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Robert Pkemoi y Octavio Pérez en Casa África, con Justo Artiles y Ana María Hernández, de Casa África. Casa África
Una mejor forma de que España y África se conozcan a través del arte y del deporte

Una mejor forma de que España y África se conozcan a través del arte y del deporte

Tribuna libre ·

El apoyo al atleta keniano que ganó la maratón de la carrera Transgrancaria y una exposición fotográfica denunciando la violencia contra las mujeres, entre las últimas iniciativas de Casa África

José Segura Clavell

Director general de Casa África

Sábado, 2 de marzo 2024, 12:23

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Hace hoy exactamente una semana que me sentaba delante de mi ordenador, con la ventana de Youtube abierta, ensimismado en la proeza de un hombre que brincaba y corría por la cumbre de Gran Canaria como si fuera parte de un juego. Parecía tan fácil su proeza, que imaginé que cualquiera podría seguirle entre pinos y rocas, camino de un roque Nublo que lo vio pasar como una exhalación por su lado.

Este hombre es Robert Pkemoi, un atleta keniano de solo 29 años, originario de un pueblo llamado Kapenguria. Lo que hacía era ganar la maratón de la Transgrancanaria, una prueba deportiva tremendamente exigente y hermosa que disfrutamos el viernes pasado. La Transgrancanaria es una de las competiciones de trail running más importantes de España y el señor Pkemoi se coronó como su vencedor por segundo año consecutivo. Culminó esta hazaña gracias a Spanish Skyrunners Kenya, un proyecto del emprendedor español Octavio Pérez creado hace tres años al que apoya Casa África y que, además, ha logrado abrir y mantener un centro técnico de entrenamiento en la ciudad de Iten, en Kenia. Ambos pasaron por la sede de Casa África antes de que arrancara la Transgrancanaria y tuvimos el placer de saludarles y desearles lo mejor en una prueba muy dura, de casi 50 kilómetros de distancia y con casi 2.000 metros de desnivel, cubriendo el trayecto desde Tejeda hasta Maspalomas, campo a través.

Supongo que imaginarán que el viernes no hubo sorpresas: Pkemoi ya es todo un especialista en esta prueba, que ganó en poco más de tres horas y media, un crono que añadía seis minutos a su victoria del año anterior. En 2022, participó por primera vez en la prueba y quedó sexto. Se dedica profesionalmente a esta labor, participando en competiciones similares, como la de Annecy, en Francia, de la mano de Sky Runners Kenia y Pérez. Este proyecto pretende ofrecer oportunidades de desarrollo profesional a talentos kenianos para que logren proyección internacional y participen, además, en el desarrollo de sus regiones de origen.

Cuando Pkemoi nos visitó, nos contó que se había casado en el intervalo entre las dos últimas Transgrancanarias. Su profesionalización como atleta, igual que sucede con otros compatriotas suyos que se dedican al mundo del deporte, está traduciéndose en el progreso de áreas rurales y apartadas, en las que las condiciones de vida pueden ser extremadamente duras. De hecho, Pkemoi explicó a los periodistas que le entrevistaron tras su triunfo que los 3.000 euros que se iba a embolsar tras su paso por nuestras Islas servirán para comprar un pedazo de tierra y vacas para su familia en Kapenguria.

La diplomacia deportiva es una de las facetas de nuestro trabajo quizás menos conocidas y más fascinantes. El deporte une a la gente y crea alianzas insospechadas. Recordarán que el único mundial logrado por la selección española de fútbol tuvo lugar en 2010 en Sudáfrica, un país al que nos ligan, desde entonces, la simpatía y los buenos recuerdos. El apoyo al proyecto de Sky Runners Kenia no es la única experiencia de este tipo en la que nos hemos embarcado ni en la que nos embarcaremos en el futuro. No en vano, hay iniciativas que hoy se llevan a cabo desde grandes instituciones deportivas de las islas, como el Campus Sansofé de la Fundación del Club Deportivo Tenerife y la Universidad de La Laguna, o de clubes deportivos más modestos, entre los que quizás destaquen los de lucha canaria, en los que se normaliza la presencia de gentes de diferentes orígenes y la inclusión se va construyendo al golpito y sin ruido.

Cambiando de tercio y en el territorio de la cultura, me gustaría también contarles que aquel viernes al que hice referencia al comienzo de este artículo inauguramos una exposición, El grito interior, que podrán visitar hasta el 10 de mayo y que nos parece especialmente pertinente en este mes de marzo que estrenamos. Se trata de un proyecto cien por cien africano, comisariado por el fotoperiodista Mamadou Gomis y que denuncia la violencia contra las mujeres a través de imágenes de 16 fotógrafas y fotógrafos del siete países africanos (Senegal, Mali, Togo, Benín, Congo, Costa de Marfil y Guinea). Son mayoría de mujeres y algunas de ellas lidian, de esta manera, con su propia experiencia personal, con el trauma de la violencia que se denuncia y combate.

Una de esas mujeres, la marfileña Ly LaGazelle, nos acompañó en la inauguración y nos explicó sus imágenes, en blanco y negro y en protesta por los obstáculos a los que tienen que enfrentarse las fotógrafas en los espacios públicos. Esta artista reconocida nos contó cómo solo una mujer pudo acreditarse entre los profesionales de la fotografía que cubrieron la Copa Africana de Naciones de fútbol, que tuvo lugar en su país en febrero. Además, precisó que no habían cesado de ponerle problemas en el ejercicio de su labor. Ly LaGazelle agradeció a este proyecto y a su comisario el visibilizar y reivindicar el trabajo de las fotógrafas, por una parte, y por otra, el ofrecer un espacio para poner en común, en libertad y seguridad, experiencias de violencia de género, para sanar y para crear comunidad.

No quisiera despedir mi tradicional artículo de cada semana sin recomendarles que visiten esta muestra, con imágenes muy poderosas que nos pueden llegar a todos al alma y que nos muestran que mujeres y hombres podemos luchar por un mundo mejor juntos en diferentes campos. También nos muestra que los africanos y las africanas se sitúan en la vanguardia de ese movimiento que pretende acabar con la violencia y la injusticia y lograr sociedades más equitativas, unidas y sanas.

La exposición de la que les hablo merece un artículo aparte y el mes de marzo es el momento ideal para detallar esta iniciativa y otras con las que denunciamos, reflexionamos y celebramos el mes consagrado tradicionalmente a la mujer. Por eso prefiero dejarles con este último par de párrafos que les engolosinen y despedirme hasta la semana que viene, invitándoles a que la vean y a que conozcan a más deportistas del continente africano y sus batallas para desarrollar a sus comunidades.

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