«El público entiende y pide ver un teatro minoritario»

10/05/2019

Josep Maria Flotats (Barcelona, 1939) regresa al teatro Cuyás de la capital grancanaria para dar vida a Voltaire durante una batalla dialéctica «inventada» con otra pieza clave de la ilustración francesa, Rousseau.

El veterano intérprete, que también asume la dirección de este montaje, que cuenta con el apoyo del Centro Dramático Nacional, es un torrente verbal cuando comienza a detallar los valores de los dos históricos intelectuales galos en los que se inspiran y los entresijos de esta apuesta que protagoniza junto a Pere Ponce, hoy y mañana, a partir de las 20.30 horas.

Voltaire-Rousseau. La disputa, que es como se titula el espectáculo, es una pieza de Jean François Prévand que «inventa unos diálogos brillantes» entre estos dos personajes históricos, con afirmaciones, reflexiones y pensamientos extraídos de la abundante «correspondencia» que se entrecruzaron en vida y de sus respectivas publicaciones, explica Flotats.

«Así se llega a entender a dos ilustres ilustrados que defendían conceptos de sociedad muy distintos», explica el intérprete catalán.

«Hablan de cosas que nos siguen preocupando, aunque los niveles han subido o bajado en algunos aspectos. Hablan sobre el fanatismo, el absolutismo, la literatura, la música, la sociedad, la religión...», desvela.

Desde su punto de vista, el público se topará con «dos grandísimos pensadores». Recuerda Flotats que Rousseau está considerado como «el primer romántico y ecologista», mientras que reconoce que todo el que lee Contra la intolerancia, de Voltaire, no puede dejar de estar en la misma sintonía de este gigante francés.

Subraya el «coraje y valor» que ambos tuvieron para hablar en público y para escribir sobre algunas cuestiones. «Se jugaron la vida, entrar en la cárcel o ser desterrados. Vivieron en una sociedad dominada por el poder absolutista de Luis XV, donde la Inquisición tenía mucho poder y torturaba y mataba», aclara con admiración hacia estos dos intelectuales universales.

No solo el pensamiento de ambos era dispar, también su origen. Flotats recuerda que Rousseau lo tuvo «más difícil», debido a su origen «plebeyo», mientras que Voltaire «era rico».

Sobre el ideario político de ambos, puntualiza que Rousseau se acercaba más a las posteriores ideas «marxistas» y a los valores de la Revolución Francesa, mientras que su contrincante dialéctico durante este montaje está más cercano «a la socialdemocracia» contemporánea.

Dice Flotats que en la actualidad somos «herederos del siglo de las luces» y que según qué momento de la obra, se está más cerca de Rousseau que de Voltaire, y viceversa. «No se trata de un texto maniqueo, que se posiciona en favor de uno u otro».

Elogia a su compañero sobre el escenario, Pere Ponce, que da vida a Rousseau y al que califica como «un gran actor».

Aclara que este montaje no sigue los cánones del teatro «mayoritario». «Aquí no hay proyecciones, ni juegos de luces, ni cambios de decorados. Es un teatro de palabra, de reflexión y de escucha, que es muy necesario también. No hay que ser pesimista. Hay un público para cosas que no son de masas, las entienden y las piden», explica.

Para él, estaría bien que los políticos españoles contemporáneos acudieran a ver «teatro de ideas» como el que propone este montaje. Aunque, les avanza, con ironía, que se toparán con afirmaciones que igual no les agradan: «Voltaire dice que la política no es más que algo que utiliza gente sin escrúpulos para oprimir a gente sin memoria».

anecdótico origen. Flotats, tras felicitar al teatro Cuyás por los veinte años de vida que celebra el próximo martes, explica cómo se le ocurrió este montaje a Jean-François Prévand.

«Él es un gran lector y amante de Voltaire. Estaba de gira con su obra Voltaire’s follies, a partir de sus frases, cuando se encontró con un museo de Rousseau en una localidad francesa en plena gira. Cuando fue a visitarlo le preguntaron quién era. Explicó que estaba de gira con el montaje sobre Voltaire y entonces le dijeron que le dejaban pasar siempre y cuando no pagase con un billete de los francos de aquella época, en los que aparecía la esfigie de Voltaire, lo que pone de manifiesto la enorme rivalidad que existía entre ambos. Entonces, Prévand tuvo claro que tenía que inventarse un cuento, porque la lucha sigue», comenta entre risas.