La investigadora Barbara Natterson-Horowitz. / Mario de López

Entrevista | Barbara Natterson-Horowitz

«Nuestra biología es similar a la de muchos animales, pero pensamos que somos únicos»

La propulsora de la 'Zoobicuidad' apunta al estudio de las conexiones entre especies como vía para hallar soluciones innovadoras a los problemas actuales de la salud humana

Elena Martín López
ELENA MARTÍN LÓPEZ Madrid

Como cardióloga especializada en imágenes cardíacas, Barbara Natterson-Horowitz, profesora de medicina en la Universidad de California (UCLA) en Los Ángeles, ha hecho cientos de ecocardiogramas, pero en 2005 hubo uno que le cambió la vida. Fue en el zoológico de Los Ángeles y, por primera vez, el paciente no era un humano sino un chimpancé.

Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte de los grandes simios en cautiverio y, en este caso, los veterinarios pensaron que el conocimiento de la medicina humana –pues al fin y al cabo los humanos también somos simios– podía serles útil. La experiencia tuvo un gran impacto en Natterson-Horowitz y le llevó a investigar las conexiones de salud entre especies. Después, trabajó con gorilas, leones, mamíferos marinos o pájaros cóndores, entre otros animales, y esa idea de conectar la medicina humana, la medicina veterinaria y la biología evolutiva, que bautizó como 'Zoobicuidad', se asentó todavía más en su mente.

En 2012 publicó, junto a Kathryn Bowers, su primer libro: 'Zoobiquity', donde analizan distintas enfermedades que afectan a los humanos, pero desde una perspectiva animal. En 2019 escribieron 'Wildhood', en el que compararon la fase comprendida entre la pubertad y la madurez entre animales y humanos. Más recientemente ha puesto el foco en la salud femenina y, el pasado mes de abril, publicó su estudio más reciente sobre este tema en la revista científica PNAS. Hablamos con ella sobre este giro en su carrera y el alcance de esta innovadora disciplina.

Barbara Natterson-Horowitz realiza un ecocardiograma a un gorila. / Barbara Natterson-Horowitz

La medicina humana, la veterinaria y la biología evolutiva son disciplinas con una larga trayectoria, ¿por qué la intersección de las tres (zoobicuidad) es tan reciente?

Como médicos, para obtener información sobre la salud humana, nos centramos en el estudio del Homo Sapiens y en unas pocas especies de animales de laboratorio, pero este es un enfoque muy antropocéntrico. Pensamos en nosotros mismos y en nuestros problemas como si fuésemos seres superiores, pero nuestra especie tiene tan solo 200.000 años. Compartimos ancestros comunes con los chimpancés y hasta con nuestro perro. Es decir, somos tan jóvenes como especie que la mayor parte de nuestra biología se asemeja a la de los animales que nos han precedido; pero nuestra cultura, historia y tradición nos han hecho creer que nuestra especie es única.

Al escribir 'Zoobiquity' considerábamos que investigar la salud humana a través de la lente de una sola especie era limitante, así que ampliamos esa ventana para incluir al resto de animales del planeta y la historia evolutiva que compartimos con ellos. Eso nos ayuda a comprender mejor las causas de las enfermedades y a desarrollar estrategias más precisas para prevenirlas y tratarlas. Por ejemplo, yo sabía que todos los mamíferos tienen senos y que lactan y amamantan a sus crías, pero nunca había pensado en el cáncer de mama en mamíferos marinos. Cuando comencé a investigar me enteré de que, hace unas décadas, una pequeña epidemia de cáncer de mama afectó a un grupo de belugas del noreste de Canadá. El brote resultó estar relacionado con unos químicos que producía una fábrica cercana. Lo sorprendente es que esos mismos contaminantes estaban causando problemas similares en las mujeres que vivían en la costa.

Portada del libro 'Zoobiquity', escrito por Barbara Natterson-Horowitz y Kathryn Bowers.

