Selfi que se sacó Curiosity el 12 de mayo de 2019, en su 2.405 día en Marte. / NASA/JPL-Caltech/MSSS

Ciencia | Espacio

Curiosity cumple diez años en Marte

El todoterreno de la NASA ha descubierto en el planeta los ladrillos de la vida y también pruebas de que en el pasado hubo agua abundante

LUIS ALFONSO GÁMEZ

Su descenso a Marte fue increíble. El más complejo planeado por la NASA hasta entonces. Tras los siete minutos de terror en los que, durante la entrada en la atmósfera, se suspenden las comunicaciones, un paracaídas de 18 metros de diámetro frenó su caída. Cuando se liberó de este, una grúa volante con retropropulsores tomó el testigo, hasta descolgarlo suavemente en el cráter Gale. «Aterrizaje confirmado», dijo el ingeniero Allen Chen, director adjunto de la maniobra. Sus seis ruedas habían tocado el suelo. Eran las 7.32 horas del 6 de agosto de 2012.

Diez años después, Curiosity sigue ahí, en Marte, en plenitud de facultades. El veterano laboratorio móvil, del tamaño de un todoterreno, tiene diez instrumentos, incluida una estación medioambiental española. Sus objetivos al llegar al planeta eran comprobar si alguna vez había tenido agua durante el tiempo suficiente y otros ingredientes necesarios para el desarrollo de la vida. Los ha cumplido con creces.

Curiosity ha descubierto que el agua líquida y los componentes para la vida existieron en Gale durante al menos decenas de millones de años, y que este albergó un lago cuyo tamaño aumentó y disminuyó con el tiempo. «Estamos viendo pruebas de cambios drásticos en el antiguo clima marciano. La cuestión ahora es si las condiciones de habitabilidad que Curiosity ha encontrado hasta ahora sobrevivieron a estos cambios. ¿Desaparecieron para no volver nunca más o fueron yendo y viniendo a lo largo de millones de años?», se pregunta Ashwin Vasavada, científico del proyecto en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL).

98 semanas de vida útil inicial

Heredero de Sojourner, Spirit y Opportunity, el todoterreno ha recorrido hasta el momento 28,2 kilómetros y analizado 41 rocas y muestras de suelo marciano. Además, ha medido la radiación ultravioleta a la que se expondrán los primeros humanos que pisen el planeta, un mundo que carece del escudo que proporcionan un campo magnético y una atmósfera densa. Y también ha dejado preguntas en el aire. Ha detectado cerca de la superficie fluctuaciones en el metano, un gas que en la Tierra varía según la actividad biológica. ¿Es ese el caso de Marte? Curiosity no está equipado para determinar si el origen de ese metano fluctuante es biológico o geológico.

Su vida útil inicial era de un año marciano –98 semanas–, pero el pasado 25 de abril la misión se prolongó tres años más. Detrás del extraordinario rendimiento del robot de la NASA, impulsado por energía nuclear, además de su diseño, hay centenares de ingenieros que han enviado más de 4 millones de comandos al 'rover', han resuelto varias veces problemas del taladro, han examinado al detalle el entorno para minimizar el daño en las ruedas y han desarrollado para ello un algoritmo de control de la tracción. «En cuanto aterrizas en Marte, todo lo que haces se basa en que no hay nadie para repararlo en 160 millones de kilómetros», ha recordado Andy Mishkin, director en funciones del proyecto Curiosity en el JPL.