Un trocito de Inglaterra en Taoro

La presencia inglesa en Puerto de la Cruz se palpa casi que en cualquier rincón de la ciudad, pero si hay un lugar en el que se respira la historia de una comunidad que forma parte ya de la idiosincrasia portuense ese es la Biblioteca Inglesa (The English Libray). Escondida en un rincón del parque Taoro, lleva 115 años siendo punto de encuentro de la comunidad británica de Tenerife.

ROSA RODRÍGUEZ | / SANTA CRUZ DE TENERIFE

Llegar a la Librería Inglesa de Puerto de la Cruz no es fácil si no se conoce al menos la zona donde se levantó hace ahora 115 años, en pleno parque Taoro. Y entrar en la casa de estilo victoriano es como hacerlo en un pedacito de Gran Bretaña porque la biblioteca funciona como un pequeño consulado al que acude la comunidad británica no solo a retirar libros o a sentarse a leer, sino también a tomar un té o a charlar en su agradable jardín. « Es un lugar de encuentro, sobre todo en invierno cuando hay más británicos residiendo en Puerto de la Cruz», asegura su tesorera, Daphne Haslehurst.

El lugar donde, después de muchos avatares, se decidió levantar no fue casual. En sus proximidades está la iglesia anglicana y una sala de la casa del capellán fue la sede provisional de The Orotava Library, el nombre primigenio, el que eligió cuando se fundó en 1900 Mary Boreham, su gran benefactora. También el Club Británico estaban muy cerca y la biblioteca se construyó al lado, en un solar de la finca conocida entonces como El Robado, propiedad de un coronel británico. Años mas tarde esa finca pasó a manos de la familia Yeoward y justo enfrente se levantó el International British Yeoward School. Ni el club, ni el colegio (sí el edificio) están ya allí, pero la iglesia y la biblioteca se mantienen donde mismo.

The English Library alberga más de 30.000 volúmenes, una cantidad de libros nada desdeñable que hasta hace poco se llegó a considerar de las más importantes colecciones en lengua inglesa fuera de Reino Unido. Es una leyenda, pero Daphne Haslehurst no esconde su orgullo al contarla porque, y eso es cierto, es «una gran colección», dice.

Los primeros libros los donó Mary Boreham, los mismos que ya prestaba en su casa desde finales del siglo XIX, pero, para llegar hasta esos 30.000 volúmenes, la biblioteca ha recibido infinidad de donaciones- «son muy importantes», dice Haslehurst- y ha adquirido también muchos ejemplares atendiendo a las listas de los más vendidos, que hacen las editoriales, y a las sugerencias de sus más de 300 socios.