Vista de los laureles de Indias de El Pajar correspondiente al pasado mes de abril. / Agustín Suárez

Al rescate de los monumentales laureles de Indias de El Pajar

Los ejemplares más grandes de 'Ficus microcarpa' de la isla sufren una depresión vegetativa que será tratada con riego, abono y poda

Jesús Quesada
JESÚS QUESADA Las Palmas de Gran Canaria

Los monumentales laureles de Indias de El Pajar, los mayores de la isla, no atraviesan el mejor momento de su siglo de vida. Sufren una depresión vegetatitva que les hace perder sus hojas verdes desde el inicio de la pandemia. A los dos colosos que desde sus copas observan impertérritos la llegada de pateras al puerto de Arguineguín, el trajín de la cementera de El Pajar y la actividad del poblado de precariado nacido en sus cercanías no les sentó bien que alguien recogiera en montones la cama de hojas secas que habían creado sobre sus raíces.

Destinados a protagonizar con sus 20 metros de altura y los 60 metros que suman los diámetros de sus copas un parque público en gestación en terrenos de la familia Del Castillo, la asociación de vecinos de El Pajar, el Cabildo y el Consistorio de San Bartolomé de Tirajana han emprendido juntos su recuperación.

Los ejemplares monumentales en una imagen de febrero de 2018. / Agustín Suárez

De momento, el Ayuntamiento les ha puesto riego por goteo a modo de suero urgente y busca abono maduro de caballo o vacuno para que la cuadrilla Phoenix del Cabildo extienda una capa de alimento bajo su sombra, ahora desnuda y con las raíces expuestas, y la cubra con las hojas secas retiradas. Luego se les pondrá un sistema de riego más amplio y se les podarán las ramas muertas más pequeñas. Todo se hará antes, durante y después del próximo verano.

Incluidos en el Catálogo Insular y de Árboles y Arboledas Singulares en elaboración, los laureles de Indias de El Pajar crecen al nivel del mar sobre un suelo muy permeable y poco profundo. El molino que había a su lado desapareció y en la acequia cercana, La Correntilla, ya no va nadie a lavar sus ropas. De sus viejos vecinos apenas queda el pozo aledaño, con su obsoleta maquinaria, que también se integrará en el parque público.

Los árboles hermanos de El Pajar en una fotografía de septiembre de 2019. / Agustín Suárez

Plantados, según el testimonio un vecino, por el maquinista Pedro Cerpa, los dos ejemplares de Ficus microcarpa han quedado encajados entre una hilera de casas, de la que les separa un muro y una plantación de plataneras, próxima a una nueva construcción turística. El convenio urbanístico que permite la obra incluye su salvoconducto para futuras generaciones.

La reanimación de los monumentales laureles de Indias de El Pajar, que ya empieza a dar resultados, sucede a los cuidados especiales que el Cabildo brindó durante un año y hasta el pasado marzo al drago de Barranco Alonso, en Santa Brígida, y no es la única intervención prevista en los árboles propuestos para el Catálogo Insular.

El drago de Luis Verde, en Valsequillo, está afectado por la lapilla. / Agustín Suárez

Desde el pasado verano, el Consistorio de Valsequillo riega regularmente el drago de Luis Verde, de más de 220 años, debilitado por una afección de lapilla. Y en breve el Cabildo desbrozará el entorno de la sabina de Tirma, la más antigua y monumental de Canarias, con más de 400 años, para que le llegue más luz.