El mundo rural: vigilante de la tradición canaria

En Gran Canaria habitan unas 100.000 personas en el ámbito rural, un 68% de ellos entre los 300 y los 600 metros de altitud.

L.B.L. / LAS PALMAS DE GRAN CANARIA

Las islas y los paisajes naturales del archipiélago cuentan con un ejército de personas que los custodian, residentes y profesionales del entorno rural, que son embajadores de cultura y tradición. Durante siglos, los habitantes de las zonas interiores de las islas han mantenido el espíritu rural de Canarias, el pastoreo, la trashumancia, la elaboración de quesos, cultivo y producción alimentaria, además de oficios artesanos y el patrimonio cultural y etnográfico.

A pesar de la tecnología y la globalización, el mundo rural, medianías y cotas altas principalmente, han mantenido parte de su identidad intacta, como muestra de los valores y el saber popular. Gracias a estos reductos, se han mantenido en las islas tradiciones y productos como las papas canarias, el plátano, la elaboración de quesos y el trillado del gofio, recetas con medio siglo de bagaje, o patrimonio inmaterial como el silbo gomero o los juegos tradicionales, como la lucha del garrote o el salto del pastor.

Además, los agricultores y ganaderos, unidos a sus ganados y a la cultura de la trashumancia, aún viva en las islas, contribuye no solo al cuidado del entorno sino a mantener el campo protegido frente a los incendios, funcionando como cortafuegos naturales. De la mano de estos guardianes del campo, los cabildos han elaborado planes estratégicos para la conservación del medio ambiente insular, en un trabajo coordinado entre la población y las instituciones.

La reducción de la dependencia exterior y el avance hacia la soberanía alimentaria en el archipiélago son dos elementos claves para el desarrollo de Canarias, en el que los agricultores y ganaderos juegan un papel principal.

El poder de la colaboración. El kilómetro cero en la producción local garantiza la frescura de los alimentos, y por tanto la salud de los canarios y canarias, un impulso a la economía circular, empleo, comercialización y la gestión adecuada de más de la mitad del territorio del archipiélago.

En Gran Canaria la colaboración entre los pastores y trashumantes y las instituciones públicas han logrado resolver problemas graves y enquistados durante años, como ha sido el caso de la prevención de incendios y las especies invasoras o sin control en los campos. En las zonas interiores y en los barrancos rurales, gracias a la unión entre profesionales, residentes y representantes políticos, se ha logrado solucionar la plaga de cabras asilvestradas en la isla, un problema que ponía en riesgo la biodiversidad natural de la zona.

Con este sistema de coordinación y colaboración, los ejemplares asilvestrados se han reducido de los 300 a los 77 en solo un año, en el que se realizaron 64 apañadas.

Embajadores de tradición

Mantenimiento. Los oficios artesanos en las islas son profesiones que se han adquirido de generación en generación a través del saber popular. El entorno rural, donde se desarrollan buena parte de ellos, son refugios donde las tradiciones se han mantenido, permitiendo que a día de hoy esta seña de identidad siga vigente y pueda recuperarse.

Oficios. Este es el caso de la elaboración artesana de quesos, el calado canario, la cestería, la alfarería o locería, el torneado de madera, la elaboración de puros, orfebrería, herrería o cuchillería de cuchillos canarios, hasta llegar a los 87 oficios artesanos registrados en Canarias, según contempla el Boletín Oficial de

Canarias.

Valor cultural. Algunos de estos oficios artesanos y sus productos han causado interés fuera de las islas Canarias, como es el caso de la locería de Lugarejos, en Artenara, por su alto valor cultural y usados en restaurantes prestigiosos de España, o el calado canario que ha sido incorporado en prendas de moda de todo tipo en pasarelas internacionales.