cine diferente que en la televisión o en el móvil. Después de la pandemia, hay un público joven, que se consideraba perdido, que ha vuelto. Sí es cierto que para ver algún 'Blockbuster', pero sí que ha vuelto a la sala. El cine es un placer común, no es algo solitario, se comparte, la sala es un lugar particular y hay que tener fe en que la juventud lo comprenda. Ver el cine en la sala no es lo mismo que en el móvil. Pero claro, es cierto que se han multiplicado las formas de ver películas y la sala tiene que compartir con otros medios y esto es una cuestión difícil de abordar. En Francia, se pensaba que la gente iba a salir harta de las plataformas tras la pandemia. Pero no fue el caso, nos dimos cuenta de que no. Si bien, una parte del público sí que se ha quedado algo cansada de estar viendo las películas en pantallas pequeñas y les ha hecho salir para volver a ver el cine en grande. Desde hace un tiempo, en Francia han mejorado los datos de asistencia a las salas y quizás es el comienzo del fin de la crisis de las salas, que igualmente van a tener que aprender a convivir con las plataformas.

-¿No considera que parte de la crítica cinematográfica 'más sesuda' se ha auto-aislado de forma intencionada del resto de la sociedad para focalizarse en un territorio endogámico, determinado y dominado por los propios críticos, los programadores de festivales y los profesores universitarios?

-Es una pregunta muy interesante porque es una de las cosas que he querido cambiar al llegar a Cahiers. Nosotros ahora tenemos un Cineclub, que hemos recuperado, y hacemos programaciones de películas en el Centro Pompidou, para llegar a más gente. Y si nos piden entrevistas en radios o cualquier otro medio, aceptamos para no estar encerrados en nuestra torre de marfil. Queremos encontrarnos con el público porque creo que el fenómeno del que me preguntas existe y creo que hay que salir de eso. No para perderse ni hacer concesiones, sino para contar en qué creemos, explicar qué queremos defender. Esto no se puede quedar en un grupo elitista, porque lo que hacemos se puede compartir con mucha gente. En este sentido mi etapa es totalmente aperturista, sin prejuicios.

'Cahiers du Cinèma' fue una de las protagonistas de la inauguración del pasado jueves, en Puerto Naos. / Bruto Estudio

-¿En 'Cahiers du Cinèma' han realizado algún estudio o tienen claro el perfil medio de los lectores actuales?

-Es muy difícil definir esto. Son perfiles muy diferentes. Lo que sabemos es que en Francia hay mucha gente que nos lee en París. Es un país muy centralizado y quien quiera hacer cine tiene que ir a París, por eso están allí muy localizados los lectores. Como es una revista antigua, hay lectores que la leen desde que son muy jóvenes y ahora son mayores. Entonces hay perfiles muy diferentes que leen la revista. Son cinéfilos en su mayoría, pero no hay un perfil muy claro porque la historia de la revista hace que haya gente muy distinta. Incluso hay personas que van y vienen.

-¿Qué queda del espíritu con el que nació la revista, que le hizo convertirse en un referente mundial y en un pilar de la transformación cinematográfica de mediados del pasado siglo?

-Muchas cosas. Nos interesa estar conectados a la manera en cómo el cine evoluciona. En este sentido no somos una revista nostálgica, nos interesa el presente, con una gran conciencia de la historia del pasado, pero nos interesa el presente, cómo evoluciona el cine. Por eso estamos muy vivos porque vamos cambiando con el mundo y quizás por eso han cambiado muchos los redactores jefe, ha habido diferentes generaciones de críticos, siempre ha habido mucho movimiento en la revista. Ha habido cineastas de la 'nouvelle vague' en la redacción o críticos que luego fueron ellos mismos cineastas, esa voluntad de hacer una revista de espíritu joven y atenta al presente sigue con nosotros. Aunque el mundo y el cine hoy es muy diferente al que hace 70 años, cuando se creó la revista, el espíritu profundo es el mismo.

-La defensa de la autoría y el cine de autor están muy ligadas a 'Cahiers du Cinéma'. ¿Están en peligro por la uniformidad que intentan imponer las plataformas digitales de exhibición y las televisiones?

