El Ayuntamiento ha invertido 29.000 euros en la restauración de los tres espacios. / ARCADIO SUÁREZ

Una seña de identidad del urbanismo de la ciudad

La restauración de los tres quioscos de Las Ranas supone recuperar un emblema de una plaza que «siempre fue lugar de encuentro» en la capital grancanaria, asegura Juan José Laforet

Rebeca Díaz
REBECA DÍAZ Las Palmas de Gran Canaria

El cronista oficial de Las Palmas de Gran Canaria, Juan José Laforet, destaca la importancia de la actuación que ha acometido el Ayuntamiento capitalino de recuperación de los tres quioscos que pueblan la plaza Hurtado de Mendoza, conocida popularmente como de Las Ranas, por su significación y la relevancia del espacio que los acoge.

«Es importante su rehabilitación y puesta en servicio porque constituyen un elemento identitario inexcusable de ese emplazamiento urbano», señala.

Así, explica que lo que hoy es la plaza de Las Ranas es «una seña ineludible del urbanismo» de la capital grancanaria «desde el siglo XVI como lugar clave». Relata que «en aquel entonces era el punto de paso entre Triana y Vegueta», pues incluso «antes de que se construyera el primer puente, había una gradas como unas escalinatas que bajaban al fondo del barranco y subían por el otro lado», y esa era «la forma de vadear» el Guiniguada.

Añade que se las conocía como «gradas de los Remedios», porque en la plaza se ubicaba el convento del mismo nombre, justo «donde hoy en día está el centro comercial Monopol».

Señala que ese espacio era «caótico» pero de acceso a calles como la Peregrina o el propio barrio de Triana «que tenía distintos niveles», pero «siempre fue un lugar de encuentro». Así, señala que «el sacerdote y escritor Pereira y Pacheco, en un libro de principios XIX, que tenía varios dibujos de la ciudad, dejó uno de la plazoleta», que en ese siglo «llegó a llamarse plazoleta de la Democracia».

Arriba, uno de los quioscos remozados. Sobre estas líneas, imágenes antiguas de la plaza. / Arcadio Suárez / C7

Laforet apunta «que a finales del XIX el lugar se fue mejorando pues se urbanizó y «aplanó», eliminando «los distintos niveles». Pero no sería hasta principios del XX, «siendo alcalde Ambrosio Hurtado de Mendoza», cuando se retomó «la idea de urbanizar aquel espacio y embellecerlo».

Explica que «en ese momento el arquitecto municipal era Laureano Arroyo Velasco y es «durante las obras de urbanización» de este entono «como plaza para el disfrute, cuando aparecen los quioscos».

El cronista oficial de la ciudad comenta que en esa remodelación se «plantan muchas plantas y se hace un pequeño estanque donde hubo aves exóticas, muy del gusto de la época, con «un casetón para los animales» y «por otro lado los quioscos, junto en el muro del barranco».

Tertulias

Explica que estos espacios tuvieron distintos usos y recuerda que «uno que fue muy famoso era un bar, que en los años 20 tenía un gran velador», y que en torno al mismo «se gestaron la famosas tertulias de La Plazuela».

Laforet explica que tras la muerte de Hurtado de Mendoza, en 1922, se decidió instalar en este espacio «un monumento en su recuerdo, que existe hoy en día, y ponerle oficialmente a la plaza su nombre, que se mantiene en la actualidad».

Reordenación

Fue entonces, comenta, «siendo el arquitecto municipal era Fernando Navarro», cuando se procede «a una nueva reordenación de la plaza».

Apunta que Navarro falleció a principios de los años 20 del pasado siglo en Madrid. Por ello, el proceso de reforma que culminó «en los últimos años de los 20», recayó «en dos concejales, que además eran pintores: uno era Colacho Massieu, y el otro, que fue el principal y que también diseñó y reformó el parque de San Telmo en esa misma época, fue Eladio Moreno Durán» (Estepa, Sevilla, 6 junio 1887 - Las Palmas de Gran Canaria 10 diciembre 1949).

Laforet apunta que Moreno Durán nació en Antequera, Sevilla, pero se fue a vivir Madrid a estudiar Bellas Artes y allí «conoció a Tomás Morales y a un montón de canarios en las tertulias madrileñas».

Recuerda que es autor del « famoso retrato al carboncillo de Tomás Morales» y que «pintó, por encargo del conde de la Vega Grande, el gran retrato de Carlos III que está en el salón de la Económica».

Comenta que animado por Morales y otros amigos canarios, se vino a la capital grancanaria, tras sacarse la plaza de catedrático en la Escuela de Magisterio y en la de Comercio.

Pero además «se presentó a la política y, en los años 20, fue concejal de Parque y Jardines con Mesa y López y Federico León».

Fuente

Entonces, añade, «el arquitecto municipal era Eduardo Laforet, padre de la escritora Carmen Laforet, que hace esa reforma junto a ellos».

Comenta que es en esa etapa «cuando se hace la fuente alargada con las dos ranas, que no son las actuales, que son una interpretación».

Además, «se ponen más arboles porque Moreno Durán era muy partidario del arbolado» y «los quioscos se mantienen».

Reproducciones

Laforet indica que «cuando en los años 70 del pasado siglo desaparece el barranco, porque se cubre, se quitan los quioscos antiguos y se hicieron unas reproducciones años después», que son las actuales y considera «bastante fieles», quizá «un poco más estrechos» que los originales.

Dice que además de bar, tuvieron uso como tabaquería y tienda de música. Recuerda que en el último «se compraban partituras, manuales de estudio e incluso se vendían instrumentos».

Laforet señala que el diseño de estos espacios «responde un poco» al 'Art nouveau' «que Laureano Arroyo y Fernando Navarro» aplicaban a los edificios. Y aplaude su recuperación porque tiene claro que «las cosas se mantienen si se usan», de lo contrario «se deterioran».

Nuevos usos

Los renovados espacios tendrán ahora nuevos usos. Así, uno de ellos albergará un punto de información turística de la ciudad, otro se destinará a las Ciudades Amigas de la Infancia, a petición de la Concejalía de Servicios Sociales y la de Participación Ciudadana, y para el tercero se está en negociaciones con la Fedac.