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Paco Mansur, a las puertas del comercio que fundaron su padre y tío en 1958. Cober
Las Palmas de Gran Canaria

«Nos mantiene la gente del barrio»

Paco Mansur está al frente de los almacenes que su padre y su tío abrieron en 1958 en Juan Rejón. Un comercio que puede presumir de ser el más antiguo de la zona Puerto de Las Palmas de Gran Canaria y heredero de un modo de entender la actividad en vías de extinción

Rebeca Díaz

Las Palmas de Gran Canaria

Domingo, 7 de julio 2024

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En noviembre de 1958 los hermanos de origen libanés Jorge y Eduardo Mansur abrieron, gracias a la ayuda económica del suegro del primero, un comercio de tejidos que con el tiempo evolucionó a confección masculina en el número 39 de la calle Juan Rejón, en Las Palmas de Gran Canaria. El mismo emplazamiento en el que continúa tras casi 66 años en los que ha visto pasar hasta tres generaciones de clientes.

«Casi con toda garantía es el comercio más antiguo del Puerto, de los que siguen abiertos», señala Paco Mansur tras el mostrador de Almacenes Mansur -aunque en sus inicios fue Almacenes Madrid-, que preside la foto que Tato Gonçalves le hizo a su padre, Jorge, que falleció a los 94 años, hace dos. Un espacio desde el que desarrolla una actividad que está en vías de extinción, como demuestra la desaparición paulatina de establecimientos similares al suyo que han sucumbido al embate de las promociones urbanísticas que proliferan en esta parte de la ciudad.

«El negocio muere conmigo», dice consciente de una realidad que se impone quien no niega sentirse como «uno de los últimos de Filipinas». Algo que, sin embargo, lejos de intimidar a este antiguo legionario, alimenta su «obstinación personal».

La misma que le mantiene en la tarea que asumió en 1992, cuando tomó el relevo de su padre y su tío en un negocio en el que se recuerda desde pequeño. «Aquí me daban los biberones y las meriendas», comenta.

El establecimiento y su propietario. Cober
Imagen principal - El establecimiento y su propietario.
Imagen secundaria 1 - El establecimiento y su propietario.
Imagen secundaria 2 - El establecimiento y su propietario.

Añade que también sus hermanos y primos vivieron una experiencia similar a la suya, pero solo él optó por seguir con el negocio. Una decisión que vincula a «un sentido de la responsabilidad o el deber familiar» y de la que asegura no se arrepiente.

Apunta que Mansur y otros establecimientos del ramo de la confección vivieron momentos de gran expansión de la mano de los negocios que se mantenían con África.

«Abrimos mercados», explica en referencia a la relación comercial que se mantenía en la zona Puerto con países del continente vecino al que se vendían camisas, trajes, pijamas o ropa interior. Artículos que continúan configurando la oferta de este comercio de Juan Rejón que llegó a contar con «entre 12 y 16 empleados en los años 60».

En la actualidad solo él está al frente de una tienda en la que poco queda de aquella importante actividad comercial. A excepción de la calidad de unos productos que se muestran en las estanterías originales que conserva la tienda, elaboradas con madera «de la Guinea española, donde mi abuelo materno tenía negocios también de confección», un ámbito al «que también se dedicó mi abuelo paterno».

El negocio está especializado en confección masculina. Cober

El trato personalizado y los precios competitivos son aspectos que tampoco pasan desapercibidos a una clientela que se ha mantenido fiel y ha ido sumando nuevos miembros.

«Nos mantiene la gente del barrio», señala Paco Mansur al tiempo que relata una de las muchas anécdotas que certifican su afirmación. «Un día vino un chico joven a comprar y me dijo que nosotros le habíamos vendido el traje de boda a su abuelo», relata.

Esta confianza se ha forjado con el tiempo y ha sido recíproca. Pues este comercio que empezó vendiendo telas, «porque la gente se confeccionaba su ropa» en unos «años duros» en los que no había recursos para más», supo tender la mano a una población con limitaciones económicas cuando pasó a ofrecer artículos de confección.

«Hemos ayudado a mucha gente a poder vestir», dice Mansur sobre un comercio en el que durante muchos años se permitió a la clientela «pagar poco a poco» unas compras que de otro modo no habría podido realizar.

Una práctica que dice aún mantiene consciente de que hay personas que no pasan su mejor momento, en lo que a la parte económica se refiere, «pero que responden» y a los que no tiene inconveniente en echar una mano.

Además, todavía recibe a clientes que recalan en la ciudad por vacaciones o trabajo y a los que da la bienvenida el establecimiento con dos frases aclaratorias en su cristalera de entrada: 'English spoken' y 'On parle francais'.

Falta de apoyo institucional

La única pega que pone Paco Mansur a estos años de actividad señala directamente a la clase política. «Al pequeño comerciante, las administraciones públicas, y en concreto el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, nos ha ninguneado desde siempre, jamás han hecho nada por nosotros.

La única vez que se hizo algo por nosotros fue en el año 1997, con el Plan Urban, y después ampliaron aceras y una especie de remodelación de fachadas de toda la calle».

A partir de ahí, «nos han obviado y ahora el barrio está acogotado», dice sobre las obras de la MetroGuagua.

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