Imagen del pabellón de Infecar habilitado para la campaña de vacunación. / cober

Nunca doblegados, nunca rotos

David Morales
DAVID MORALES

Acabada la II Guerra Mundial, sólo en la Alemania arrasada por las fuerzas aliadas en pro de la liberación de Europa de la barbarie nazi, se estima que ciudades, edificios y fábricas quedaron pulverizados a la asombrosa cifra de unos 400 millones de metros cúbicos de escombros. Lo cual, para las tareas de reconstrucción que se avecinaban, se convertía en el mayor desafío logístico imaginable. Máxime teniendo en cuenta la falta absoluta de medios técnicos y de mano de obra.

Ante la casi total desaparición, durante el conflicto bélico, de la población masculina con edades entre los 15 y 60 años, fue la población femenina alemana la que inició la durísima (física y emocional) tarea de reconstrucción. Aquellas mujeres, conocidas como 'Trümmerfrauen' o 'mujeres de los escombros', acopiaron a mano, y a lo largo de interminables cadenas humanas, adoquines y escombros, empleados luego para reconstruir calles, aceras y los propios edificios derruidos. Hasta re-edificar, por extensión a su propio país, la Europa moderna que hoy conocemos y disfrutamos.

Con dicho ejemplo histórico, no trato de 'desmerecer' a la pandemia y sus devastadoras consecuencias sociales y económicas. Mucho menos tras los cientos de miles de personas fallecidas por coronavirus, más de 800 en nuestras islas. Pero sí, al menos, contribuir a relativizar, anímicamente, sus duros efectos ante la también ardua tarea que nos corresponde, de cara a reconstruir nuestro archipiélago. Pensando, en primer lugar, en las personas, familias y empresas que peor lo han pasado en el último año y medio. Y, en segundo lugar, en las próximas generaciones que han de venir a suplirnos como portadores de la futura canariedad.

Antes de que la pandemia nos noqueara y llevara a la lona, nadábamos en un contradictorio Atlántico en el que, a la vez que más de 15 millones de turistas disfrutaban con sus olas, 210.000 canarias y canarios luchaban en el embravecido mar del desempleo. Índice de paro que, ya de por sí, nos parecía un desafío. Pero se paró la vida. Se paró el planeta. Se esfumó el turismo. Y se fundieron los plomos de nuestra economía. Agigantando aún más el reto a afrontar en próximos meses y años.

Transcurrido año y medio desde aquel noqueo, en tiempo récord desde la óptica científica y sanitaria, nuestros brazos ya portan la necesaria carga vacunal para empezar a tratar, de tú a tú, al virus. Y en el proceso de la finalización paulatina de esta hibernación nunca deseada, nuestros faros de Orchilla, de San Cristóbal, de Fuencaliente, de Punta Cumplida, de Teno, de Anaga, de La Isleta, de Maspalomas, de Jandía, del Tostón, de Punta Pechiguera y de Punta Delgada, se conjuran, con sus luces centenarias, para alumbrar nuestro camino en una doble dirección.

La luz y dirección que hacen de señal geoestratégica para indicar a nuestros auténticos, únicos y efectivos planes de recuperación, nuestros turistas, que en las coordenadas geográficas latitud 28º24'03,70»N, longitud 14º08'06,03»O, sigue existiendo, y latiendo, la magia del mejor archipiélago del mundo. Esa que da pie al nuevo eslogan de Turismo de Canarias, 'La vuelta al mundo en 8 islas'.

Y la luz y dirección que deben hacer, también, de inexpugnable coraza entretejida para defender todo aquello que, por historia y jurisprudencia, nos corresponde como territorio frágil, fragmentado y alejado -no sólo geográficamente- en cuanto a la igualdad de condiciones vitales respecto al resto del Estado. En aras a gozar de las mismas oportunidades de recuperación, cohesión, equilibrio e integración social, educativa, sanitaria y económica.

En cuestión de coordenadas turísticas, tras meses de esa absoluta sequía metafóricamente denominada '0 turístico', desde mitad de julio podrían empezar a despegar hacia las islas, por ejemplo, los aviones del operador británico Jet2. Al menos con pasaje ya inmunizado gracias a las vacunas. Lo que, en el caso del Reino Unido, aun cuando nos siguiera manteniendo en la lista 'ámbar' de destinos turísticos con incidencia Covid algo elevada, podría suponer, si así lo decide finalmente el gobierno de Boris Johnson, el poder acceder a un potencial mercado de más de 32 millones de viajeros (un 48% de su población total), que han recibido ya la pauta completa de la vacunación.

Consideración turística, a la vez que sanitaria -la de no exigir períodos de cuarentena a viajeros ya inmunizados- que, sin duda, tendría su réplica en nuestros otros mercados emisores: Alemania, Países Bajos, Escandinavia, Francia, Italia, … Reforzado todo ello -junto al avance de la vacunación- por la entrada en vigor, en Europa, del denominado pasaporte Covid sanitario. Cuestiones ambas -vacunas y pasaporte sanitario- tornadas en factores fundamentales para la reactivación de la movilidad nacional e internacional de viajeros. Con un destino preferente: Canarias.

