Saro posa en su casa junto a su hijo de 17 años. / ARCADIO SUÁREZ

«Sufro viendo a mi hijo en un lugar que no es el adecuado para él»

Saro busca un centro adaptado a las necesidades del menor para que ella pueda ir a trabajar por las mañanas y mantener a ambos

Juan Pérez Benítez
JUAN PÉREZ BENÍTEZ Telde

Saro Ramírez está cansada de vivir un calvario día tras día. Es lo que se conoce como una madre coraje. Desde hace muchos años ella sola se encarga de cuidar y mantener en una humilde casa en Caserones a Eliacer, su único hijo, al que dio la vida hace 17 años y que más tarde se le detectó con un trastorno del espectro autista (TEA).

Todo iba bien hasta finales del año pasado, cuando a Eliacer le da un fuerte brote psicótico durante una excursión programada por su centro escolar. Tras este ataque, en el que se muestra más agresivo y más descontrolado de lo normal, es ingresado en el Hospital Insular. Allí le sometieron a un tratamiento y cuidados especiales durante 30 días. « Desde ese entonces a mi me cambia la vida. He perdido casi el apetito y estoy muy nerviosa viendo a mi hijo de esta manera sin saber qué hacer», desvela la madre.

El menor actualmente ocupa una plaza en el IES Lomo de la Herradura, donde recibe lecciones en el Aula Enclave, una unidad de escolarización en centros ordinarios, en las que se proporciona respuesta educativa al alumnado con necesidades especiales. Pero esto no parece estar siendo el lugar adecuado para él.

«Desde aquel episodio psicótico, ha tenido dos más. Estoy muy preocupada porque creo que no está acudiendo al centro en el que debería estar», explica su progenitora. Su madre le ve cambiado desde que salió del hospital y cree que no está recibiendo la atención educativa que de verdad necesita. «Mi hijo no debe estar en una clase especial dentro de un instituto común, mi hijo necesita un lugar en el que eduquen a niños con necesidades especiales, con profesionales que traten, conozcan y tengan los recursos precisos para estar con niños con TEA».

«No le veo feliz»

El menor posee un 70% de discapacidad psíquica reconocida. Ni los médicos ni los psiquiatras le han dicho que deba cambiarse de centro por ahora, pero a Saro últimamente le está costando un mundo levantarle de la cama para que vaya al instituto. «Muchas veces pierde la guagua porque no quiere ir. Sufro viéndole en un centro donde no le veo feliz y por eso le estoy dejando en casa, pero esto no puede seguir así. No me lo puedo permitir. Tengo un trabajo al que tengo que acudir», lamenta.

Ella se gana la vida como asistente del hogar y necesita ese sueldo para vivir, mantener la casa y a su hijo. Los últimos días está dejando que Eliacer se quede en el hogar con su abuela. « Mi madre me está echando una mano ahora porque no me queda otra, pero no puedo depender mucho tiempo más de una persona de 77 años para que cuide de mi hijo. Él mide casi dos metros y sé que en cualquier momento puede ponerse agresivo si ve algo que le incomoda o no le gusta», clama.

Es por esta razón que desde hace unas semanas ya tiene preparados los papeles para solicitar a las administraciones públicas el cambio a un centro especial a partir del próximo curso. «Me ha ayudado mucho la orientadora educativa del instituto. Me dijo qué papeles tenía que conseguir y todo. Ahora tengo que esperar hasta septiembre para que me digan si aceptan la solicitud o no. Solo busco que mi hijo pueda tener la educación que necesita con los mejores medios», desea.

«San Juan de Dios sería ideal»

Su prioridad es que el adolescente esté en un entorno lo más saludable posible y donde se pueda desarrollar de la mejor manera, aunque a su madre le gustaría que le aceptasen en San Juan de Dios. «He hablado con gente que lo conoce, e incluso con la propia directora, y he escuchado cosas muy positivas. Ojalá pueda ir allí, pero sé que es difícil porque tienen un número limitado de plazas y hay lista de espera. Por lo menos sería bueno para mí que estuviese internado de lunes a viernes. Si duerme en mi casa entre semana y por las mañanas vuelve a no querer levantarse, me seguiría impidiendo ir a trabajar para ganar algo con lo que mantenernos», manifiesta.

Del mismo modo, Saro también se ha puesto en marcha desde ya para solicitar, con vistas al 2024, al Cabildo por una plaza en algún centro especializado de la Isla donde Eliacer pueda seguir progresando tras finalizar el periodo escolar.