Carmelo Gil, aún lesionado. / C7

SANTA LUCÍA

Un vecino critica el «limbo» de un paciente canario en Sevilla

Una imprudencia hizo que se quemara el 40% de su cuerpo. Lo mandaron a Andalucía, lo trataron, pero tras el alta vino su odisea

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO Santa Lucía

Carmelo Gil Rodríguez pudo haber acabado peor, pero ha salido de este trance y quiere aprovechar su experiencia para reclamar una mejor y mayor coordinación entre los servicios de sanidad públicos de las comunidades españolas, en este caso, entre Canarias y Andalucía. Sus problemas surgieron cuando recibió el alta y tuvo que buscarse la vida en un lugar que no es el suyo y en un momento en el que seguía convaleciente. «Te dan el alta y se desentienden de ti, y te puedes ver en la calle sin nada. Yo tuve la suerte de que mi mujer viajó hasta Sevilla para acompañarme y, además, pudimos irnos a un hotel, pero ¿qué pasa con el que viaja solo o no tiene recursos?», se pregunta. «Luego te lo reembolsan, pero ¿y si no lo tienes?».

Todo empezó el 11 de octubre en una casa en zona de campo. Se hizo cargo de la barbacoa, cometió una imprudencia y se quemó el 40% de su cuerpo. Lo llevaron al Negrín y, de allí, al día siguiente, le enviaron en un avión del SAMU al Virgen de Rocío de Sevilla. Allí estuvo 24 días en coma y luego ingresado en la unidad de quemados. El trato que recibió fue «excelente». Pero 43 días después, el 23 de noviembre, le dan el alta y empezó su aventura.

Una persona que está tanto tiempo encamada precisa de rehabilitación. Dos días antes del alta empezaron a dársela. Lo sentaban en un sillón, para que se volviera a acostumbrar a estar incorporado. El primer día en una hora se desmayó dos veces. Pero era tal la ilusión por volver a la isla que del hospital se fue directo, y en ambulancia, al aeropuerto. No aguantó nada. El primer síncope le dio cuando aún entraban pasajeros. El médico de Aena le dijo que así no podría volar y vuelta al hospital. Entró por urgencias, y cuando fue atendido el facultativo le diagnosticó que lo suyo no era una enfermedad, sino falta de rehabilitación. Carmelo le preguntó entonces que quién se la daría y como sería trasladado y el doctor se desentiende. Que no era asunto de su competencia.

«Te dan el alta y se desentienden de ti. Te puedes ver en la calle aún convaleciente»

Tras insistirle, se compadeció y le dio un documento para continuar haciéndose las curas en el hospital aquellos días y les recomendó una empresa que les alquilase una silla de ruedas. Así estuvieron una semana más en Sevilla, alojados en un hotel. Le cuesta creer esa falta de seguimiento con un paciente que viene de otra comunidad, de un servicio de salud distinto. «¿Qué le hubiera pasado a otro paciente sin recursos ni apoyo familiar?», se pregunta.