Reactivación de la movilidad que, a su vez, conlleva el que hasta casi un 70% de la planta turística alojativa de nuestras islas esté programando su reapertura para las próximas semanas. Aún en la prudente estimación racional de que la ocupación turística pueda rondar no más allá de niveles medios del 50% de ocupación en la recién iniciada campaña de verano. Pero que supone un punto de inflexión inmediato para empezar a rescatar a un importante número de entre los casi 80.000 trabajadores todavía en situación de ERTE en las islas.

En cuestión de coordenadas institucionales, la firmeza en la defensa acérrima de nuestros Estatuto de Autonomía y Régimen Económico y Fiscal de Canarias, incluso reconocidos y protegidos por la Constitución Española. Nuevamente víctimas del enésimo agravio centralista -dónde parecen gozar de tarifa plana para dañar, sin más, a Canarias- al atentar, no sólo contra nuestra solidaria identidad y realidad atlántica. Sino también contra nuestros principales elementos de integración y cohesión social y económica respecto al resto de España y de la Unión Europea.

Intentos de erosión y perjuicio social y económico del hecho diferencial canario acerca de su REF, ya sea sobre deducciones por inversiones en producciones cinematográficas; bonificaciones al transporte; protección de nuestras producciones agrícolas; deudas -aún no saldadas- para la conservación y mejora de nuestras carreteras; a-bombo-y-platillo anunciados, pero inexistentes, planes de reactivación para nuestro turismo; … Con la sospecha del desvío de recursos correspondientes a Canarias para la concesión de prebendas a otras Autonomías, a cambio del apoyo - de los partidos que sostienen a esos gobiernos- a la continuidad en el poder del monclovita de turno.

Pero a pesar de esos traspiés -endógenos y exógenos-, nada mejor que apoyarnos, decidida y motivacionalmente, en todos aquellos proyectos colectivos que contribuyan a la ilusión de una Canarias de futuro, referente nacional e internacional. En lo cultural, en lo humanitario, en lo social, en lo económico, en lo deportivo, en lo turístico, en lo educativo, …, con independencia del alcance o el tamaño de cada proyecto. Desde el adecentamiento de Escaleritas o de la Avenida Marítima, hasta la candidatura de Las Palmas de Gran Canaria como Capital Europea de la Cultura 2031.

La instalación del Telescopio Solar Europeo en La Palma, a partir de 2023. El proyecto La Gomera 100% Sostenible, en la misma senda que la Isla de El Hierro con Gorona del Viento. Los proyectos de sostenibilidad turística en el litoral suroeste de Tenerife, y los parques rurales de Anaga y de Isla Baja-Teno. La decidida apuesta del Cabildo de Gran Canaria por la consecución del ansiado Parque Nacional para la isla redonda. El proyecto Dreamland Studios en Fuerteventura, uno de los mayores proyectos audiovisuales en toda España. O Lanzarote, como referencia continua para la Agencia Espacial Europea, con el asentamiento de la primera base 'lunar' en la tierra, la Pangaea-X; o con el Green Moon Project, abriendo así camino a la futura agricultura espacial, gracias a que el regolito basáltico de la isla conejera se asemeja al de la Luna.

Proyectos, todos ellos, que, girando alrededor de nuestra estrella central del «sol y playa», orbitan en torno a la investigación, el medioambiente, las energías alternativas, la sostenibilidad turística, sectores culturales, transición ecológica, protección y conservación del territorio y del medio marino, lucha contra el cambio climático, economía circular, …

Estímulos más que suficientes que, de igual forma, debieran servir para que los estudiantes canarios de hoy y de mañana afronten con renovada ilusión, y mayores garantías futuras de empleabilidad, su fundamental etapa académica. De la mano, a su vez, de modernos programas educativos a implantar por nuestras universidades y centros de formación de toda índole, en aras a fomentar el estudio y la investigación, y a desarrollar y retener aquí todo ese caudal de talento.

De la mano, a su vez, de una administración pública que realmente se articule, modernice y ponga al servicio de la ciudadanía. Que atienda con inmediatez las necesidades más acuciantes de la sociedad, y que genere en las islas un ecosistema administrativo y jurídico, no farragoso y sí ágil, eficaz y eficiente para atraer a nuestra tierra todo tipo de inversiones.

Apela, acertadamente, la Asociación de Industriales de Canarias, Asinca, a nuestra canariedad. Con mención especial a que «somos la única región española que tenemos una palabra que nos define: no existe Extremaduraceidad o Navarraceidad, ni ninguna otra -iedad en toda España. Sólo canariedad». Para generar empleo, riqueza y un futuro sostenible en las islas. Porque la canariedad, como proclama Asinca, significa sobre todo el orgullo de pertenencia a una tierra única.

Noqueados por la pandemia, sí. Pero, pluralizando el título de uno de los episodios de 'Juego de Tronos', 'Nunca doblegados, Nunca rotos'. Porque el trono -y el honor- es nuestro. El de vivir en Canarias. El de luchar por Canarias. El de servir a Canarias.