Actividad de atuneros a mediados de semana en el muelle de Naos. / CARRASCO

El transporte parado en la península afecta a los atuneros de Lanzarote

Los barcos están saliendo a faenar, a pesar del encarecimiento brutal del precios del carburante; en el afán una campaña más de evitar el desguace definitivo de la flota

JOSÉ R. SÁNCHEZ Arrecife

La flota atunera de Lanzarote lleva algunas semanas de actividad casi plena, Casi coincidiendo con la invasión de Ucrania por parte de Rusia se inició la zafra de 2022, con el afán de nuevamente cubrir gastos y generar beneficios suficientes para, un año más, dar esquinazo al desguace definitivo de los barcos. Fruto de las primeras salidas, ya hay pescado en el mercado, si bien en su gran mayoría pendiente de distribución, con riesgo de que se pierda, según reconoce Andrés Cedrés, portavoz del colectivo de armadores Optuna.

A nivel doméstico se ha podido vender algo. A cambio, apenas si se ha podido comercializar la mayor parte de la producción, a causa de las movilizaciones de los transportistas terrestres en territorio peninsular. Más en concreto, el atún capturado lleva desde mediados de semanas bloqueado en Cádiz, para desazón de los inversores lanzaroteños.

A tenor de este panorama, en días venideros se valorará qué hacer. Hay quien aboga incluso por el amarre de la flota al completo. «Esto es cansino», comenta resignado Andrés Cedrés, pues esta circunstancia sobrevenida se viene a sumar al encarecimiento a gran escala que ha sufrido el carburante en las últimas semanas. El litro de gasóleo en la última remesa ya se pagó a casi un euro, muy por encima en consecuencia del precio medio que ya hizo que la campaña de 2021 fuera ajustada. Y se asume que aún puede ir la situación a peor, a expensas qué medidas se concretan desde el Gobierno estatal para que se vean acortados los precios de los combustibles para sectores estratégicos de la economía.

A favor, al menos, el sector tiene este año la ventaja de tener acuerdos en vigor para que se les deje faenas en aguas portuguesas de Madeira y en el caladero africano que controla Marruecos. Este beneficio guarda relación con los seis atuneros con base principal en Arrecife, en el puerto de Naos, más el barco con ubicación principal en el muelle de La Tiñosa de Puerto del Carmen. Para poder faenar en lugares tan alejados, la flota insular se está apoyando de marinería ajena a Canarias en buena medida, ante la cada vez menor presencia de marineros en el archipiélago.

Cabe añadir que en ambos casos, los emplazamientos están a larga distancia de Lanzarote, lo que implica un nivel alto de consumo. Esta semana ha reconocido el portavoz de Optuna en varios medios locales que el consumo de gasóleo «puede ser de más de 20.000 litros al mes». Y luego quedan otros desembolsos añadidos, como el hielo y los materiales necesarios para conservar las capturas, primero en los propios barcos y luego en tierra.

A largo plazo, ante todo lo expuesto, es normal que se vea el futuro con pesimismo. Máxime cuando encima hay factores que no se pueden controlar desde casa, caso del reparto de las cuotas de capturas, donde también se ven afectadas otras flotas de España.

Hace pocos años, en periodos de finales del pasado siglo. en Lanzarote era normal contar con más de 20 atuneros con capacidad para tomar parte de la zafra. Con el paso del tiempo, las circunstancias han ido obligando a recortar en cuanto a barcos, y eso a pesar de que se supo trabajar en la apertura de mercados, con exportaciones incluso que llegaban a territorio asiático.

Desafortunadamente, las evidencias son las que son, con lo que cabe colegir que las dificultutades de estos días pueden servir de argumento para quien considere que la flota atunera de Lanzarote está en riesgo de tener un final parejo al que hubo que asumir hace ya años con la flota sardinal. Cabe recordar que estos barcos llegaron a ser decenas hace medio siglo, para dar material a las conserveras varias que tenían base en Arrecife. De las fábricas envasadoras y de los navíos que las surtían, que daban trabajo a cientos de personas, quedan recuerdos e inmuebles en ruinas.