-Lo que está en peligro es un cine de autor pero con una producción clásica, con presupuesto, con actores, que no es un cine de guerrilla, es de autor pero producido con autores reconocidos. El cine siempre ha funcionado porque había películas más pequeñas y menos vistas pero que tenían influencia porque eran el principio de algo que se iba a ampliar. Entonces, el gran enemigo sí que es la uniformización, y es verdad que las plataformas, en lo que producen, se ha perdido algo que 'Cahiers' siempre defiende que es la noción del autor, una película buena es una película detrás de la cuál hay un autor, una mirada, una personalidad. Es extraño como Netflix tiene contratados a directores conocidos pero los resultados no son películas importantes, se siente como que no han sido tan libres como si fuera una producción clásica. Es una manera de uniformizarlos. Como he dicho, Netflix utiliza a autores más por su nombre que para producir un cine de autor. Y esto depende también de que exista una contra-industria, una economía que permita que existan productores más pequeños, más atrevidos. Aunque yo creo que siempre habrá un cine un poco salvaje, siempre existirá gente que quiera hacer películas y producirlas libremente. Y sí, es cierto que la uniformización es el gran enemigo. Lo interesante es que la narración evolucione a que haya cosas diferentes, a que no haya modas. Hay un gran riesgo y no viene solo de las plataformas, sino también de la industria del cine, qué se produce, qué tipo de películas. El cine ha funcionado siempre porque ha habido productores que han hecho películas innovadoras, jóvenes directores que aportaban cosas nuevas, incluido el riesgo que conlleva. Por conciencia de que el cine es un arte que tiene que evolucionar, inventar cosas nuevas. Pero claro, el cine es también una industria. Hay muchos debates en Francia sobre el Centro Nacional del Cine porque hay una parte de la profesión que está pensando en eso ahora, cómo puede resistir el cine de autor económicamente. En ese debate es donde está el discurso de parte de la industria, que van casi contra la existencia de las pequeñas películas que nadie va a ver. Algo que no se entiende muy bien, por qué molestan si son pequeñas y nadie va a verlas. De ahí suelen salir las tendencias interesantes. El trabajo de una revista como 'Cahiers' es buscar una mirada propia, aunque sea en una gran producción o en el mismo Hollywood, donde todavía hay miradas, personalidades en producciones de la industria.

-¿Percibe cierto academicismo y 'tics' repetitivos entre el cine que se autodenomina de vanguardia o de autor para acceder a los circuitos de los festivales?

-Cada estética, hasta la más vanguardista, crea rápidamente sus propios academicismos. Es decir, si un cineasta inventa algo o mete una novedad en una película , esto hay quien lo imita. Esos imitadores lo hacen de forma superficial y esto es lo que se vuelve un 'tic'. Y lo vemos ciertamente no solamente en los festivales. En Francia, se habla de manera peyorativa de «películas de festivales», películas que representan una cierta idea del buen gusto en un momento determinado y lo que es una imitación de algo que ya hemos visto. En este sentido, sobre todo los críticos, debemos ir con cuidado, no debemos dejar que nos impresione o sobrevalorar una obra que presenta estas características, que parece algo nuevo y de vanguardia, porque a veces va ser sólo una imitación de algo que ya se ha visto. Entonces, sí que las cosas más novedosas o vanguardistas no tardan en crear sus propios academicismos.

-Tras el fallecimiento Jean-Luc Godard, ¿qué nos queda a parte de su cine y sus reflexiones sobre este arte?

-Esta también es muy difícil de responder. Aunque su cine ya es mucho, quizás, hay un fenómeno trágico con Godard, que lo decía él mismo, porque se le conoce más como persona, como figura, que su cine y sus películas. Cuando murió, en Francia la gente hablaba más del personaje, muy poco de su cine, tan sólo se hacía referencia a un par de películas o tres de los 60. Espero que ahora se pueda ver su cine verdaderamente y se vea más allá del personaje. Él hizo muchísimas películas y merecen que se vean detenidamente y caigan todos los clichés que hay sobre él y la polémica que ha rodeado, en momentos, a su figura. Además, es una oportunidad para que llegue a más público. Además, Godard pensó el cine. Una de sus grandes aportaciones es hacernos ver que el cine pertenece a la historia de la humanidad, del pensamiento y en su última etapa tenía una ambición de creer en el cine como algo que puede participar en la historia del mundo. Es una manera de llevar el cine a lo más alto. Es hacer cine con una visión muy elevada y eso pocos lo pueden llevar a cabo.

-¿Qué considera que debe aprender e importar España del sistema de producción y defensa del cine nacional francés?

