La vegetación toma la carretera

El cierre definitivo del tramo de la GC-200, entre El Risco y Andén Verde, ha propiciado que se recupere la flora autóctona y que un tapiz verde se extienda sobre gran parte del asfalto

Gabriel Súarez
GABRIEL SÚAREZ

La vegetación se adueña poco a poco de la antigua carretera de La Aldea. Con las fuerzas que solamente la naturaleza es capaz de desplegar, la hierba se abre paso y emerge con esplendor agrietando el asfalto de una vía que, mientras estuvo abierta hasta noviembre de 2016, condicionó la vida de los aldeanos durante más de tres cuartos de siglo. Por desprendimientos y accidentes se cobró la existencia de 66 personas en 77 años. Ahora su imagen, salvando las distancias, recuerda a las del documental La Tierra sin Humanos, del History Channel.

Pero ha sido el paso del tiempo, la ausencia del tráfico de vehículos y de personas, lo que ha contribuido a cambiar definitivamente la imagen de este peligroso tramo de la GC-200. Entre los puntos kilométricos 20 y 23, entre El Risco y Andén Verde, se ha comenzado a convertir en un verdadero jardín botánico. Entre el verdor que tapiza los laterales más húmedos del trazado se hace un hueco y recupera su presencia la flora autóctona de los espacios protegidos de Tamadada y Guayedra, destacando entre ellas, por su colorido y belleza inconfundibles, la Magarza, un endemismo grancanario que se localiza principalmente entre Andén Verde y Temisas.

También crecen formidables, con sus delicadas florecillas amarillas la Melosa, y la atractiva Gamona con sus flores de pétalos blancos y líneas azules y rosas. Es todo un espectáculo para los amantes de la botánica.

Para quien se acerca al lugar, resulta curiosa la estampa de la hierba brotando por entre las pequeñas grietas que van abriendo las rocas al caer desde lo mas alto del risco sobre la superficie asfaltada. En ese jardín desordenado e improvisado, que se ha ido levantando entre los restos de unos desprendimientos que ya nadie despeja, el vallado oxidado y las marcas blancas de la vía, van enredándose y entremezclándose todo tipo de vegetación, dando forma a un paisaje que intenta recuperar o parecerse al más primitivo de la zona.

Si se mira hacia lo más alto, aún está ahí anclado en las laderas más empinadas y peligrosas, el mallado metálico instalado en 2012 en Andén Verde, que de poco sirvió al dejar caer sobre la calzada el derrumbe de rocas, que obligó a cerrar ese tramo en varias ocasiones antes de que se ordenara su clausura definitiva poco antes de que se abriera la primera fase de la nueva carretera La Aldea-El Risco, puesta en servicio el 7 de abril de 2017.

Las barreras antidesprendimiento instaladas por el Cabildo a la altura de Andén Verde, que costaron varios millones, no fueron capaces de soportar entre 10 y 30 toneladas de peso. Y ahí quedaron, inservibles, oxidándose.

Cuando la vía se cerró, el consistorio aldeano propuso que este tramo se convierta en una ruta turística y deportiva, que incluya un mirador con un punto de información que permita al visitante conocer la geología del espacio y aspectos de uno de los reservorios botánicos de mayor valor de Gran Canaria. No iba mal encaminado si se tiene en cuenta que diariamente son cientos los turistas que llegan hasta el lugar y se tropiezan con la valla que impide continuar.

«Por qué no», preguntaba una pareja de cicloturistas franceses el pasado viernes. Michel Fauvain y Regina Ferrand querían llegar a Agaete y disfrutar de las vistas y el paisaje, pero la valla se los impidió. Su ruta fue por el túnel de la nueva carretera.

Un balcón verde. La hierba se adueña de la antigua carretera de La Aldea, principalmente en la zona más sombría y húmeda de los riscos del espacio de Andén Verde. Cuando se construya la segunda fase y se cierre la carretera en el Roque Faneque, la vía será entonces como un inmenso balcón de vegetación.