Julio Santos, en la base de los Bomberos en Los Llanos, donde han estado trasladados por la proximidad de la lava a su edificio en La Laguna, donde entró la lava y se llevó media localidad. / Arcadio suárez

«Hay que pensar que el volcán se convirtió en piedra. Ahora toca seguir adelante»

Julio Santos, bombero del Cabildo de La Palma y vecino de La Laguna, una de la zonas más afectadas por la lava, trata de ser optimista pese a las dificultades que siguen atravesando los afectados

Silvia Fernández
SILVIA FERNÁNDEZ Los Llanos (La Palma)

El bombero del Cabildo de La Palma Julio Santos, que además es vecino de La Laguna (una de las zonas más afectadas por la lava) reconoce un año después del volcán que vino a darse cuenta de que había una erupción cuando ya había terminado. Durante los casi tres meses de duración la frenética actividad diaria no le permitía pensar.

« Me acostumbré a llegar a las 8 de la mañana, coger un vehículo y tirar para el volcán todo el día. A llegar un día a hacer lo que hacía antes y pensar, me falta ir al volcán, es que reventó aquí un volcán y darte cuenta de ello. Era una sensación rara», indica.

Julio, que ayudó a cientos de vecinos a sacar las cosas de sus casas antes de que llegara la lava y las sepultara para siempre, quiere ser optimista. Sabe del drama que ha vivido la isla, el sentimiento de tristeza que impera en los afectados, las dificultades económicas que atraviesan y la incertidumbre en la que viven un año después, pero aboga «por seguir adelante» una vez que el volcán paró. «Hay una frase que yo siempre digo, el volcán nos hizo mucho daño pero la lava paró y se convirtió en piedra que pisamos. Nosotros seguimos vivos y tenemos que seguir hacia adelante», indica.

Según señala, ahora a los palmeros les toca construir sobre eso. «Somos arena, salitre y volcán y tenemos que empezar a construir», manifiesta.

Este bombero del Cabildo considera que las obras de construcción de la nueva carretera de Los Llanos a Las Manchas avanzan a buen ritmo pero considera vital que se den soluciones para los afectados que lo han perdido todo. Como reflexiona, muchos de ellos no han recibido nada y no se sabe qué va a pasar con sus vidas.

Bajas laborales por presión

Asegura que el volcán «no es lo peor» que le ha tocado en sus años de profesión a pesar de que tuvo que ayudar a muchos familiares y amigos a desarmar en minutos sus casas para llevarse lo imprescindible y dejarlas atrás para siempre.

Sí ha sido, sin embargo, el volcán la actividad «más trabajosa y más cansada física y sicológicamente». De hecho, según apunta, en estos días que se cumple un año del volcán, es cuando hay varios compañeros de baja debido a la presión a la que han estado sometidos. «Por todo lo acumulado van cayendo poco a poco. Hemos aguantado mucha presión y es ahora, al año, cuando el cuerpo empieza a decir, hasta aquí. Es ahora cuando caes, cuando te das cuenta de la realidad de lo vivido», indica Julio.

Asegura que los casi tres meses del volcán se le pasaron más rápido que los años de pandemia porque era un «sinparar» todo el día.