Tomás mató a sus hijas

Trágico desenlace. Continúa la búsqueda en aguas de Tenerife pero el peor de los pronósticos se hizo ayer realidad. El cadáver de la mayor de las niñas estaba en una bolsa atada al ancla

CANARIAS7 Las Palmas de Gran Canaria

El hallazgo ayer en el fondo del mar del cuerpo sin vida de Olivia, la niña de seis años desaparecida hace mes y medio en Tenerife junto a su hermana Anna y su padre, cumple los peores pronósticos sobre el paradero de las pequeñas y rompe las esperanzas de una madre, Beatriz, que siempre defendió la tesis de la fuga.

Incluso hasta después de que el lunes fueron encontrados una botella de aire comprimido y una funda de edredón perteneciente al padre, Beatriz siempre defendió que se trataba de pruebas falsas que su expareja y padre de las niñas, Tomás G., había dejado para enmascarar una fuga con las niñas a otro continente.

Esta teoría de Beatriz levantó multitud de seguidores en todo el mundo, que compartieron en redes sociales las fotografías y los vídeos de las dos niñas que casi a diario esta joven madre de 34 años lanzaba. Beatriz nunca perdió la esperanza y su entorno habla de su espiritualidad como una de sus mayores fortalezas para afrontar este trance.

Y ayer tarde las redes sociales no le volvieron a fallar y se cuentan por miles las personas que le mostraron su pesar y su ánimo y acusan a Tomás G. de ser el causante de este daño irreparable.

La noticia surgió sobre las 19.00 horas, cuando la Delegación del Gobierno en Canarias comunicó el hallazgo por parte del buque oceanográfico de unos restos humanos que podrían corresponder a una menor.

El cuerpo fue hallado a unos 1.000 metros de profundidad en el interior de una bolsa de deportes lastrada en el fondo del mar por un ancla. Junto con esta bolsa se encontró otra pero vacía.

Aún a falta de los análisis definitivos, el cuerpo podría pertenecer a Olivia, de seis años, según informó el Tribunal Superior de Justicia de Canarias.

Las niñas fueron vistas por última vez el 27 de abril cuando su padre Tomás G. no las devolvió a Beatriz a las 21.00 horas como tenía pactado. Esa noche, las cámaras de la Marina de Santa Cruz de Tenerife grabaron a Tomás G. cargando en su lancha varias bolsas y zarpando una primera vez para volver dos horas después, aparentemente sin los bultos, para cargar un móvil. En ese tiempo habló varias veces con Beatriz, a la que advirtió de que nunca más volvería a ver a las niñas ni a él tampoco. Su rastro se pierde una vez que vuelve a zarpar en su lancha que fue hallada al día siguiente frente a las costas del municipio de Güímar y ahí comenzó una intensa búsqueda que continúa hoy. En este tiempo los investigadores han mantenido abiertas varias hipótesis aunque nunca han sido demasiado optimistas en cuanto a la resolución del caso.

Por ello el pasado 30 de mayo se sumó a la búsqueda el buque oceanográfico 'Ángeles Alvariño' para rastrear un fondo marino con una difícil orografía por su origen volcánico.

Dotado con un sonar y un robot submarino, el buque rastreó a profundidades de 1.000 a 2.000 metros y cuando estaba a punto de culminar sin hallazgo su operativa en este caso, se encontraron la botella de buceo y la funda de edredón por lo que se decidió que continuara por lo menos hasta el 14 de junio.

Ayer la búsqueda dio resultado pero precisamente el que nadie quería.