Fenómenos geológicos ‘instantáneos’ en Guía

02/01/2019

En las laderas del Cenobio de Valerón se han producido sedimentos de calcita en apenas 3 décadas, algo que normalmente tarda miles de años, fruto del peculiar sistema de riego aplicado en esta zona del norte de Gran Canaria.

Un conjunto de sedimentos de calcita depositados en forma de cascadas, en el denominado barranco del Calabozo, está generando más de un quebradero de cabeza en la comunidad científica. Aunque en la actualidad se encuentra seco, en el pasado fue similar a formaciones como las de las lagunas de Ruidera -en Castilla La Mancha- o Pamukkale, en la lejana Turquía, con la salvedad de que estas dos últimas estructuras tardaron miles o cientos de miles de años. En el caso del norte de la isla redonda, hablamos de apenas tres décadas, incluso menos.

Según El País, un equipo de investigación integrado por cuatro geólogos de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), el Instituto de Geociencias (UCM-CSIC) y la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, lleva siete años estudiando la formación, descrita ahora en la revista científica Sedimentology, que dedica la portada de su último número al trabajo.

Durante una excursión guiada en 2010, con motivo de la jornada de divulgación anual conocida como el geolodía, un participante al evento alertó a los organizadores de la presencia de «unas piedras muy raras». Y es que a finales del siglo pasado, en las islas se regaban las plantaciones de plátanos con aguas procedentes de pozos y galerías subterráneas. Cuando no se transportaba por tuberías, el agua se extraía en las zonas altas de los cerros para derramar por las laderas hasta las regiones de plantación más bajas. Dado su origen volcánico, el agua del subsuelo es rica en bicarbonato, calcio, magnesio, sodio, sílice y dióxido de carbono. Por eso, allá por donde fluye en superficie, precipitan sedimentos de calcita y otros minerales carbonáticos. Fue este proceso geológico, acelerado por los regadíos humanos, el causante de la formación ultrarrápida del sistema de Calabozo, que ocupa unos veinte metros de alto por diez de ancho.

Las plantas mueren y se descomponen, pero las cubiertas rígidas de calcita perduran, formando barreras verticales escalonadas que antiguamente retenían remansos de agua en las depresiones de uno a dos metros de diámetro que todavía se aprecian por la ladera.

Los científicos estiman que el sistema del Calabozo estuvo activo entre los años cincuenta y ochenta del siglo pasado. Para llegar a esta conclusión se han tenido que basar en sistemas de datación poco ortodoxos, ya que la geología suele tratar con rocas y formaciones milenarias. Entre la toba, el equipo dio con una piedra pequeña, con forma de patata, que albergaba una bola de poliestireno en su interior. Este residuo antiguo, que sirvió como otro núcleo más para el proceso de calcificación, ha delatado tanto el origen humano como la antigüedad de toda la formación. Los científicos han tenido que echar mano a datos como cuándo se empezó a fabricar el poliestireno en España. Y fue en 1951, así que el sistema de Calabozo tuvo que venir después. De esta forma, el análisis del material de construcción empleado en las antiguas tuberías de riego corrobora la datación.