Tal como dices, ya se utilizan animales de laboratorio para estudiar enfermedades humanas, ¿en qué se diferencia eso de la zoobicuidad?

Los organismos modelo que se utilizan en el laboratorio para estudiar enfermedades humanas son principalmente cuatro: ratones, peces cebra, moscas y gusanos. Lo que justifica que creamos que la biología de un ratón es relevante para la biología de los humanos es que compartimos una ascendencia común y una historia evolutiva. ¿Qué pasaría si ampliásemos esa ventana para incluir las otras 163.000 especies animales con las que actualmente compartimos la Tierra y empezásemos a buscar las vulnerabilidades que compartimos? Pero no solo eso, ¿y si abriésemos la ventana más todavía e incluyésemos a las especies de toda la historia evolutiva? Realmente nos ayudaría a comprender mejor las causas de la enfermedad y a innovar mejores soluciones.

Yo me he formado en las mejores universidades, como Harvard, y he tenido grandes profesores, como los famosos biólogos E.O. Wilson y Stephen Jay Gould, pero no recuerdo una sola vez en la que un profesor mencionara la enfermedad que estábamos estudiando en una especie animal que no fueran esas cuatro. La medicina animal de laboratorio es muy importante y valiosa, pero que se ha centrado en unas pocas especies. La zoobicuidad, en cambio, va más allá e incluye al resto de cientos de miles de especies animales con las que convivimos.

¿Cuál es la posición de la medicina humana ante este enfoque inclusivo?

En general, existe mucho desconocimiento sobre las conexiones que existen entre la salud de los animales y la de los humanos, porque no es algo que se estudie en la carrera de medicina. Además, históricamente la medicina veterinaria ha estado subordinada a la medicina humana, precisamente por esa idea de que los humanos somos superiores o más especiales que otros animales, por lo que tiende a subestimarse este conocimiento en lugar de aprovecharlo.

Barbara Natterson-Horowitz auscultando a una leona. / Barbara Natterson-Horowitz

Cuando estaba escribiendo el libro de 'Zoobiquity' un médico me dijo que por qué perdía el tiempo con los animales. Fue un comentario ignorante y doloroso, pero creo que si le enseñase mi investigación actual esa persona recapacitaría. Lo que perdemos al no unir los campos de la medicina, la veterinaria y la biología evolutiva es tanto que resulta sorprendente que el antropocentrismo continúe tan vivo en la comunidad científica, pero al menos ahora existe un diálogo al respecto y las cosas están cambiando, aunque sea lentamente.

¿Qué nos ha enseñado la Covid-19 respecto a la relación estrecha que existe entre la enfermedad animal y la humana?

En medicina, cuando se estudia la vulnerabilidad o la resistencia a la Covid-19 se analiza el estilo de vida, la genética u otros aspectos, pero siempre de una misma especie, la humana. En cambio, los veterinarios hacen eso mismo analizando distintas especies de animales, lo que ha dado lugar a estudios como el que se publicó en la revista PNAS en 2020 sobre el grado de vulnerabilidad de múltiples especies a la Covid-19.

Estas investigaciones proyectan una visión más amplia de los mecanismos de resistencia al coronavirus que han desarrollado, o no, unos u otros animales. Por ejemplo, mientras los chimpancés o los delfines son más sensibles; los perros, los elefantes africanos, los caballos o los cerdos son mucho menos susceptibles de contraer el virus. Ese conocimiento es muy interesante para compararlo con nuestra propia especie y buscar soluciones inspiradas en la biología natural.

Más recientemente te has centrado en el estudio de las conexiones entre la salud de los animales hembra y las mujeres, ¿qué has descubierto?

Hasta hace pocos años, los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos no exigían el uso de animales hembra en los estudios preclínicos que buscan averiguar cuál es el mejor tratamiento para una patología, ni tampoco que las mujeres fuesen incluidas en los ensayos clínicos posteriores, lo que ha hecho que, durante décadas, muchas enfermedades diagnostiquen mal o tarde en las mujeres. Además, la Organización Mundial de la Salud ha declarado explícitamente que el cambio climático está afectando desproporcionadamente al sexo femenino. Eso me llevó a pensar en lo útiles que podían ser las conexiones entre la salud de las mujeres y los animales hembra.

