Ortega analiza el legado de la cultura del agua en el lenguaje

El pasado agrícola de la sociedad canaria y la importancia del agua ha quedado reflejado en el lenguaje. Por ese motivo, el profesor Gonzalo Ortega Ojeda hará hoy un repaso de cómo el líquido trascendental en las islas ha conformado parte del vocabulario, la fraseología y también la toponimia.

CRISTINA GONZÁLEZ OLIVA

La casa museo León y Castillo de Telde organiza las VII Jornadas de Cultura del Agua, dedicadas a la huella de este recurso en el arte, el patrimonio lingüístico y la religiosidad popular en Canarias, y especialmente en Gran Canaria. El catedrático de Lengua Española de la Universidad de La Laguna y miembro de la Academia Canaria de la Lengua, Gonzalo Ortega, abre hoy esta iniciativa para explicar cómo ha influido y aún influye el agua o sus derivados en el habla canaria. En la conferencia El reflejo de la cultura del agua en Gran Canaria: vocabulario, fraseología y toponimia, hará un repaso de esta herencia.

Ortega se centra en los canarismos, en palabras como cantonera, tronera, dulas, remates o galerías. Pero los modismos dejan también patente la relación: «estar haciendo arrumacos el tiempo» como muestra de indecisión a la hora de que haya lluvia; «llover como quien tira cacharros» cuando cae de forma torrencial o «yo siempre he comprado agua y no solo viento». En el apartado de los refranes resalta «agua y sol, año criador», «arco iris en el mar, barrunta temporal» o «cielo encarnado, suelo mojado». Ortega explica que el término barranco se uso de forma diferente en las islas que en la península, por lo que aquí es normal escuchar que el barranco «crece o corre».

Lugares.

La toponimia canaria deja en evidencia también la relación entre agua y lenguaje. Pone como ejemplo sitios, que son hidrotopónimos, como El Albercón, El Manantial, El Pilar, El Chorrillo o El Chorro, o nombres como La Gavia, entre muchos otros disgregados en la geografía canaria. Como curiosidad, Ortega apunta a adjetivos que normalmente se usan para hablar del estado de ánimo de las personas, pero que se utilizan para el tiempo atmosférico, como el día está triste, está amulado o zorrudo, cuando amenaza lluvia.