-En un principio, el sistema español de ayudas está inspirado en lo que se hizo en Francia en los 80, que fue un sistema muy innovador. Aunque ahora no sé cuál es su estado. Y fíjate, ahora en Francia hay una auténtica inquietud porque no se sabe cómo va a evolucionar el Centro Nacional del Cine. Ha habido anuncios e informaciones inquietantes, porque parece que pretenden ayudar más a la industria que al cine de autor. Es decir, están planteando que Francia sea una potencia en cuanto a industria del cine, por ejemplo para rodar películas extranjeras, construir estudios de cine, etcétera... Algo que se aleja de las necesidades de los cineastas. El peligro es que este centro, que tanto ha protegido y ayudado al cine de autor, se incline ahora por la gran industria en el sentido en el que te he comentado. Para un país es muy importante que haya una voluntad política de ayudar al cine como arte y creación. El ejemplo contrario es Italia. Fue un gran país de cine pero se paró en los 80 y 90 porque no había política de ayuda al cine y el cine de autor italiano desapareció durante décadas. Y eso que fue una potencia en los 60 y 70. Tener un cine fuerte depende de la voluntad política, si no, el cine del país puede entrar en crisis. En Francia siempre ha habido una política de ayuda al cine, que ha evolucionado con el tiempo, y por eso no hemos tenido nunca una súper crisis que arrasara el sector, no ha habido épocas en las que no se produjese nada, siempre ha habido una producción de cine muy grande en Francia. Esto hay que protegerlo. Hay que proteger, salvar y reconstruir las políticas de ayudas nacionales a la producción de cine.

- Aunque su revista tiene un cariz muy distinto al del semanario 'Charlie Hebdo', el atentado contra la sede de esa publicación llevó a replantearse cuestiones editoriales en el seno de 'Cahiers...' a la hora de abordar producciones o cinematografías de países islámicos?

-Yo creo que no, si bien, yo no estaba en 'Cahiers' cuando sucedieron los atentados. 'Cahiers' reaccionó con una portada dibujada por un dibujante de 'Charlie Hebdo', con un fuerte editorial porque fue algo horrible, pero nunca nos hemos planteado el dejar fuera estas producciones. Nosotros no hemos corrido tanto riesgos como ellos. No hemos llegado a plantearnos esta cuestión. Ahora mismo no te podría decir películas que tengan ese tipo de riesgos. De momento, hablar de cine no es tan arriesgado, da igual su nacionalidad o religión.

- ¿Tiene futuro la exhibición de cine en salas comerciales o más tarde que pronto quedará reducida a los museos y salas pequeñas y solo en las grandes ciudades?

-En Francia hay pueblos muy pequeños donde hay cines muy vivos. Lo han conseguido porque el cine tiene vida en sí mismo. La programación, lo que se hace alrededor de las películas, invitar a gente, hacer que sea un lugar vivo en el que compartir cosas y encontrar gente. Y eso hace que se cree un público verdadero, fiel a la sala. La vida misma de las salas en sitios aislados o pueblos más pequeños es esencial, que la sala no proponga solo películas, sino que den ganas de ir para oír gente hablar de las películas, hablar con otras personas, etcétera. Que el cine sea un transporte colectivo, ver las películas con más personas, poder hablar, encontrarse con invitados que representan a la película, todo lo que hace la vida de una sala y que no puedes encontrar en otros lugares. Y eso es lo que hace que haya salas, en sitios muy pequeños, con un público muy fiel. Eso es la solución. Por lo que he visto de la Muestra, el objetivo es este, lo que he comentado de fomentar que haya conexión entre las personas que van a ver las películas, los directores y la propia isla. En Lanzarote, gracias a la Muestra, seguro que el cine va más allá de lo que es el evento en sí, seguro que la gente vuelve a tener ganas de ir al cine.

- ¿Cuál ha sido su camino hasta alcanzar la dirección de la revista? ¿El cargo le permite seguir viendo y analizando cine?

-He trabajado con niños y adolescentes en la cinemateca, he tenido mucha suerte porque desde joven he trabajado en cosas ligadas al cine y también he podido escribir en revistas. En general siempre he trabajado en cosas de cine, al principio en ámbitos relacionados con la educación con niños y adolescentes, como haciendo talleres de cine y cosas parecidas. Aunque todo cambió cuando me pidieron ser crítico en 'Liberation', un medio en Francia con una gran tradición en la crítica. Estuve allí dos años. Cuando buscaban redactor jefe en 'Cahiers', me llamaron y en gran parte fue por haber sido crítico en 'Liberation'. La verdad es que voy a muchos festivales, veo muchas películas, la verdad es que no tengo tanta carga ni de administración ni de representación 'mundana' como redactor jefe. Veo películas, escribo, leo muchos textos, esto es esencial para mi trabajo.