En la imagen, Jorge Méndez muestra durante su ponencia dos tipos de rocas que contienen tierras raras. / COBER

«Hay indicios potentes de tierras raras en Canarias, tenemos que investigar más»

Jorge Méndez, de Magec REEsearch, trabaja en aplicaciones que mejorarán la eficiencia de las placas solares o permitirán producir hidrógeno con las salinas

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO Santa Lucía de Tirajana

El profesor de Física Aplicada en la Universidad de La Laguna, Jorge Méndez, insistió ayer en que el trabajo de exploración básica desarrollada en el marco del proyecto interuniversitario Magec REEsearch, del que forma parte y en el que colaboran la ULPGC y ULL, ha demostrado que en Canarias «hay indicios potentes» de la presencia de tierras raras, no solo en montes submarinos, sino también en superficie, pero que, no obstante, urge «investigar mucho más».

En la ponencia con la que abrió la segunda y última jornada de la 15º edición del Seminario Internacional de Comarcas Sostenibles, organizado por la Mancomunidad del Sureste, recordó que las llamadas tierras raras (17 elementos de la tabla periódica) son minerales que están presentes en casi todos los desarrollos tecnológicos actuales, particularmente en los que tienen que ver con las energías renovables, son las vitaminas de la industria.

Por eso el ponente insistió en la importancia de que Canarias explore si tiene hueco en un mercado que ahora controla China. Más del 90% de la producción mundial de tierras raras salen de una mina china.

«Es vital que conozcamos los recursos minerales de tierras raras de alto valor tecnológico que podemos tener en las islas en rocas volcánicas y sedimentarias, tanto submarinas como terrestres», apuntó Méndez, quien subrayó que solo en una fase muy inicial, muy básica de exploración, en la que ha participado el geólogo José Mangas, ha detectado presencia de tierras raras en rocas carbonatitas de Fuerteventura de hasta 10 kilos por tonelada.

Muy extendidas, pero muy dispersas

Es una cantidad que entiende valiosa, pues supera las concentraciones ordinarias de estos minerales, que la mayoría de las veces suelen ser de 100 gramos por tonelada, apenas una lata de sardinas. Explicó que es uno de sus hándicaps, pues pese a que están muy extendidas por el planeta, también están muy dispersas, lo que dificulta la viabilidad de su extracción para uso comercial. Sin embargo, en Canarias han hallado indicios de acumulaciones poco habituales.

Por lo pronto, ya han confirmado su presencia en superficie en Fuerteventura y en Gran Canaria, y también en un monte submarino muy cerca de Lanzarote, lejos de la mediana con Marruecos, el Banco de la Concepción. Ahora trabajan en buscar indicios en La Palma, La Gomera y Tenerife, pero advirtió de que bajo el mar de las islas hay 120 montes submarinos, 20 de ellos de gran tamaño, por lo que el potencial de exploración es enorme.

De confirmarse esta virtualidad de las islas, el siguiente paso sería una exploración geológica más profunda, mediante catas y a través de alguna fórmula de colaboración público-privada. «Esta fase no implicaría un desarrollo minero, pero por otro lado tampoco ningún proyecto minero podría iniciarse sin esta fase».

Méndez, que impartió una ponencia muy didáctica en la que recurrió incluso al visionado de escenas de películas como 'Regreso al futuro' o 'No mires arriba', hizo hincapié en las posibilidades que se abrirían para Canarias si estos indicios fructificasen en algo más. «Tendría importantes implicaciones socioeconómicas relacionadas con la diversificación de la economía y la industria o la creación de puestos de trabajo especializado».

Aplicaciones del oro tecnológico

Por lo pronto, Méndez y su equipo ya trabajan en aplicaciones y desarrollos del uso de tierras raras, entre las que sacó a relucir varias que tendrían que ver con la tecnología vinculada a las energías renovables.

Por ejemplo, usar su capacidad para convertir la energía infrarroja del sol, el calor, en energía visible, y así exprimir mejor al astro rey, o para crear concentradores solares luminiscentes capaces de absorber la luz ultravioleta, aplicación que permitiría aprovechar las ventanas de una casa como placas solares, o para producir hidrógeno verde a partir de las salinas mediante una especie de fotosíntesis artificial.

Méndez insistió en que el cambio es posible. Para probarlo, sacó a relucir un texto norteamericano de 1875 en el que no veían posible el uso de la gasolina como combustible. Luego fue el motor del siglo XX. Por tanto, toca volver a cambiar y el futuro está en el sol y en el mar, entre otros recursos.