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Imagen de Antonio P. G. durante el juicio por el asesinato del abogado Juan Betancor. Cober
Juicio por el asesinato de Juan Betancor

«Me quedé sin mi padre, mi jefe, mi mejor amigo y la mitad de mi madre»

La fiscal y la acusación particular han reclamado este miércoles al Jurado de la Audiencia de Las Palmas un veredicto de culpabilidad para el acusado de asesinar al abogado Juan Betancor tras quemarle vivo y dejarlo encerrado en un aljibe en su finca de Santa Brígida

Efe

Las Palmas de Gran Canaria

Miércoles, 10 de julio 2024

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La fiscal y la acusación particular han reclamado este miércoles al Jurado de la Audiencia de Las Palmas un veredicto de culpabilidad para el acusado de asesinar al abogado Juan Betancor tras quemarle vivo y dejarlo encerrado en un aljibe en su finca de Santa Brígida, en Gran Canaria, el 29 de mayo de 2022: «Hay prueba sobrada»

En los informes finales que han presentado ante el Jurado las dos acusaciones, la ejercida por la fiscal Cristina Coterón y el propio hijo del fallecido, el abogado Juan Jacob Betancor, han hecho hincapié en la gravedad de los hechos que sostienen que cometió Antonio P.G., de 74 años y natural de Cabo Verde: el asesinato con ensañamiento y alevosía de Juan Betancor y las amenazas y detención ilegal de su mujer.

Unos delitos por los que la Fiscalía reclama una pena de 30 años y medio y la familia la máxima, 33 años, porque, según ha alegado su hijo, para acabar con la vida de su padre «buscó el dolor máximo» y porque a su madre la amenazó con matarla con un cuchillo si no le daba el teléfono móvil para evitar que pidiera auxilio y luego la encerró en la casa y se llevó sus llaves.

Los hechos son «muy graves» y la sociedad ha de ver que la justicia funciona, ha señalado el letrado, quien ha añadido que no hay justificación para quitarle la vida a nadie.

Del acusado ha dicho que ha «escuchado muchas escusas», pero la realidad es que él se ha quedado «sin su padre, sin jefe, sin su mejor amigo y sin la mitad de su madre, porque ya no es la misma».

La fiscal ha afirmado, por su parte, que Juan Betancor ya estaba condenado a muerte desde que lo quemó el procesado debido a la extensión de las quemaduras; afectaron a más del 80 por ciento de su cuerpo.

Ha remarcado que su «crueldad fue doble», pues estuvo por lo menos 45 minutos dentro del aljibe agarrado a un bordillo con las yemas de los dedos y fue su instinto de supervivencia lo que hizo que no muriera ahogado, una cuestión en la que ha diferido su hijo, que está convencido de lo que le mantuvo vivo fue el deseo de ver a su madre por si le había ocurrido algo, «eso fue lo que le dio fuerzas».

La fiscal ha recalcado que «no hay circunstancias atenuantes», pues el procesado ha cometido tres delitos muy graves y su ataque a Juan Betancor «fue sorpresivo» y con ensañamiento.

En ningún momento lo esperaba, no tuvo la posibilidad de defenderse y lo dejó encerrado en el aljibe en el que se metió para apagar las llamas de su cuerpo, ha recalcado la fiscal, quien ha añadido que los hechos son «muy claros».

Coterón ha mantenido también que Antonio P.G. actuó con «rabia y mucho odio», aunque no ha quedado claro el motivo por el que lo hizo, si bien entiende que tampoco es necesario saberlo.

La fiscal ha destacado que ha ofrecido hasta cuatro versiones distintas de los hechos, pero «la lógica y la prueba practicada» demuestran su proceder, que reconoció en la reconstrucción de los hechos: «Yo estaba aquí esperando para hacerle daño».

En cuanto a la versión del accidente que ofrece el acusado, las dos acusaciones la han rechazado por no ser creíble: la fiscal ha apuntado que le cubrió de combustible «de la cabeza a los pies» y el letrado Juan Jacob ha alegado que a su «padre no le mató ningún puro».

Frente a lo expuesto por las dos acusaciones, el abogado de la defensa, Emilio Collazos, ha considerado que «todo son supuestos» y que «interpretan la ley como quieren, no basándose en lo que dice el acusado», quien ha asegurado que no quería acabar con la vida de Juan Betancor y además sufría el síndrome de Estocolmo al haber estado 16 años secuestrado en la finca, donde vivía y trabajaba como un «esclavo».

Collazos se ha preguntado «si estamos en una película de Tarantino o en un juicio» por el relato de hechos que refieren las acusaciones.

Su cliente se entregó porque se sentía culpable y, precisamente, el síndrome de Estocolmo que padecía explica sus declaraciones a la magistrada instructora en la reconstrucción de los hechos.

Lo cierto es que Antonio P.G. llevaba 16 años siendo «explotado», carecía de contrato de trabajo y de Seguridad Social. «Era el esclavo correcto, que no dice nada» y su jefe no le quería dar su documentación para que «cuidara la mansión».

Collazos ha solicitado al Jurado que «haga justicia» y que no se juzgue a su defendido por ser «negro» y tampoco lo «castiguen por ser el diablo y le manden al infierno».

Su cliente reconoce que tiró la gasolina pero que se prendió con el puro, no con un mechero, y niega haber hecho nada a la mujer de Juan Betancor: «A doña Fátima la creemos, al negro no».

El acusado, en su derecho a intervenir, ha pedido que «pague por lo que tenga que pagar», si bien ha manifestado que ese día él «no era Antonio. Sólo Dios sabe el sufrimiento que tenía».

Ha insistido en que si él hubiera querido matar a Juan Betancor lo hubiese tenido fácil, y ha atribuido lo ocurrido a su «mala suerte».

En su extenso relato al tribunal, ha recalcado que él no es «una mala persona» y que «está arrepentido de lo que pasó».

Tras sus palabras, la magistrada presidenta, Eugenia Cabello, ha entregado el objeto del veredicto al Jurado para que comenzara a deliberar.

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