La imagen muestra la devastación originada por el fuego en la zona más valiosa de la isla, con el Bentayga de testigo. / COBER SERVICIOS AUDIOVISUALES

«La isla está bastante recuperada de las llamas», afirma Grillo

El coordinador de Emergencias del Cabildo Insular de Gran Canaria destaca la mejoría experimentada en el parque de Tamadaba

Francisco José Fajardo
FRANCISCO JOSÉ FAJARDO

«La isla se recuperará del efecto de las llamas», de esta manera se expresó Federico Grillo, coordinador de Emergencias del Cabildo Insular de Gran Canaria al ser cuestionado por el efecto de las llamas del verano pasado.

Hay una gran superficie de pinos canarios que ha estado muy afectada pero que se recuperará del todo «en unos dos años aproximadamente». También en la parte superior de Artenara, «al llegar las llamas a zonas que ya habíamos tratado previamente con quemas prescritas, la incidencia fue menor y ayudó a que no llegaran a la cuenca de Tejeda. En las zonas en las que se quemaron pinos radiata sí que habrá que repoblar porque es menos resistente que los canarios», detalló Grillo.

En ambos incendios, tanto en el de Artenara como en el de Valleseco, «se generaron dos carreras de fuego enormes que parecían ferraris a gran velocidad» e hicieron un «daño tremendo», aunque luego bajó la intensidad del primero de ellos cuando se dirigió a Los Moriscos y al pueblo de Artenara y «se ha recuperado bastante porque eran matorrales que ahora se han convertido en zonas de pasto» disimulando bastante bien las heridas provocadas por el fuego. También en el de Valleseco, hay una superficie que resultó afectada en la segunda fase del incendio que se «ha recuperado bastante», comentó el cabeza visible del servicio de Medio Ambiente del Cabildo.

«Estos incendios te quitan un año de vida por la toma rápida de decisiones que exige. Se convierten en un quebradero de cabeza», narra Grillo

En Tamadaba, los incendios hicieron bastante daño en «la entrada al parque por la zona sur y quemó mucho y se tardará en recuperar aunque los pinos son canarios y ya están rebrotando». Las heridas y el daño paisajístico se podrá camuflar en unos dos años. Ya dentro del parque se puede afirmar que «está bastante recuperado», según Grillo, ya que el fuego que entró fue de un 80% de baja intensidad y el otro 20 de alta y media y ya incluso «hay sitios en los que ya apenas se nota que por ahí pasaron las llamas».

En medianías, por enclaves como Juncalillo, Moya, Agaete o Guía, «casi todo eran matorrales de no mucha calidad como retamas» y, en principio, el fuego hizo una limpieza y ya están saliendo pastizales.

Se puede hablar que un 75 y 80% de la superficie afectada por los dos incendios del pasado año fue por fuego de baja/media intensidad y están bastante disimulados los daños y queda ese 20% en las dos carreras principales en los dos inicios de los incendios que sí que ha afectado mucho el paisaje. «Valsendero o Juncalillo son dos ejemplos de la virulencia de las llamas» en una catástrofe en la que se dio la curiosa circunstancia de que el propio incendio de Artenara sirvió de cortafuego sobre el de Valleseco, narró Grillo.

Este especialista hizo hincapié en que, cuando arde un bosque, «no es siempre el 100% es una catástrofe. Hay una especie de ensalada de intensidades y dentro de ellas hay daños y cambios que a veces beneficia y otras perjudica. Las especies de luz se ven beneficiadas con la alta intensidad y consiguen entrar en las zonas quemadas. Las de baja intensidad hace como una poda de los pinos que hasta ayuda». Este año ha llovido muy poco «pero la vegetación tiene su propia manera de hacerse fuerte».

Grillo nunca olvidará estos incendios: «Son de los que te quitan un año de vida por la toma de decisiones tan rápida que exige. Se convierten en un quebradero de cabeza. Pero han habido otros muy duros como el de 2017, el de Tasarte e Inagua... no se con cuál me quedaría porque todos tienen su nombre, apellidos y DNI», reflexiona.