Francisco Manuel Navarro, a bordo de un barco, en una imagen cedida por la familia. / C7

Una verdad hundida en Terranova

Reclamación. La familia del biólogo fallecido en el 'Villa de Pitanxo' pide ayuda para que un barco lleve a Canadá los equipos para analizar el naufragio

Javier Darriba
JAVIER DARRIBA Las Palmas de Gran Canaria

El tiempo no pasa siempre igual . Este lunes se cumplen seis meses desde que las aguas de Terranova se tragaron el buque 'Villa de Pitanxo' y, con él, la vida de un joven biólogo, vecino de Las Palmas de Gran Canaria. Ese medio año ha sido eterno para su familia, que ahora se enfrenta a contrarreloj al reto de conseguir un barco que lleve a la zona de la tragedia los equipos que permitan bajar hasta el pecio hundido y analizar las causas del naufragio. Si ya no queda tiempo para recuperar los cuerpos, por lo menos que no se pierda más tiempo para reflotar la verdad.

«Estamos desesperados, realmente, porque vemos que estamos a contrarreloj», explica Mónica Navarro, hermana del fallecido Francisco Manuel, «si no se hace ahora, en este mes, ya tendríamos que esperar al verano que viene porque ya luego empieza la temporada de invierno y las corrientes son mayores y dificultarían la operación. Nuestro llamamiento es hacia una institución o una persona, como hemos visto, tantos obstáculos por parte del Gobierno, pues si alguna institución, persona o entidad pudieran poner un buque a nuestra disposición, que lo facilitara...».

«En lo que estamos haciendo hincapié es en que bajen, que se haga un estudio fotográfico y visual porque de ahí saldrá la verdad real», prosigue, «los peritos navales podrían esclarecer los motivos reales del naufragio». Y, sobre todo, «para que sirva de precedente y no vuelva a ocurrir».

Su voz suena llena de desesperanza con el Estado español. El reciente encuentro con el Gobierno central no ha servido, según Mónica Navarro, sino para alimentar todas las angustias. «En todas las reuniones que hemos tenido siempre han sido vaguedades, respuestas en el aire», explica, «dicen que tienen la intención de ayudarnos, pero luego realmente todo se queda en palabras».

La hermana del biólogo canario insiste en que solo se necesita un barco porque desde Noruega se ha puesto a disposición de los familiares un sónar y un robot para realizar el análisis de los restos del naufragio.

«Es muy triste ver que recibes la solidaridad de otros sitios y luego tu propio país te da la espalda», resume.

Investigación judicial

En estos momentos, familiares de los fallecidos y algunos de los supervivientes cuentan que el patrón del barco, Juan Padín, se negó a soltar las capturas cuando el pesquero daba signos de inestabilidad. «Los marineros le gritaban que soltara la captura, que diera la orden de activar dos palancas y tirar la captura. Era simplemente hacer eso. Pero él priorizó una captura. Al final, ni capturas ni vidas humanas», asegura Navarro.

Su relato es el mismo que el ofrecido por un marinero superviviente, Kwesi, ante la Audiencia Nacional, como informaba Efe a principios de junio. En el auto judicial se recoge también la declaración del capitán. De acuerdo con la nota de Efe, «el problema surgió cuando el motor del barco dejó de funcionar, lo que, unido a las condiciones meteorológicas, provocaron la sucesiva entrada de agua por la aleta de babor, y eso originó una cada vez mayor escora».

Concentración de los familiares de los desaparecidos del 'Villa de Pitanxo' en Pontevedra. / EFE

Todas las discrepancias que existen en torno a este caso «se sitúan en el origen de la investigación, donde la Fiscalía ve indicios de 21 delitos de homicidio por imprudencia grave y contra los derechos de los trabajadores», prosigue la toma de Efe.

La tragedia del 'Villa de Pitanxo' se produjo en la madrugada del 15 de febrero pasado en mitad de un temporal frente a las costas de Terranova, en Canadá. A consecuencia del siniestro, un total de veintiuna personas perdieron la vida. Junto a los pescadores que trabajaban en el arrastrero viajaba también Francisco Manuel Navarro, un biólogo contratado por el Instituto Español de Oceanografía.

La presencia de biólogos a bordo de buques pesqueros es habitual para realizar un control de las especies. De hecho, Francisco llevaba cuatro años trabajando para el Instituto Oceanográfico y había viajado por África y por la zona de Terranova, que se considera una de las más peligrosas y duras del planeta.

A ello, se añade, según el relato de la hermana del biólogo canario fallecido, el entorno laboral en que se encontraban los embarcados. «Pareciera que no estábamos en el siglo XXI», expone, «mi hermano no tenía un camarote sino que estaba en un habitáculo, que era la enfermería, y que fue habilitado con dos literas». Detalla que «se trabajaba muchas horas y, a veces, tenían que priorizar si comer o descansar. Mi hermano no solo hacía funciones de biólogo sino que echaba un mano porque muchos tripulantes pasaron el covid».

Mónica Navarro detalla que «de los nueve cuerpos que se rescataron, siete tenían covid, certificado por el forense porque al principio nos tomaban como mentirosos. El resto también estuvo enfermo, incluso mi hermano».

Para ella, el hecho de que entre los fallecidos hubiera un canario tampoco parece haber despertado mucho el interés de las instituciones insulares, en sus diferentes niveles, ni de la Delegación del Gobierno. Aunque ha mantenido encuentros con diferentes representantes políticos, la ayuda tampoco parece llegar desde la tierra natal de Francisco Manuel Navarro. «Nos sentimos solos», reconoce Mónica, seis meses después.