Ejemplar de 'Turritopsis dohrnii', la pequeña medusa inmortal. / E. C.

Ciencia | Biología

Una especie inmortal de medusas desvela las claves contra el envejecimiento

Investigadores de la Universidad de Oviedo descubren en el genoma de 'Turritopsis dohrnii' los secretos de su longevidad

ANA RANERA Gijón

«Estas investigaciones están asociadas con enfermedades del envejecimiento como el cáncer y las enfermedades neurodegenerativas y cardiovasculares». Así explica la científica María Pascual-Torner el estudio del que es primera autora, junto a Dido Carrero, en el que se descifra el genoma de 'Turritopsis dohrnii', la conocida como medusas inmortal.

Estas dos investigadoras –de la mano de un equipo de la Universidad de Oviedo y bajo la dirección de Carlos López-Otín– han definido algunas de las claves genómicas que contribuyen a la longevidad de este animal. «Hasta ahora solo conocíamos el genoma de sus mitocondrias y no el del núcleo, que es el que aporta información prácticamente de todo lo que quieras saber de una célula», cuenta.

Al analizar los genes asociados al envejecimiento, descubrieron algunas de las claves de su longevidad. «Nos dimos cuenta de que reparan el ADN y que son muy eficientes en su duplicación», explica Pascual-Torner. Además, sus telómeros (los finales de los cromosomas que tienden a acortarse con el paso del tiempo) «se mantienen de tamaño».

Y no solo eso.Estos animales «conservan la población de células madre». Para entender lo que esto supone a nivel regenerativo, es necesario saber que «cada vez que una célula madre falla se tiene que reponer y, generalmente, el almacén que tenemos de ellas se va agotando». Sin embargo, estas medusas lo mantienen, al mismo tiempo que logran reducir el envejecimiento oxidativo y que tienen comunicación intercelular. «Lo importante no es que rejuvenezcan una célula, sino que rejuvenece toda ella».

Cinco años de trabajo

Para conocer estos secretos, compararon esta especie con 'Turritopsis rubra' –conocida como su hermana mortal–, con otras especies de hidromedusas «y hasta con el humano», indica Pascual-Torner. Sus resultados se acaban de publicar en la revista 'Proceedings of the National Academy of Sciences'. Podrían tener aplicaciones importantes.«Esperamos que esas variantes genéticas puedan ser candidatas para nuevos estudios utilizando modelos de ratón y ver así cuál podría ser su efecto», cuenta la investigadora. «Tenemos muchas ideas, pero iremos siempre paso a paso».

Este proyecto tiene tras de sí cinco años de trabajo, que empezaron consiguiendo a las medusas. «Son muy pequeñas. Apenas miden cuatro milímetros.Así que hacernos con ellas fue una hazaña. Las fuimos a buscar a Italia. Tuvimos que rastrear el lugar y bucear con una linterna para identificarlas», explica. «Traerlas hasta Oviedo también fue una aventura y tuvimos que montar aquí unos acuarios. Nos ayudó el Acuario de Gijón a instalar los sistemas».

«Esta investigación no persigue la búsqueda de estrategias para lograr los sueños de inmortalidad humana que algunos anuncian, sino entender las claves y los límites de la fascinante plasticidad celular que permite que algunos organismos sean capaces de viajar atrás en el tiempo», puntualiza el catedrático de Bioquímica y Biología Molecular Carlos López-Otín.