Taller

Beller Carbone: «El cantante tiene que saber contar una historia»

11/12/2018

En los tiempos en los que el tenor Alfredo Kraus recorría los grandes coliseos del mundo, la ópera era, sobre todo, un espectáculo musical donde los cantantes podían permanecer casi inanimados sobre el escenario. Sin embargo, actualmente el género ofrece «un espectáculo totalmente interdisciplinar, con bailarines, actores y proyecciones de vídeo», sostiene la soprano Nicola Beller Carbone quien desde ayer imparte un taller didáctico de actuación e interpretación a siete jóvenes cantantes líricos.

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La iniciativa formativa, organizada por la Fundación Alfredo Kraus, con la colaboración del Cabildo de Gran Canaria y de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, «no es de canto vocal», precisa Beller, que sostiene que los cantantes líricos «no solo tienen que cantar bien, saber la música y seguir al director. Tienen que comunicar con el público y contar una historia: es teatro cantado», añade la cantante que ha impartido talleres similares en In Canto Tignano, en el Chianti Fiorentino de la Región Toscana, además de en la Theaterakademie de Múnich, el Conservatoire de Montreal, la Académie Rainier I del Principado de Mónaco o la Escuela Superior de Canto de Madrid.

Según Beller, el dominio de la interpretación dramática intensifica la potencia narrativa. «Hay que saber actuar para hacer creíble los personajes e historias de las óperas para que el público pueda sentirlas y vivirlas».

Para Beller, algunos exponentes que se destacan por combinar con acierto la interpretación y la técnica vocal son Barbara Hannigan, Anna Caterina Antonacci, Evelyn Herlitzius y Leonor Bonilla, además de la canaria Nancy Fabiola Herrera.

Entre sus siete jóvenes alumnos hay mezzos, tenores, sopranos y barítonos. En su opinión, lo básico es cantar bien, pero esto no basta dada la evolución del género lírico. «Saber actuar es más difícil de lo que parece. Muchos piensan que como la música está compuesta para transmitir emociones, con cantar basta, pero no es suficiente. Si solo cantamos, volvemos a la ópera de hace cien años, cuando los cantantes estaban en el escenario como unos palos, cantando sin moverse y con un vestuario bonito. Hoy en día lo que se busca es un espectáculo más directo, moderno y con movimientos y gestos espontáneos, y que parezca espontáneo conlleva mucho trabajo interpretativo», explica la cantante que hace unos días actuó en La Maestranza de Sevilla, con un programa compuesto por dos óperas desconocidas en España, El dictador, de Ernst Krenek –estreno en España– y El emperador de la Atlántida, de Viktor Ullmann. Un riesgo, el de interpretar obras poco reconocidas, que Beller asume gustosa. «Una se pregunta: ¿voy por el repertorio mainstream que mueve mucho dinero o me interesa hacer otros tipos de trabajo que me gustan porque tienen un buen equipo artístico y una música interesante, aunque no se conocen mucho? Me gusta elegir el repertorio en base al valor musical y el equipo técnico. Hago de todo: zarzuela, música del siglo XX y clásica. No me he especializado en nada. Mi carrera se distingue por ser poco ortodoxa», sostiene la cantante. En este sentido, asegura que lo que más le interesa es la variedad. «Me aburriría si siempre cantara lo mismo: Mozart, Puccini o zarzuela», añade la soprano que vive a caballo entre España, Italia y Alemania.