El eterno riesgo de la carretera a Tunte

El proyecto de la nueva GC-60 se inició a finales del siglo pasado, pero ningún gobierno lo ha querido ejecutar. Circular por la ruta turística más importante de la isla sigue siendo muy peligroso, como lo demuestran los numerosos accidentes

GABRIEL SÚAREZ | GABRIEL SUÁREZ / MASPALOMAS

Para llegar a Tunte saliendo de Maspalomas por la carretera GC-60, o para realizar el trayecto a la inversa, se necesita pasar previamente por unas 136 curvas, algunas de ellas de mucho riesgo, como la situada en el ya famoso zigzag o el estrechamiento de calzada de Arteara, todos puntos negros por los que debe transitarse con mucha precaución, si no se quiere terminar en el fono del barranco.

Pese a todo esto y a los numerosos accidentes que se contabilizan en esta vía, considerada principal ruta turística hacia medianías y cumbres de Gran Canaria, ningún gobierno insular o regional ha tenido entre sus decisiones la de ejecutar el proyecto de la nueva carretera, que lleva durmiendo en los despachos desde el pasado siglo. Nadie ha querido ejecutar esta obra; es como si todos se hubiesen puesto de acuerdo para eternizar un riesgo que ya también se ha cobrado vidas humanas.

Circular por este tramo de la GC-60, entre Maspalomas y la Villa de San Bartolomé de Tirajana, es algo que realizan a diario cientos de personas. Unos por trabajo, otros por necesidades de índole familiar o social, y muchos, como los turistas que visitan la isla, para recorrer uno de los paisajes más rústicos, exóticos y mejor conservados de Gran Canaria. Todos ellos se mueven con cuidado. «No es una carretera para jugar; es más, como te despistes y no pongas toda tu atención en la conducción, te la juegas», afirman los más experimentados.

Por este tramo, de unos 23 kilómetros, no solo circulan turismos, sino que también lo hacen ciclistas y vehículos de transportes de pasajeros y de carga, que en más de una ocasión, cuando se tropiezan en algunas de sus curvas más pronunciadas, se ven y se las desean para poder continuar su marcha. Las veces que se han quedado bloqueados un camión y una guagua en la zona del peligroso zigzag, eso se ha convertido en una aventura propia de guión cinematográfico, con turistas obligados a bajar de la guagua para aliviar la carga y evitar una catástrofe, y con conductores impacientes en uno y otro sentido de la vía, esperando más de una hora para poder continuar su viaje.

Esta es una historia que se repite desde hace tres décadas, y los incidentes han ido en aumento debido a que también se ha incrementado la proporción de usuarios que utilizan la vía a diario. Pero ninguna de las demandas, súplicas y ruegos de vecinos, usuarios y del propio Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana para que ejecuten el proyecto de la nueva carretera han sido atendidas. La última fue en julio de 2016. Se repite el silencio, mientras el riesgo sigue eternizándose.