La energía liberada por el enjambre sísmico del Teide equivale a un terremoto de magnitud 2

La hipótesis principal es que esté relacionado con un proceso de desgasificación, puesto que bajo la isla de Tenerife hay «material caliente»

EFE Santa Cruz de Tenerife

Itahiza Domínguez, sismólogo del Instituto Geográfico Nacional (IGN), calcula que la energía liberada por la suma de los 458 movimientos sísmicos detectados en las Cañadas del Teide, al suroeste de Pico Viejo, en las últimas horas «llegaría a un terremoto de magnitud 2 o un poco más».

La hipótesis principal es que esté relacionado con un proceso de desgasificación, puesto que bajo la isla de Tenerife hay «material caliente» y puede que esté habiendo «pequeños aportes que se van acumulando durante años», aunque «esto es difícil decirlo con total seguridad».

En declaraciones a Efe, Domínguez admite que un enjambre sísmico «no se ve todos los días», aunque en los seis últimos años se han vivido tres parecidos, de similares características, y en la misma zona y profundidad.

El detectado en la madrugada de este viernes estuvo caracterizado por terremotos «muy seguidos» con una magnitud inferior a 1 y «cercana a 0», y de hecho «costó localizarlos -a 13 de ellos- porque son muy débiles».

Se pudo detectar, explica Domínguez, porque en Tenerife «la sensibilidad es muy buena», no tanto por el instrumental desplegado sino gracias a «la geología» de la isla, pues su terreno está «más compactado» que, por ejemplo, La Palma o El Hierro, donde ha habido erupciones más recientes, lo que permite una mejor transmisión de las ondas sísmicas.

Otra de las peculiaridades de Tenerife, ilustra el experto del IGN, es que es «muy activa» en lo que a seísmos se refiere.

Hay de media unos 1.000 al año, aunque en 2004 hubo un repunte y se elevó hasta los 3.000, y desde entonces ha habido altibajos; en La Palma hasta hace cinco años era de 20 terremotos, y en El Hierro, de 50 antes de que surgiera el volcán submarino Tagoro.

Itahiza Domínguez hace hincapié en que no hay otras señales, como por ejemplo la deformación de la superficie, que sí «serían preocupantes».

Y aunque en Tenerife la comunidad científica no ha tenido la ocasión de vivir una «erupción instrumental», se sabe por las referencias históricas que éstas han estado precedidas de «mucha sismicidad sentida por la población», y por ahora «no hay nada de eso».

Por lo tanto, opina que no hay motivos para la preocupación, si bien avisa: «esto es algo con lo que tenemos que convivir y no podemos descartar que algún día habrá una erupción. No sabemos si en diez o en cien años... lo importante es estar preparados«, subraya.

En este sentido, recalca que «lo bueno» es que las erupciones «avisan», como sucedió en La Palma, que venía mostrando indicios hacía unos cuantos años.