Huertos urbanos para cosechar fidelidad comunitaria

Agricultura. El Ayuntamiento ha recuperado y cedido dos espacios a habitantes de Jinámar para su explotación agrícola, ecológica y guiada, donde aprenden a sembrar diferentes alimentos y crean un magnífico ambiente intervecinal

Juan Pérez Benítez
JUAN PÉREZ BENÍTEZ Telde

Los huertos urbanos verdecen los territorios cargados de edificaciones, coches y carreteras. Son un respiro entre tanta infraestructura y polución. Un trozo de campo llevado a la ciudad. Un lugar para aprovechar y plantar de manera ecológica, respetando el medio ambiente. Es darle un rincón en la vida metropolitana a la naturaleza. Para los vecinos de Jinámar que participan activamente en alguno de los dos que tienen en el barrio es, además, una manera de crear una buena convivencia intervecinal.

La junta directora del Plan Integral del Valle de Jinámar ha acertado de lleno con la apuesta definitiva en estas fincas con la rehabilitación de lugares abandonados o poco aprovechados para que los vecinos den rienda suelta a sus ganas de laborear en comunidad. Ante el éxito de la primera apertura en la calle Ídolo de Jinámar, culminada hace ya dos años, y la demanda de algunos habitantes, desde la Concejalía de Distrito Jinámar, con Servando González como coordinador del área, han decido repetir la fórmula habilitando recientemente un segundo espacio en la zona conocida como 'Los Cuarenta' para la explotación agrícola de sus residentes.

El edil asegura que están muy contentos con la aceptación y el desarrollo de la actividad en este enclave, por lo que han accedido, en cuanto han podido, a las demandas. La extensión del primer terreno es de casi 8.000 metros cuadrados, donde ya se ha recogido una cantidad ingente de sandías, melones, lechugas, papas, batatas, berenjenas, etc. Todo para el consumo de los propios vecinos participantes. En épocas de gran cosecha también donan algunos de estos alimentos frescos a asociaciones que lo necesitan o a la propia iglesia del pueblo. La segunda parcela acondicionada tiene una extensión menor, de unos 1.000 metros cuadrados, pero que son suficientes.

Para que el proyecto dé sus frutos es muy importante la pieza del agricultor profesional que enseñe y guíe a los vecinos. En este caso es Antonio Navarro, quien insistió para sacar adelante este proyecto. Técnico de explotaciones agrarias, profesor de formación profesional agrícola y 45 años a su espalda como trabajador en la tierra, le avalan para ser un perfecto instructor en esta materia. Como defensor de lo ecológico y gran amante de las cosas bien hechas, se manifiesta muy alegre del impulso público para que este tipo de propuestas se proyecten y mantengan. «El sector primario hay cuidarlo», subraya Antonio, que a su vez expresa su sorpresa por la gran solidaridad mostrada por los residentes en todo momento.