Un grupo de ecologistas intenta parar el sellado de un humedal en Riquiánez. / Juan Carlos alonso

«Hay que salvar Riquiánez, también»

Un grupo de ecologistas sale en defensa del entorno de Riquiánez, en Arucas, donde camiones llenos de tierra y escombros están sellando un humedal, sepultando fauna y vegetación

Patricia Vidanes Sánchez
PATRICIA VIDANES SÁNCHEZ Arucas

Lomo de Riquiánez es una joya natural a dos pasos del casco de Arucas. De ahí que esté en proceso su declaración como Espacio Natural Protegido en la categoría de Paisaje Protegido por parte de la Consejería de Transición Ecológica, Lucha contra el Cambio Climático y Planificación Territorial del Gobierno de Canarias.

Mientras eso llega, este martes un grupo de ciudadanos protagonizó una acción reivindicativa con el fin de parar el sellado de un humedal en la finca colindante al espacio de Riquiánez.

«Están rellenando un estanque de barro, vienen camiones sin parar y se dedican a tirar tierra y escombros, sepultando todo. Palmeras canarias protegidas, y parece que les da igual; aves como cigüeñuelas, pollas de agua y garcillas bueyeras, pero les da igual; lagartos; cañaveral, vegetación típica de humedales, donde la mayor parte de las aves que viven aquí nidifican, ya sepultado», dice Desirée Benítez.

«Hemos llamado al Seprona, como hicimos hace seis meses, cuando se abrió un expediente» derivado después a la Agencia del Medio Urbano y Natural. «Ahora dicen que no pueden hacer nada; es sorprendente, si ellos no pueden hacer nada, ¿qué podemos hacer nosotros?».

En realidad este grupo de vecinos de Arucas, de ecologistas de a pie, de activistas veteranos, como Honorio Galindo y César Hernández, lo tienen clarísimo.

«Ahora tenemos que salvar Riquiánez, también, y esperamos que nos ayuden». Y en ello están, con acciones en el terreno y una campaña en redes sociales.

«Estamos para salvar Chira y Soria, Riquiánez y lo más cercano a lo nuestro, y porque no podemos ir más allá». Entieneden que la sociedad no se piede quedar parada ante lo que tachan de nuevo atentado ecológico.

Parar la obra y salvar el entorno aunque sea por una hora

La finca donde se está llevando a cabo la obra de sellado del humedal, a los pies de Riquiánez, «es privada, pero es responsabilidad de todos» lo que se hace en el medio natural, defienden activistas Conrado Almeida.

Además, «no hay carteles de obra, y los residuos no se pueden tirar así como así».

Vista general del estanque que se está sepultando. / Juan Carlos alonso

El grupo que se ha armado en unos días para proteger Riquiánez apunta que los camiones vienen de dos obras cercanas y tiran sin contemplación tanto tierra como escombros.

La alteración del terreno, colindante con un espacio protegido en breve, no puede quedar impune, aseguran los ecologistas. Hoy lograron por una hora parar los vertidos al ponerse delante de la pala del tractorcon una pancarta.

« Un ecosistema ya formado con hábitat de aves y flora no se puede tapar de esta manera. las especies hay que respetarlas», apunta César Hernández en el terreno que intentan salvar.

Ahora harán una denuncia formal y solicitarán toda la documentación posible sobre la obra en cuestión, trámite que saben puede alargarse un mes. Un tiempo que es oro pues la alteración del espacio ya es palpable a simple vista.

Sanciones a la vista y paralización de obra

En la finca se personó a media mañana la Policía Local de Arucas y agentes de la Guardia Civil.

Tras ello, el concejal de Urbanismo de Arucas , Octavio Rodríguez, reconoció la existencia de una licencia de obras que data de 2018 «para sellar el estanque en una altura de 3 metros desde cota cero y siempre salvaguardando las palmeras existentes, que deberían ser ubicadas en otro emplazamiento».

Sin embargo, «se ha sobrepasado lo permitido, hay una denuncia a través del Seprona y se dará cuenta a la Agencia de Protección del Medio».

A la vista de lo sucedido, «habrá las sanciones correspondientes, y se vera si tiene que restablecer el orden jurídico perturbado». Por lo pronto, la obra se para.