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Imagen de los vecinos que se oponen al biodigestor. Arcadio Suárez

La luz al final del túnel de Tenoya: la cauta alegría con el biodigestor

Los vecinos buscan ahora personarse en el procedimiento para que la justicia escuche su voz como afectados por la industria

Javier Darriba

Las Palmas de Gran Canaria

Martes, 5 de marzo 2024, 01:00

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Tenoya estuvo siempre al otro lado del túnel. Por eso, los ojos de sus vecinos se acostumbraron pronto a escudriñar las sombras y a tratar de percibir la luz del otro lado. Allí donde la esperanza escaseaba tenía siempre la vista puesta este pueblo combativo. Por eso, cuando comenzó la construcción del biodigestor junto a las viviendas del antiguo camino a Casa Ayala, todos sabían que iba a ser una lucha complicada, pero la esperanza no sucumbió en nadie. Casi como canta Vidal en la zarzuela 'Luisa Fernanda', los vecinos de esta tierra cuando quieren, no pierden la esperanza de triunfar.

Mucho han tenido que empujar hasta obtener una resolución como la que el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria les dio a conocer la pasada semana. En resumen, se les presentó la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Canarias que acaba de anular la licencia de obra que había obtenido la industria por silencio administrativo. Pero los vecinos de Tenoya son cautos. «Todavía no hay que tirar voladores», exponen, «solo estamos viendo la luz al final del túnel».

En este barranco el tiempo se arrastra despacio. Pero los vecinos cuentan las horas hasta que la sentencia que anuló la licencia de obra se haga firme. De conseguirlo, luego vendrá la reclamación al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria para que desmantele la industria.

La buena noticia no consigue que se desvíen del camino marcado. Este mismo lunes, el principal impulsor de la plataforma vecinal contra la instalación del biodigestor, Lorenzo Santana, recogía firmas entre los vecinos de Tenoya para tratar de personarse en el procedimiento judicial que se presupone largo sobre el permiso de obra. Su intención es tener acceso a toda la información que se genere y, si es posible, ofrecer su versión en este conflicto.

Una herida abierta

Mientras acumulaba rúbricas, Santana explicaba las sensaciones que produjo en el barrio la noticia de la anulación de la licencia de obra. «Para nosotros es una alegría porque se confirma que teníamos razón», expone. Pero el tapado del antiguo estanque y las instalaciones que se levantaron en el punto donde se fundó Tenoya siguen suponiendo una herida abierta.

«Esto antes era precioso, ahora es una porquería», resume Pino Pérez, mientras la vista pasa de las chimeneas que fueron izadas en pleno barranco hasta el fondo del camino y la conexión con el mar que azota el norte de Las Palmas de Gran Canaria. Ella nació y creció en la casa que está más próxima al biodigestor, una planta de biogás que trata aguas residuales y lodos para su reutilización en agricultura. Desde que toda la vista eran plataneras hasta la actualidad, esta zona del barrio ha ido cambiando junto a ella. Pero, en su opinión, nunca estuvieron tan mal las cosas como cuando se decidió colocar junto a su casa familiar esta industria. «Cuando me dijeron lo que iban a hacer ahí me dio miedo y llamé a Lorenzo», recuerda. La obra fue «una locura por los ruidos y los malos olores que se generaron».

De hecho, hubo algunos ciudadanos que no aguantaron. «Un vecino lleva cinco años fuera del barrio por la depresión que cogió y se mudó a Arucas, a casa de un familiar», indica Lorenzo.

Nervios, depresiones...

En la tableta de Francisco González se mantienen vivos los recuerdos de la obra. El paso de los camiones, las grúas, el proceso constructivo del antiguo estanque..., todo lo que ha pasado en los últimos nueve años está perfectamente documentado para cuando falle la memoria. «Aquí hay mucha gente enferma de los nervios, con depresiones...», relata este vecino.

Junto a él, Marcelino Guerra asiente. «Yo he perdido cuatro kilos», expone, «después de esto, ya uno no puede ni dormir».

Pino no duda en calificar de «tortura» lo que ha vivido estos años, siempre temerosa de que no se pusiera en marcha la instalación. «Aquí no se hubiera podido vivir», expone. Ella se queja de que cuando se puso en marcha el grupo electrógeno, el humo de la combustión se le metía en su casa y tenía que cerrar las ventanas a cal y canto. «Era imposible tener las ventanas abiertas». Por eso, temían que el tratamiento de lodos pudiera generar no solo malos olores sino también gases que inundasen su vivienda.

Los vecinos de Tenoya lamentan que las administraciones públicas no hubieran respaldado su lucha en el mandato anterior. Son especialmente críticos con el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria y el grupo de gobierno que estuvo al frente de la corporación en los ocho años anteriores.

«La sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Canarias es también un tirón de orejas al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, que tenia que haber denegado la licencia antes», expone Lorenzo Santana, «hasta ahora, los vecinos nos hemos sentido abandonados por parte de los anteriores miembros del Consistorio».

Algo diferente se opina de los nuevos concejales, cuyo recurso ha propiciado la anulación de la licencia. «En siete meses con estos nos hemos reunido tres veces, mientras que los anteriores nos cerraron la puerta siete años».

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