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Salman Rushdie, atacado en Nueva York, está conectado a un respirador y podría perder un ojo

Un hombre con una túnica negra subió al escenario de un acto literario y acuchilló en el cuello al escritor. La policía lo ha identificado como Hadi Matar, de 24 años, al que la prensa ultraconservadora de Irán aplaude: «Bravo por este hombre valiente»

MERCEDES GALLEGO Nueva York

No hay paz para los 'infieles' porque los fanáticos nunca descansan. A sus 75 años, la fatua que lanzó en 1989 el Ayatolá Jomeini alcanzó ayer a Salman Rushdie en la apacible y remota localidad neoyorquina de Erie, a casi 600 kilómetros de la Gran Manzana, donde se afincaba desde el año 2000, salvo el tiempo que pasó en Atlanta (Georgia). Hadi Matar, un residente de New Jersey de 24 años, vestido con una túnica negra se abalanzó sobre él en el escenario, cuchillo en mano, nada más verlo salir y fue directamente al cuello, donde le asestó varias puñaladas.

Según explicó su agente, en la madrugada española, el escritor «podría perder un ojo». Tras ser operado, Rushdie «no puede hablar» y se encuentra conectado a un respirador. «Su hígado, que también fue alcanzado por las puñaladas, ha sufrido daños. Así como un nervio de su brazo», señaló Andrew Wylie. «Las noticias no son buenas».

La prensa vinculada al estamento clerical iraní aplaude el intento de asesinato de Rushdie. El principal diario ultraconservador iraní, Kayhan, ha felicitadoa Matar. «Bravo por este hombre valiente y consciente del deber que atacó al apóstata y vicioso Salman Rushdie», se puede leer en el diario cuyo jefe es designado por el líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Khamenei, régimen que declaró una fetua sobre el escritor. «Besemos la mano de aquel que desgarró el cuello del enemigo de Dios con un cuchillo», continúa el texto.

«Le vi los nudillos como si le estuviera golpeando o algo así», dijo a 'The New York Times' un testigo del ataque, Bill Vasu, que se encontraba en el anfiteatro medio vacío, con capacidad para 4.000 personas. El público se levantó de los asientos horrorizado al verle caer sobre un charco de sangre. Le redujeron entre todos y le arrestó un policía estatal asignado al evento. Rushdie se había llevado las manos al cuello y las tenía ensangrentadas. El criminal, que también atacó al presentador, está en manos de la Policía, por lo que no se llevará los más de cuatro millones de dólares que ofrece por su cabeza una fundación religiosa afiliada al Gobierno de Irán desde que el Ayatolá le declarara «enemigo del Islam». Tampoco el paraíso prometido, porque ambos siguen vivos.

No es el primer atentado fallido que supera, pero sí el primero en el que resulta gravemente herido. En 1989 sobrevivió en un hotel de Londres a una bomba que explotó prematuramente y convirtió al terrorista en el primer mártir de la saga. Irán ha renovado periódicamente la sentencia de muerte contra el escritor, nacido en Bombay y educado en Cambridge. El régimen de los ayatolás considera que, si alguien hubiera ejecutado su fatua, otros autores acusados de difamar al profeta Mohama no se hubieran atrevido a hacerlo.

Diez años escondido

Rushdie tuvo que pasar diez años escondido con protección oficial desde que noveló al profeta en su libro 'Los versos satánicos'. Al-Qaeda llegó a ponerlo en su lista de objetivos. En los últimos años parecía haberse relajado, con charlas poco publicitadas como esta, celebrada en una urbanización vallada de la Institución Chatauqua, que cada verano dedica nueve semanas a programas artísticos y literarios. La irrupción de un hombre armado entre el público se considera un «catastrófico fallo de seguridad».

Mientras los organizadores apresuraban a la audiencia a salir del anfiteatro, un pequeño grupo de asistentes con conocimientos médicos levantaba las piernas al escritor para mejorar el flujo sanguíneo hacia el corazón. Frente a ellos, un periodista de Associated Press que cubría la presentación se convirtió en testigo de excepción. «¿Qué ha ocurrido?», contó que se preguntaba la gente. Algunos creyeron que se trataba de un montaje de mal gusto, parte de la presentación de un autor polémico.

Traslado de urgencia. El escritor fue evacuado en helicóptero a un hospital de Nueva York. / Afp

El escritor «fue transportado en helicóptero a un hospital de la zona, sin que se sepa aún su condición», dijo en un comunicado la Policía estatal. Por su parte, la gobernadora del Estado, Kathy Hochul, celebró que «esté vivo» y aseguró que recibía «la atención médica que necesita». Paradójicamente, Hotchul se encontraba a esa hora en un acto contra la violencia de armas en Babylon (Long Island). Desde allí mostró su sorpresa de que ocurriese en esa «tranquila zona rural», dentro de una comunidad en la que se dan cita anualmente algunos de los más prominentes líderes del pensamiento para hablar de la libertad de expresión que promete defender. «Este lugar era ideal para que pudiera hablar, y eso es lo que estaba intentando hacer», lamentó.

No lo logró. Su asaltante tenía prisa en silenciarle. Todavía le estaba presentando Henry Reese, cofundador de la organización de Pittsburgh City of Asylum (Ciudad de Asilo), que tiene el mayor programa del mundo de residencias para escritores exiliados que huyen de la persecución. La charla trataba precisamente sobre la forma en la que escritores y artistas en el exilio son acogidos en EE UU y cómo se les puede dar un hogar que favorezca la creatividad y la libertad de expresión. Toda una paradoja. «Os pedimos vuestras oraciones para Salman Rushdie y Henry Reese, así como vuestra paciencia mientras nos concentramos en coordinar y cooperar con la Policía», pidió la institución en un comunicado. Todos los actos del día fueron cancelados.

Rushdie nunca dejó de luchar por los escritores del mundo que sufren cualquier tipo de persecución política o religiosa. Desde que se exilió en EE UU, en el año 2000, aparecía esporádicamente en fiestas culturales celebradas en Nueva York y colaboraba con la organización sin ánimo de lucro de Poetas, Ensayistas y Novelistas (PEN América), de la que fue presidente durante dos años. Su vida pública se había convertido en un desafío a las amenazas y la censura.

«Apenas horas antes de que le atacasen, el mismo viernes por la mañana, me envió un correo electrónico para ayudar a reubicar a escritores ucranianos», contó en un comunicado la jefa ejecutiva de la organización, Suzanne Nossel. «Estamos descolocados por el impacto y el horror. No se nos ocurre ningún incidente comparable en el que se haya atacado violentamente a un escritor en suelo estadounidense. Todos aquellos que hayan contestado a las palabras con violencia o llamado a la misma son responsables de legitimar este ataque». Rushdie puede sobrevivir, y esa sería su major respuesta a los fanáticos.