Llevan al colegio de veterinarios la muerte de Petra en una clínica

La perra falleció sola, asegura Carlos Egea, tras una complicada intervención quirúrgica, al no haber servicio de 24 horas ni permitirse que su amo acompañara al animal en sus últimas horas

LOURDES BERMEJO | ARRECIFE

Carlos Egea, propietario de una perra de raza dogo ha dirigido una carta al colegio de veterinarios de Las Palmas «como entidad competente y a modo de reclamación, esperando que tomen medidas» por la muerte de su mascota «completamente sola y sin vigilancia», en una clínica de Arrecife. Egea lidera la queja a los establecimientos que no cuentan con servicio de 24 horas, para que «ningún animal tenga que sufrir lo que pasó Petra», dice.

Petra tuvo que ser intervenida de urgencia en una operación «en la que participaron dos cirujanos y un ayudante, duró tres horas y costó 800 euros», explica Egea, para dar idea de la capacidad profesional del establecimiento que, sin embargo, cierra sus puertas entre las 21.00 y las 09.00 horas y no pudo ofrecer vigilancia postoperatoria al animal, no permitiendo tampoco a su dueño acompañarla durante la noche. El propietario de Petra explica que la perra era «como la chica de la familia», compuesta por él y su pareja y tres perros, dos teckel (salchicha) machos y la dogo. «Fui a buscarla a la península porque la quise a ella, tenía un vínculo especial con la perra», se lamenta, claramente afectado por su pérdida, «cuando era un ejemplar joven de tres años», dice.

El triste suceso se produjo el pasado 6 de octubre, cuando por indicación del veterinario habitual Petra fue llevada a la clínica, ante el grave cuadro médico. Allí se le diagnostió una torsión de estomago y se instó a operar de urgencia, «previo pago de la factura, que obviamente realizamos, ya que el dinero en este caso no tiene importancia, lo que importaba era salvarle la vida». Se realizó una cirugía a vida o muerte «y fuimos informados de los altos riesgos tanto en la operación, como en las siguientes horas». Una vez superada la intervención, se comunicó a los propietarios de Petra que el postoperatorio podía ser muy complicado y las secuelas múltiples, aunque no se le extirpó ninguna parte del órgano afectado. «Según nos contó la persona que se quedó esa tarde a cargo del animal, tuvo que recuperarlo de una crisis respiratoria, de la que salió, probablemente porque lera joven sana, estaba bien cuidada y alimentada», dice Carlos. La desagradable sorpresa vino cuando se les comunica que la clínica no cuenta con servicio permanente de 24 horas y la perra deberá quedarse sola hasta el día siguiente. «Les instamos a que nos dejaran quedarnos esa noche, y, si no podiamos hacer nada si le sobreviniera una crisis, al menos sí acompañarla en sus últimos minutos, pero se nos negó dicha posibilidad y el animal murió solo y sin vigilancia», indica. En pleno duelo, Carlos Egea pide «más sensibilidad» para que casos como el de Petra, «no se repitan».