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Ilustración de un espinosáurido. Anthony Hutchings | Universidad de Southampton
Así era el espinosáurido, el gigante que no podría haber matado jamás al T-Rex en 'Parque Jurásico 3'

Así era el espinosáurido, el gigante que no podría haber matado jamás al T-Rex en 'Parque Jurásico 3'

Encuentran en Castellón una nueva especie de este carnívoro, que medía entre 10 y 11 metros de largo. La Península Ibérica es donde más ejemplares se han encontrado en todo el mundo

Jueves, 18 de mayo 2023, 16:33

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«La Península Ibérica tiene mucho que ofrecer en el campo de los dinosaurios. Hay mucho trabajo por delante», asegura Erik Isasmendi, paleontólogo de la UPV/EHU especializado en espinosáuridos, «un depredador de tamaño medio-grande» que vivió hace algo más de cien millones de años. Lo dice precisamente en relación al último hallazgo de los restos fósiles de una nueva especie de este tipo de dinosaurios en Castellón, tal y como se publica este jueves en la revista 'Scientific Reports'. El descubrimiento sitúa a la Península a la cabeza en cuanto a restos de estos carnívoros, puesto que es en esta donde se han encontrado cinco de las quince especies que se conocen -el resto están Inglaterra (3), África (3), América (3) y Asia (1)-.

Un ejemplar de espinosáurido fue el que acabó con el Tiranosaurio Rex en la tercera parte de 'Parque Jurásico'. Cuando este último estaba persiguiendo al doctor Grant y compañía, una bestia todavía más grande dotada de una imponente vela dorsal acaba con la vida del más popular de los dinosaurios. Se trata de una licencia dramática. Es cierto que algunas especies de espinosáuridos fueron más grandes que el T-Rex -justamente los espinosaurios, de donde deriva el nombre genérico que engloba a todos ellos. Los restos encontrados en África apuntan a que medían catorce metros de largo por los trece que podía alcanzar su rival en la pantalla- pero «llevaban una vida semiacuática y se alimentaban básicamente de peces», explica Isasmendi.

La nueva especie ha sido bautizada con el nombre de 'Protathlitis cinctorrensis', algo así como 'campeón de Cinctorres', por el municipio castellonense donde se han encontrado sus restos, un hueso de la mandíbula derecha, un diente y cinco vértebras. Estudiando estos, el paleontólogo Andrés Santos-Cubedo y su equipo han concluido que el ejemplar mediría entre 10 y 11 metros de largo y que habría vivido hace unos 127 millones de años, en el Cretácico inferior. Como queda dicho, esta sería la quinta especie encontrada en la Península. Los restos más completos se encontraron el año pasado en el yacimiento riojano Virgen del Villar-2: un brazo casi completo que terminaba en tres formidables garras de diferentes tamaños, huesos del cráneo, dientes, elementos del esqueleto, partes de la pierna (fémur, tibia, metatarsos) y restos de la pelvis.

Imagen de las garras del ejemplar encontrado en La Rioja.
Imagen de las garras del ejemplar encontrado en La Rioja. Juan Marín

Morro como los cocodrilos y garras de 31 centímetros

La característica más llamativa de estos depredadores, según el experto de la Universidad del País Vasco, «era un morro alargado, similar al de los cocodrilos, con unos dientes cónicos» más pequeños que los del mencionado tiranosaurio, en el que alcanzaban los quince centímetros. Los renovaban muy a menudo. Se cree incluso que un ejemplar podía desarrollar hasta tres generaciones al mismo tiempo: el diente funcional, otra pieza en formación que reemplazaría al primero y el germen del que acabaría sustituyendo a este segundo. Esto explicaría por qué se han encontrado tantas piezas dentales. Imponentes también eran sus garras. Las centrales alcanzaron los 31 centímetros en algunos ejemplares.

Respecto a la vela dorsal, «algunos, como los africanos, la desarrollaron, pero no otros. En el caso de los encontrados en la Península, sería más pequeña o carecerían de ella», explica Isasmendi. ¿Qué función tenía? «No se sabe, podría ser para regular su temperatura corporal, como elemento de exhibición como en el caso de los pavos reales…», añade. Y sobre su hábitat, sería muy diferente al de otros terópodos como el T-Rex, ya que vivían a orillas de los lagos y se alimentaban de peces, otros dinosaurios más pequeños y pterosaurios (reptiles voladores). No está claro si podrían comer tortugas y cocodrilos por la dureza de los caparazones de las primeras y de la piel de los segundos.

Los autores del hallazgo de Castellón proponen que su hallazgo puede indicar que los espinosáuridos aparecieron durante el mencionado Cretácico Inferior en Laurasia, una gran área de tierra en el hemisferio norte, con dos subgrupos de especies ocupando lo que sería Europa occidental. Desde aquí habrían emigrado más tarde a África y Asia, donde se diversificaron. En Europa, habrían predominado especies como la del Protathlitis, mientras que en África habrían sido más abundantes los mencionados espinosaurios, que eran los más grandes de este género de dinosaurios.

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