La escritora Mayte Uceda, ayer, con un ejemplar de su nueva novela, en la capital grancanaria. / COBER SERVICIOS AUDIOVISUALES

«Cuando aterricé en Gran Canaria tenía la imagen de la ciudad de 1918»

La asturiana narra el bloqueo que sufrió Canarias durante la Primera Guerra Mundial y el naufragio del transatlántico Valbanera Mayte Uceda. Novelista que acaba de publicar 'El guardián de la marea' (Planeta)

ANDREA MENDOZA TRUJILLO Las Palmas de Gran Canaria

Natural de Asturias, Mayte Uceda acaba de publicar en Planeta su primera novela de corte histórico, 'El guardián de la marea'. A través de una historia de amor la autora refleja dos hechos olvidados: el bloqueo que vivió Canarias durante la Primera Guerra Mundial y el naufragio del transatlántico Valbanera, el mayor siniestro naval español en tiempos de paz.

-Ha estado tres años trabajando en este proyecto. ¿Cómo ha sido su viaje por la primera mitad del siglo XX?

-Ha sido una labor bastante extenuante porque desconocía por completo la época, no soy historiadora. Necesité meses para situarme en ese contexto histórico, incluido un viaje a la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. Tenía hasta el plano de la ciudad de la época. Cuando aterricé llevaba la imagen de la ciudad de 1918; el puente de Verdugo, el puente de Palo, los burros... Caminaba por Triana y solo podía ver el tranvía porque tenía las imágenes de las tartanas con el huacale en dirección al Puerto. Fue impactante, como si fuera una viajera en el tiempo.

LA FRASEPANDEMIA«Leía la parte de la gripe española y hacía un paralelismo total con lo que estaba sucediendo»

-¿Cómo se sumergió en la ciudad?

El viaje que hice en 2017 fue vital para ubicar el contexto. Me di cuenta de que sin mirar la prensa iba a tener muy complicado retratar esa época. Pasé ocho días en la isla en los que iba al Museo Canario a leer los periódicos. Fue una experiencia increíble y suficiente para hacerme bien a la idea, sobre todo de 1918 y 1919, que es el periodo en el que transcurre la novela en la isla. Aunque también hay otros escenarios como La Habana y las ciudades alemanas de Hamburgo y Kiel. Pero en esos años transcurre todo, la gripe española por ejemplo. Hay que recordar que las islas estaban a salvo de la epidemia porque apenas llegaban barcos a los puertos por la guerra. Los contagios empezaron cuando los buques comenzaron a volver.

- ¿Cuándo escuchó hablar por primera vez del Valbanera?

-En el verano de 2016 cuando coincidió que se celebraban los 100 años del hundimiento del transatlántico Príncipe de Asturias, que pertenecía a la misma compañía Naviera Pinillos. A raíz de escucharlo en la radio y buscar más información descubrí que fue el mayor siniestro de la navegación comercial española, en el que murieron 488 personas. A través del barco contacté con Fernando García Echegoyen que es quien más años ha estado investigando el naufragio. En ese momento pensé que quería hacer una novela en la que los personajes viajaran en ese último trayecto que hizo el Valbanera.

-Nunca había escrito una novela con trasfondo histórico. ¿Era un reto pendiente?

-No, nunca había pensado escribir una novela histórica. Simplemente son las historias las que se te cruzan por el camino. Fueron tres años entre que la escribí; los primeros meses fueron de documentación porque quería tener el contexto bien asimilado antes de sentarme a escribir.

-Menciona aspectos muy específicos de la gastronomía y la bebida canaria...

-Sí, son cosas que uno va encontrando cuando va leyendo, te vas enterando y quieres que la novela cuente con esos localismos.

-¿En qué se asemejan las preocupaciones a las de ahora?

-Soy de la opinión de que las preocupaciones son las mismas por muchos años que pasen. Nuestras preocupaciones ya eran las mismas hace dos mil años; el amor, la familia, la esperanza, la pertenencia al grupo... Esos son los motores que mueven a las sociedades. Estamos hablando de hace 100 años, tenemos el concepto de que hace 100 años es mucho tiempo y no es nada. Los deseos y los sueños de aquellas personas eran los mismos. Bueno, hoy tenemos unos sueños que van un poco más allá, no solamente queremos subsistir. Pero al final los sueños son los mismos. La amistad es un tema que se trata mucho en la novela; hay una gran amistad entre la protagonista Marcela y una niña del hospicio que se forja en la infancia y dura toda la vida.

-¿Hay algo de usted en el personaje de Marcela?

-Todos los autores nos dejamos algo en cada personaje, incluso hasta en los malvados, porque tienes que rebuscar muy dentro de ti. Todos mis personajes, sobre todo las protagonistas femeninas, tienen algo de mi.

-El insigne Pérez Galdós vivió su infancia junto a la calle Mayor de Triana. ¿Cree que hay algún rastro de su obra en 'El guardián de la marea' cuando describe el contexto de penurias y desconsuelo?

-Ese fue un rasgo muy típico de los autores de esa generación porque veníamos de la pérdidas de las últimas colonias en América. Leí a Galdós por ser canario y porque escribía en esa época, pero no lo relacionaría. Mi novela quizás tenga más de Alonso Quesada, que prácticamente me leí toda su obra porque era un muy buen retratista de la realidad de la época. El libro que tengo es 'Crónica de la ciudad y de la noche'.

-Su novela tuvo que ser recortada por su extensión. ¿Es definitivo podar un texto?

-A veces menos es más. La novela tal como se la entregué al editor era muy extensa, recorté una cuarta parte. Se recortó algún personaje, alguna subtrama, salió reforzada en agilidad.

-Apunta las ideas en cualquier parte. ¿Cómo se ha organizado esta vez?

-Sí, es verdad que soy un poco caótica y cambio cosas. Por ejemplo, cuando ya tenía bastante avanzada la novela decidí incluir el personaje de Herminia, que luego fue vital. Vi que necesitaba un personaje con mucho carisma. Leí mucho que era una sociedad muy supersticiosa, no solamente en Gran Canaria. Fue una época muy religiosa en la que también existía este tipo de personajes que no encajaban, bien porque tenían una historia detrás que no se admitía o bien por decisión propia.

-Después de publicar 'El guardián de la marea' no es la misma. ¿Qué ha aprendido sobre el ser humano?

-Es curioso porque terminé la novela en 2019, a un año de que llegara la pandemia. Esta afectó a la publicación, así que tuve todo ese tiempo para mejorar la novela. Leía la parte de la gripe española y hacía un paralelismo total con lo que estaba sucediendo. Se nos han muerto muchísimas personas. Te das cuenta de que hay determinadas enfermedades en las que la ciencia parece que todavía no ha llegado a desarrollarse lo suficiente. La lección que me llevo es que nuestros antepasados tenían las mismas ganas de vivir que nosotros. Incluso tenían una resistencia que nosotros pensamos que no tenemos pero también tenemos.

-¿Se ve con ganas de meterse en otro proyecto de corte histórico?

-Si, hace dos años que terminé esta novela así que ya estoy con otra. Aprendí y me documenté tanto que descubrí cosas que me pueden dar para varias. Ahora estoy trabajando en otra novela que transcurre más o menos en la misma época y que también tiene algo de Cuba.