Autoridades, representantes de la Fundación BBVA y el CSIC, y los galardonados, a la entrada a la ceremonia de entrega de los Premios Fronteras del Conocimiento. / Fundación BBVA

Premios Fronteras del Conocimiento 2022

Los Fronteras reclaman más ciencia para afrontar los grandes desafíos de la Humanidad

El conocimiento como llave para un futuro mejor reina en la ceremonia de entrega de los premios de la Fundación BBVA

LUIS ALFONSO GÁMEZ

«Estamos a tiempo». En medio de una deprimente sucesión de mensajes apocalípticos respecto al cambio climático, es de agradecer lo que han hecho en el auditorio del Palacio Euskalduna los glaciólogos estadounidenses Ellen Mosley-Thompson y Lonnie Thompson. Podían habernos presentado la botella casi vacía, pero han optado por enseñárnosla medio llena. Aunque reconocen que «puede que sea demasiado tarde para salvar muchos de nuestros glaciares de montaña», aseguran que hay motivos para la esperanza: «Estamos a tiempo de trabajar juntos, a nivel nacional e internacional, para ralentizar e, idealmente, eliminar la amenaza global que plantea el cambio climático y medioambiental y su consiguiente impacto en nuestras sociedades, economías y medios de vida».

La ceremonia de entrega de la decimocuarta edición de los Premios Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento ha sido un canto a la esperanza, pero no a la ciega, sino a la fundada en el conocimiento y en la acción basada en él. Galardonados y representantes institucionales han reivindicado en sus intervenciones el conocimiento como brújula para guiarnos en una realidad cambiante y muchas veces confusa, como la herramienta con la que encarar los retos a los que nos enfrentamos como especie. «La ciencia es poderosa y nos ofrece la oportunidad de diseñar un futuro más solidario, justo y sostenible», ha afirmado Rosa Menéndez, presidenta del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

El acto ha sido seguido desde el patio de butacas por una amplia representación de la sociedad, entre la que había –como es lógico– muchos científicos y académicos, algunos llegados de fuera de Euskadi para asistir una vez más a la entrega de unos premios que están entre los más importantes del mundo, como demuestra que veinte premiados han ganado después el Nobel. «Unos galardones que reivindican cada año el valor de la ciencia y la cultura como las mejores herramientas que poseemos para afrontar los grandes desafíos de nuestro tiempo», ha dicho Carlos Torres Vila, presidente de la Fundación BBVA y copresidente de la ceremonia junto con la máxima responsable del CSIC.

«Horizonte de destino»

El alcalde de Bilbao, Juan Mari Aburto, ha apelado al conocimiento como la apuesta clave por el futuro. «Es nuestra única salida como especie y como civilización», y «el mejor antídoto para neutralizar los extremismos de todo tipo que nos empujan a tiempos oscuros que ya creíamos superados». El regidor ha subrayado el revelador papel que ha tenido el coronavirus para muchos ciudadanos en lo que se refiere a la investigación. «Durante la pandemia nos dimos cuenta del valor de la ciencia y del conocimiento. La ciencia hizo posible el milagro de desarrollar las vacunas en un tiempo récord, gracias a los desarrollos tecnológicos» de Katalin Kariko, Robert Langer y Drew Weissman, ha indicado Aburto.

Para el lehendakari, los galardonados «son una luz que nos alumbra y nos señala el horizonte de destino». «Con vuestros trabajos e investigaciones –ha dicho dirigiéndose a los trece premiados presentes en el acto; el matemático Charles Fefferman no viajó a Bilbao por motivos de salud–, estáis abriendo un horizonte de posibilidades y de soluciones futuras para un mundo en transformación». Iñigo Urkullu ha señalado que nos encontramos a las puertas de «tres grandes transformaciones» –la tecnológica, la energética y la demográfica– muy presentes en las investigaciones de los homenajeados. En el tramo final de su intervención, ha recordado a «un vasco universal, Juan Sebastián Elcano, el primero en dar la vuelta al mundo». «No hemos perdido esa ilusión por conocer, esa curiosidad por saber, esa ambición por crecer», ha dicho de quienes viven hoy en la tierra del navegante.

«Cada destello de algo interesante, ya fuera un hallazgo esperado o los inesperados, todavía más emocionantes, nos animaba a continuar», ha recordado el inmunólogo Drew Weissman sobre los 25 años de trabajo con la bioquímica Katalin Karikó hasta que lograron modificar el ARN mensajero (ARNm) para usarlo como agente terapéutico. «El ARNm se descubrió en 1961 y ha tardado sesenta años en poder convertirse en un producto médico aprobado: las dos primeras vacunas contra la covid-19», ha destacado ella. En 1974, el ingeniero químico Robert descubrió como meter ARNm en el cuerpo sin que fuera destruido por el organismo, aunque chocó con el rechazo de parte de la comunidad científica. «Mi trayectoria es un reflejo de la de los doctores Karikó y Weissman. Sus primeros trabajos pioneros fueron muy subestimados durante mucho tiempo, pero nunca se rindieron a pesar de lo que dijeran los demás».

Redes sociales e inteligencia artificial

Constancia es también de lo que ha hecho gala el matrimonio Thompson, que desde 1974 ha subido a la cimas más altas para hacerse con los núcleos de hielo en los que está escrita la historia climática. Esos testigos, en los que ha quedado atrapada la atmósfera del pasado, demuestran que el cambio climático actual no tiene precedentes en su rapidez. Pero no es demasiado tarde «para acelerar la transición hacia una sociedad libre de carbono», según ellos. Todavía hay también tiempo para frenar la pérdida de biodiversidad, han coincidido los tres premiados en Ecología y Biología de la Conservación –Simon Levin, Lenore Fahrig y Steward Pickket– en una intervención conjunta.

Matthew Jackson, premiado por sus estudios sobre el papel de las redes en las transacciones de la vida económica y social, ha recordado que los seres humanos somos «una especie social» y cómo, sin embargo, «la economía ha ignorado el hecho de que la mayoría de las interacciones económicas están integradas en entornos sociales». «Cuando te pones a estudiar las redes, ves su impacto en todas partes», ha asegurado el economista. Al sociólogo Mark Granovetter, descubridor de la trascendencia de las redes de conocidos, los llamados lazos débiles, a la hora de encontrar empleo. le ha producido «especial alegría recibir un premio que abarca todas las ciencias sociales».

El matemático Jean-Fraçois Le Gall, que ha hablado también en nombre de su colega Charles Fefferman, se sintió honrado por un premio de Ciencias Básicas que le anima a «seguir avanzando» en su línea de investigación, centrada en la llamada geometría aleatoria bidimensional. El físico y filósofo Judea Pearl, del que se han reconocido sus aportaciones fundamentales para que los programas de inteligencia artificial interioricen los conceptos de probabilidad y causalidad, ha explicado cómo, «al preguntarnos '¿cómo lo haría una máquina?', nos hacemos una idea de cómo lo hacemos nosotros, porque las máquinas son como laboratorios flexibles para probar teorías diversas del pensamiento humano». Y el músico Philip Glass ha remarcado la importancia de unos galardones que reconocen «a personas que están vivas y trabajan y escriben sobre el mundo en que vivimos. El trabajo que hacemos pasa a formar parte de la cultura de hoy», dijo el compositor de Baltimore.