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Los trabajadores comen en el interior del aparcamiento. C7
Las Palmas de Gran Canaria

«La ayuda de la gente ha sido bestial»

Los trabajadores del aparcamiento cerrado por orden judicial en Luis Morote mantienen la resistencia aupados por una ola de solidaridad

Javier Darriba

Las Palmas de Gran Canaria

Viernes, 8 de marzo 2024, 01:00

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Bocadillos, zumos y hasta platos de comida... La resistencia de los diez trabajadores que se han encerrado en el interior del aparcamiento de Luis Morote, en el que han venido trabajando en las últimas décadas y que fue cerrado el martes para dar cumplimiento a una orden judicial relativa al litigio por una herencia, se ha reforzado por la ola de solidaridad que han mostrado vecinos, empresarios y hasta usuarios del estacionamiento.

Estos afectados por el cierre del negocio, que no saben si van a ser despedidos o van a ser subrogados porque nadie les aclara cuál va a ser el futuro del aparcamiento, resisten con la ayuda que les dispensan desde fuera.

«La ayuda de la gente ha sido bestial», expone Juan Angulo, uno de los empleados que se ha visto afectado por la orden de cierre. Ellos van a seguir viviendo, comiendo y durmiendo en el aparcamiento de Luis Morote hasta que les confirmen qué pasará con ellos. Son los afectados por la pugna judicial abierta entre los herederos del dueño original del estacionamiento. Y aunque el futuro está poblado de incertidumbres, la solidaridad de vecinos sirve para reafirmarlos.

Imagen de la pancarta colgada este jueves en el aparcamiento.
Imagen de la pancarta colgada este jueves en el aparcamiento. C7

Juan Angulo enumera los negocios que se han ofrecido para ayudarlos: Casa Suecia, Corazón Venezolano, La Bellota Extremeña, el bar Rosales, la tabaquería Tadeo... «Hay un empresario de la zona que se llama Francisco Alemán y que ha dado orden al bar Rosales para que le carguen a él la comida que necesitemos», expone, «y luego también hay vecinos y vecinas que dejan a los chiquillos en el colegio del Carmen y, a la vuelta, se pasan por el supermercado y nos traen agua, zumos...».

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El tono de la conversación se pone más serio cuando se trata su situación laboral. «Hasta el momento, los nuevos propietarios, la comunidad hereditaria de Domingo Martín, no se ha puesto en contacto con nosotros», lamenta Juan Angulo, «que nos digan de una vez si nos despiden o no porque todos tenemos derecho a cobrar el paro».

Asegura que sin prestación por desempleo, sin salario y con el trabajo en el aire, estos trabajadores lo tendrán complicado para pagar las hipotecas o los alquileres, por no decir un plato de comida.

Este aparcamiento funcionaba sobre todo con abonados. Algunos todavía tienen su coche en el interior del estacionamiento, pero la mayoría se ha ido ya a otras instalaciones de la zona o incluso a otras partes de la ciudad. «Uno ha tenido que dejar el coche en San Cristóbal y va y viene en guagua hasta allí para luego ir hasta el aeropuerto, donde trabaja», relata Angulo.

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