La Sima de Jinámar, de símbolo del genocidio fascista a estercolero

Esta ubicación, calificada como bien de interés cultural y referente en la memoria histórica de la isla, presenta un grave estado de abandono

Ronald Ramírez Alemán
RONALD RAMÍREZ ALEMÁN Telde

Telde. Los familiares y compañeros de Domingo Valencia fueron los últimos en acudir a la Sima de Jinámar para homenajear el recuerdo del primer condenado a muerte menor de edad por Franco, y cumplir así con su voluntad depositando sus restos junto al de otros camaradas que, como Valencia, combatieron por la libertad hace más de 60 años. El tributo se realizó en los alrededores de este enorme tubo volcánico de 170 metros de profundidad, porque era aquí, tras la sublevación de 1936, hacia donde llevaban a los dirigentes sindicales y afiliados a las organizaciones republicanas para darles muerte. Aún hoy, más de 60 décadas después, un incontable número de restos humanos y cráneos con impactos de bala yacen en esta recóndita fosa común.

Pero lo hacen junto a lavadoras, frigoríficos y todo tipo de escombros. El Cabildo lleva años prometiendo limpiar el lugar y exhumar los cadáveres, pero de momento solo han sido palabras. Mientras, el deterioro de la sima se acrecienta y ya hasta su acceso (una carretera destrozada y sin señalización) está repleto de vertidos. Una situación a la que se ha llegado, además de por el incivismo de la gente y de por la falta de conservación de las instituciones, debido a la planta de reciclado de escombros que se encuentra a escasos metros y que inunda este bien de interés cultural de todo tipo de materiales altamente contaminantes.

«Es un atentado al patrimonio histórico con nombres y apellidos. Sus culpables continúan encubriendo miles de crímenes fascistas cometidos en este archipiélago, permitiendo que cientos de luchadores por la libertad y la democracia sigan enterrados en este agujero de la vergüenza, sin interés en desarrollar un proyecto de exhumación, la creación de un monumento, de un lugar de memoria, de dignidad o de reparación que sirva de homenaje y reconocimiento a quienes fueron asesinados injustamente por defender un mundo mejor», determina con indignación el presidente de la asociación de familiares de fusilados de San Lorenzo, Francisco González, quien no comprende la «pasividad» del ente insular «sabiendo que en su interior se encuentran los restos humanos de cientos de asesinados por el fascismo», amplía este nieto de un sindicalista fusilado.

La necesidad de actuación es unánime por todas las partes, pero es capital que las palabras se conviertan en hechos para frenar el deterioro de la Sima y honrar, de una vez por todas, la memoria de los que allí descansan.