Vista panorámica de la playa tras el cierre durante cinco años. / Arcadio Suárez

«Tanto tiempo cerrada para solo echar arena»

Mogán. La playa de Tauro abre después de cinco años y los usuarios opinan del cambio. Los vecinos piden a los bañistas que recojan la basura

ANDREA MENDOZA Las Palmas de Gran Canaria

«Ya no es ilegal», dice Beatriz Sánchez, una de las usuarias de la playa de Tauro, cuyo acceso quedó restringido por la Dirección General de Costas en 2016. Ahora, una vez abierta y bajo la tutela del Ayuntamiento, presenta una nueva imagen: no es de callaos, sino de arena. «La veo peor, la arena se ha comido mucho el agua», comenta Beatriz. Por su parte, su pareja Roberto Rodríguez, apunta que el camino lo han dejado «un poco mejor, antes estaba lleno de piedras».

«Tanto tiempo cerrada para echar arena nada más», señalan Minerva Calderín y Edi González, quienes aprovechan con su familia de un día de playa. Se alojan en unos apartamentos de Arguineguín y han aprovechado para «probarla» después de que se enteraran de que ya estaba abierta. «Hace años vine y estaba espectacular», comenta Edi, quien tras recordar cómo era antes y cómo es ahora, expone que, salvo la arena, no nota diferencia: «El camino no lo han limpiado, tampoco han habilitado una zona para aparcar, tienes que buscarte la vida. Nosotros bajamos a descargar y volvimos a subir porque no podíamos dejar el coche en ningún lado». Y es que el acceso en vehículo a la playa solo está permitido a los residentes de la zona, a los proveedores de los establecimientos y a los servicios de seguridad y emergencia. El Ayuntamiento es consciente del hándicap y afirma su voluntad de recuperar la carretera que había antes de que la anterior promotora procediera con las obras en la arena. El concejal de Seguridad Ciudadana, Mencey Navarro, confirma que están «tratando de rescatar ese tramo para que el acceso a la playa sea más fluido y no se produzcan en su entorno atascos o algún otro tipo de incidencias. Si lo logramos, el acceso a la playa se hará por la zona de la desaladora y la salida será en un único sentido por el Restaurante Guantánamo».

Minerva y el resto de personas que disfrutan de la playa tampoco entienden cómo es posible que la cala no cuente con servicio de socorrista. «Es materialmente imposible desde el punto de vista de la tramitación administrativa llevar a efectos estos servicios en un plazo tan corto de tiempo», señalan en el consistorio.

Las casas del camino

«El otro día estábamos en la playa del Cura y vimos que había sombrillas», así se dio cuenta Juan María Fernández, otro de los usuarios, de la apertura de la cala de Tauro. «Las playas son de los canarios, está bien, pero no está en condiciones como para estar abierta. Falta el servicio de socorrista y el acceso es muy complicado», declara mientras recuerda que de pequeño solía venir a disfrutar de la misma. «Las casas que se ven no me molestan, siempre han estado, no me gustaría que sacaran a la gente que vive ahí ni que hicieran de esto otro Puerto Rico, Amadores o Anfi del Mar», manifiesta desde la orilla después de haber pasado un rato en el agua nadando con las gafas.

En varios puntos de la playa se encuentran unos carteles informando a los bañistas de las normas, de la ausencia de socorrista y de las zonas restringidas. El baño está prohibido en sus dos extremos, en la orilla que mira a Amadores por la existencia de una tubería que procede de una desaladora y que vierte salmuera al mar y en la zona que da a la Playa del Cura por riesgo de desprendimiento de rocas.

Sebastián González e Idaira, padre e hija, han venido a la playa desde Las Palmas de Gran Canaria tras enterarse por la radio de la apertura. «Cuando éramos chicos veníamos y nos quedábamos en el 'camping', también recuerdo que mi padre aparcaba el furgón donde ahora está el cartel, sacaba la barbacoa y ahí mismo nos quedábamos. Había una montaña de piedra que la bajabas y llegabas a la arena, que era toda oscura», rememora Idaira. Se muestran contentos pero afirman que «no es lo mismo, han puesto mucha arena. Nosotros éramos de los que nos pasábamos el día en el bufadero», confiesa Idaira mientras señala la cicatriz que se hizo de pequeña en la pierna cuando se tiraba: «No me dí cuenta hasta que salí y estaba sangrando».

La isla tiene una gran variedad de playas y no todos han visitado la de Tauro. Este es el caso de Inma Sánchez: «He venido dos veces y el agua la veo muy clarita y limpia». Por su parte, Mónica Gómez es asidua a la zona. Su familia y ella residen en Francia y desde hace cinco años vienen todos los veranos a Canarias: «Hace dos años no podíamos pasar pero entramos igual porque nos encanta esta playa. No hay ningún cambio, excepto el de la arena artificial, es finita y al pisar no te duele en los pies, no como la de Amadores».

Los vecinos, que también se muestran felices por la apertura, piden a toda la gente que vaya que recoja la basura que generan. «Estamos sacando del bufadero cajas llenas de latas, botellas, bolsas de papas... Qué necesidad tenemos los vecinos de estar arrastrando la basura que dejan los demás», se pregunta Paqui Sánchez, quien tiene desde hace 50 años una casa en la misma entrada de la playa. Piden al Ayuntamiento que habilite papeleras. Son conscientes de que por la tarde siempre acuden los servicios de limpieza, pero les gustaría que la ciudadanía fuese más respetuosa con el medioambiente. También piden a todas las personas que acuden a la cala que cumplan las normas. Desde que se abrió ya han visto a varias familias con perros, cuando en los carteles se advierte de que la entrada con animales está prohibida.

A Paqui le parece «estupendo» que se pueda acceder de nuevo a la playa, pero prefiere la de antes, en la que se crio: «La gente se quejaba de que era de callao pero eso era en invierno, en verano nos entraba la arenita natural de toda la vida, esta es una porquería», señala mientras la observa.

«Nosotros no aceptamos esta arena, cuando venga el mal tiempo del suroeste lo desarmará todo», sostiene Paco Ojeda, quien regenta desde hace cinco años el único establecimiento abierto que está a pie de playa. Coincide con las vecinas en lo «sucia» que es la gente. Todos los días pone un contenedor pequeño en la entrada del bar para que la gente tire las bolsas. Al final del día lo remolca con su coche y se lo lleva. Ojeda, es el secretario de la Asociación de Vecinos de Tauro: «La playa hay que dotarla, como cualquier otra, de todos los servicios: aseos públicos, limpieza... Le hemos dicho al jefe de Costas que venga para tener una reunión conjunta el Ayuntamiento, la asociación y Costas», puntualiza.

En una de las mesas del bar se encuentra sentada Bente Fladmark, una extranjera que viene todos los años a Gran Canaria a pasar una temporada. Su hermana tiene desde 2014 una casa en El Platero y ahora ella se plantea comprar otra por la zona. En diciembre vino a disfrutar del clima y la mala situación del covid por la que estaba pasando Inglaterra hizo que se decidiera quedar tres meses seguidos en la isla. Aprovechó y comenzó a ir varios días a la semana a clases de español; ya tiene muchos amigos y cuenta que lo que más le gusta «es la cercanía y el trato de la gente, son muy amables».