La acción del agua en el muro del Tívoli

José Suárez Megías se estrenó como ingeniero con la construcción de la primera calzada de la carretera al aeropuerto y el muro del Tívoli a principios de los 60. Apunta a las filtraciones sufridas en estos años como posible causa de su derrumbe.

Rebeca Díaz
REBECA DÍAZ

«Nunca hay que fiarse de las consecuencias del agua», asegura José Suárez Megías al apuntar a las filtraciones de este elemento como una de las posibles causas del derrumbe registrado el miércoles de la pasada semana en el muro de contención que se ubica bajo el tramo de la GC-1 que discurre junto al Tívoli, una obra de la que guarda un especial recuerdo porque fue el primer proyecto en el que participó como ingeniero.

Y es que corría el año 1964 cuando, tras acabar su carrera de ingeniería y casarse en Madrid, regresó a Las Palmas de Gran Canaria para asumir su primer reto profesional, ejercer de colaborado del jefe de obra del proyecto de construcción de la primera de las dos calzadas que iban a conectar la entrada sur de la capital grancanaria con el aeropuerto, evitando de esta manera tener que pasar por Telde. Unas obras que incluían un muro de contención a la altura del Tívoli y que arrancaron «entre los años 62 y 63».

Explica hoy este ingeniero jubilado que atesora una gran experiencia que el trabajo de construcción de esa primera calzada, «con dos carriles, uno para cada sentido» –que incluyó también los movimientos de tierra, drenajes y un muro de contención que dejaban el camino preparado para completar el proyecto con una segunda calzada, obra que acometió la empresa francesa Dumez «muchos años después con dos carriles más»–, supuso un reto porque contó con una gran dificultad «por la orografía del terreno».

Califica la obra de «difícil por estar casi en vertical» y recuerda que se registraban grandes desniveles hasta la playa del Cernícalo, hasta el punto de que cuenta como anécdota que «para trabajar en esos terrenos tan abruptos la empresa trajo una máquina magnífica, una Cartepillar D-8» que en algunos tramos «hubo que amarrar para evitar deslizamientos».

Añade que el proyecto comprendió también la construcción de «un muro de mampostería concertada», que «estaba muy bien hecho», para permitir posteriormente el afirmado de la segunda calzada «y en el que se vertieron las tierras de la primera calzada».

Ademas, apunta que esa verticalidad del terreno tampoco facilitó los trabajos de drenaje que se acometieron para eliminar el agua del barranco de Telde.

Comenta también que esa complicada orografía es la que hace que el agua que discurre por la alcantarilla, «que es una obra de fábrica» y se ubica «a mitad de altura» del muro caído –al que califica de «presa» porque «tiene 13 o 14 metros»– «coja velocidades muy fuertes al final».

Señala que «con los años que han pasado, 57 o 58 años, es muy posible que haya habido filtraciones de agua» que «al llegar al muro, van socavando las tierras que están debajo y alrededor y van dejando huecos de agua». Por lo que señala éste como uno de los posibles motivos del derrumbe de esa estructura.

Añade que «posiblemente ha entrado agua» y ésta «ayudó a que todas las tierras que están detrás del muro se empaparan», lo que supuso «un aumento de peso» sobre el extremo de la estructura que finalmente se cayó, pues se transmitió al mismo «el empuje de esas tierras, que es muy fuerte si están muy empapadas».

Indica, asimismo, que «habría capas de esas tierras muy empapadas de agua pero otras no», y que «ahí se crea entre las dos un lanzamiento» porque «las que están secas corren sobre las mojadas y salen disparadas». Asegura que cuando esto ocurre se produce «un disparo que se lleva el muro entero, lo vuelca» y considera que «eso fue lo que pasó».

Alternativa

Suárez Megías confía en que los plazos dados por el Cabildo de Gran Canaria para la reparación de la GC-1 a la altura del Tívoli se cumplan porque considera que la entidad insular cuenta con «buenos técnicos». Aunque por su dilatada experiencia tienen claro que «no son reparaciones económicas ni fáciles». En cualquier caso, cuando se le cuestiona sobre una solución para la entrada sur a la capital grancanaria tiene claro qué actuación es preciso llevar a cabo. «La tangencial saliendo de Telde creo que es necesaria y sobre todo un plan de movilidad de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, que no está hecho», expone. Añade que «llevamos años diciéndolo y nos ha cogido el toro» y que ese plan al que se refiere debe incluir «los accesos por el Sur, por el Centro y por el Norte».

Asimismo, este ingeniero retirado asegura que el proyecto de la MetroGuagua no soluciona el problema de movilidad de la capital. «La MetroGuagua no resuelve nada» porque «el 67% del tráfico que acogota» la ciudad «viene del 63% de la población de la ciudad alta». Además, expone que a esto se suma el tráfico que llega de fuera. «500.000 personas entran y salen de la ciudad diariamente de los 9 ayuntamientos más cercanos», señala.