Por ejemplo, durante mucho tiempo se pensó que los problemas cardiovasculares afectaban principalmente a los hombres y, sin embargo, son la principal causa de muerte en las mujeres. Por ejemplo, la arterioesclerosis se asocia al estilo de vida (tabaquismo, sedentarismo, obesidad...), sin embargo, esta enfermedad afecta a muchas aves que ni fuman, ni son sedentarias, ni están obesas. Entonces, ¿por qué la sufren?

«Si somos tan sabios como para denominarnos 'Homo sapiens', también deberíamos serlo para reconocer el poder de la naturaleza»

Barbara Natterson-Horowitz

Cardióloga

Una posibilidad es que determinados factores ambientales estén jugando un papel importante, pero también puede ser a causa de una bacteria o un virus. Es decir, cuando observamos la enfermedad desde otro punto de vista podemos preguntarnos cómo han evolucionado esas aves para hacerse vulnerables a la arteriosclerosis, y eso abre muchos caminos para investigar las causas de que nosotros lo suframos, así como ayuda a encontrar soluciones inspiradas en la naturaleza.

¿Cómo se convierte ese conocimiento en una solución?

La zoobicuidad no solo se centra en encontrar enfermedades en común entre humanos y animales, sino también en observar las resistencias que la naturaleza ha desarrollado a distintas patologías a lo largo de la evolución, a modo de inspiración para dar con soluciones a enfermedades que afectan gravemente a los humanos. Es similar a lo que hace la biomimética, pero enfocado a la salud.

Barbara Natterson-Horowitz alimenta a una jirafa. / Milo Mitchell

Por ejemplo, la hipertensión obliga a nuestro corazón a bombear más sangre al resto del cuerpo. Este esfuerzo hace que el órgano se agrande y se debilite, provocando insuficiencia cardiaca y aumentando el riesgo de muerte. En cambio, la presión arterial de una jirafa adulta es altísima y eso no le supone ningún problema. Las jirafas han evolucionado durante los últimos 11.000 millones de años para tener cuellos cada vez más largos que les permitan acceder al alimento de las copas de los árboles y su corazón se ha adaptado y engrosado para que la sangre bombeada llegue hasta el cerebro. Eso nos puede dar pistas para desarrollar tratamientos.

¿Cuándo veremos tratamientos o medicamentos inspirados en la zoobicuidad?

Ese es el objetivo. Por ejemplo, sabemos que los elefantes africanos han evolucionado para generar copias adicionales de una amplia variedad de genes asociados con la supresión de tumores, por lo que ya hay empresas desarrollando tratamientos inspirados en ese mecanismo animal que sirvan para prevenir o curar el cáncer en los humanos. Darwin dijo que «la selección natural es un poder incesantemente listo para la acción e inconmensurablemente superior a los débiles esfuerzos del hombre», y eso es precisamente lo que predica la zoobicuidad. Si somos tan sabios como para denominarnos 'Homo sapiens' ('hombre sabio', en latín), también deberíamos serlo para reconocer el poder de la naturaleza y utilizarlo en nuestro propio beneficio.

¿Cuáles son tus planes de estudio futuros?

Estoy desarrollando estudios relacionados con la fertilidad en un proyecto con jirafas y también otro sobre las enfermedades mentales en distintas especies. Problemas como la depresión o la ansiedad están muy estigmatizados en nuestra sociedad y hacen que las personas se sientan avergonzadas. Esos mismos problemas existen en el reino animal y son parte de nuestro legado evolutivo. Espero que este nuevo enfoque facilite a las personas a eliminar parte del estigma y la vergüenza y les conduzca a pedir ayuda y cuidar su salud mental.