Estancias okupadas en la Batería de San Juan. / JUAn carlos alonso

Un monumento okupado

Mientras se trabaja en un plan para su recuperación, la Batería de San Juan se sigue degradando y hay quien ha convertido este Bien de Interés Cultural en su residencia

David Ojeda
DAVID OJEDA Las Palmas de Gran Canaria

La Batería de San Juan es una muestra del escaso cuidado que padece en Las Palmas de Gran Canaria su patrimonio monumental. El complejo militar que corona el risco más al sur de la ciudad lleva décadas abandonado y en el último año ha acelerado su degradación, convirtiéndose en hogar de okupas que incluso han llegado a perforar las paredes de sus galerías y colocado puertas en sus cámaras interiores.

Este funesto aspecto contrasta con el proyecto que pretende revitalizar el espacio y convertirlo en un emblema para esa zona de la ciudad, habitualmente fuera de las agendas de actuaciones de este calado. De hecho, el área de Patrimonio de la Viceconsejería de Cultura del Gobierno de Canarias, liderada por Juan Márquez de Sí Podemos Canarias, avanza en las tres fases de la rehabilitación del antiguo acuartelamiento que esperan completar el próximo año con un proceso participativo con los vecinos del barrio para dotar de utilidad y servicios la infraestructura.

Mientras tanto, el centenario cuartel se cae a pedazos. Si el Gobierno de Canarias será el encargado de la financiación y renovación de la Batería, su vigilancia pertenece al Cabildo de Gran Canaria y su mantenimiento al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria.

Puertas que han colocado en los antiguos accesos a las galerías. / JUAn carlos alonso

El monumento capitalino obtuvo en 2018 la calificación por parte del Ejecutivo regional de Bien de Interés Cultural y el Ayuntamiento de la ciudad recibió fondos en 2017 del Fondo de Desarrollo de Canarias para afrontar obras de remodelación en el lugar, hecho que cuatro años después no ha acontecido.

El valor de la Batería San Juan es mucho mayor del que se lamentable aspecto demuestra. Más allá de la okupación que sufre en estos momentos, con sus cámaras okupadas y ropa tendida en sus accesos, su renovación se complica cada día más porque han caído desplomados hasta los techos de algunos pabellones tras muchos años de desidia municipal en su conservación.

La construcción del acuartelamiento a finales del siglo XIX supuso todo un hito, aunque determinados estudios muestran como el cambio de los métodos bélicos de su tiempo pronto le convirtió en un lugar poco seguro para las operaciones militares por su exposición de su artillería en la zona alta de la ladera.

«Es un lugar que creemos muy necesario recuperar para la ciudadanía», expresa Juan Márquez, viceconsejero de Cultura del Gobierno de Canarias. «Es un sitio que durante la primera mitad del siglo XX tuvo mucho significado, desde la Guerra de Cuba hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Por lo que es un espacio ideal para explicar esos momentos históricos», refiere.

Márquez señala que el Gobierno de Canarias está cumpliendo con su hoja de ruta para llegar al próximo año con un proyecto definido. «Nosotros llevamos a cabo tres fases para hacer los trabajos. Lo primero que realizamos fue una labor de investigación muy profunda, con documentación relacionada con instalaciones militares de este tipo en otros lugares de España e, incluso, del Reino Unido. Que era una forma de saber qué ideas podíamos desarrollar en el lugar. Ahora estamos trabajando en unas catas, unos sondeos para ver qué instalaciones están allí soterradas y cómo se pueden recuperar a través de esas catas que estamos haciendo para valorar también el estado de las estructuras. Y cuando todo eso esté desarrollado queremos comenzar con el proceso participativo», significó.

Al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria le corresponde, tras el acuerdo alcanzado con la Viceconsejería de Cultura, realizar dos limpiezas profundas en el lugar. Una se hizo el año pasado, retirando, según la corporación local, 19.000 kilos de escombros y basura, y la otra se debería producir este año. A eso hay que añadirle un informe topográfico. Todo eso, por supuesto, junto a las labores de mantenimiento que a la vista saltan que no están siendo efectivas en un espacio en ruinas y okupado.

Panorámica de la Batería de San Juan coronando el risco. / JUAn carlos alonso

Este tipo de baterías de artillería fueron habituales en muchos lugares de la costa española, con la Guerra de Cuba como el momento en el que se comenzaron a edificar. Hay otras ciudades del país que hace mucho tiempo que las reintegraron en su paisaje urbano. Ejemplo de ello es la Batería de Santa Catalina, en Gijón, sobre la playa de San Lorenzo y el barrio de Cimadevilla. Ese icónico acuartelamiento fue cerrado, dotado de paneles que cuentan la historia de la ciudad y embellecido con la escultura 'Elogio del horizonte' del artista vasco Eduardo Chillida.

«Para el Gobierno de Canarias sería muy importante rehabilitar la batería porque creemos que la cultura puede ser un vehículo muy importante para esos barrios, para tratar de mejorar la vida en los riscos de la ciudad», subraya Márquez.

Los accesos a la Batería de San Juan son complejos. Y ese siempre ha sido considerado uno de los obstáculos para afrontar el proyecto. Uno de los caminos de entrada está entorpecido por el depósito de Emalsa que ofrece suministro a la zona, por lo que se valora otro tipo de alternativas, como desmontar una de las laderas colindantes para crear accesos verticales al lugar.

Mientras tanto la infraestructura sigue agonizando. Llena de basura. Ya hace tiempo que algunos vecinos de San Juan denunciaban que en sus ruinas se estaban produciendo «fiestas salvajes». Algo de lo que dan fe los restos de botellones y residuos que se encuentran dormidos sobre sus piedras.