Esta es la estampa que presenta al Canal de Arinaga. Es como un río teñido de rubio. / ARCADIO SUÁREZ

El Cabildo estudia el rabogato en 23 parcelas para dar con su talón de Aquiles

Cambio de estrategia. Ya no tiene sentido seguir arrancando ejemplares. Los técnicos buscan una estrategia más quirúrgica contra la planta invasora

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO Las Palmas de Gran Canaria

La invasión silenciosa. Así describió el biólogo Carlos Suárez Rodríguez la manera en que esta curiosa planta, el rabogato, se estaba extendiendo por Canarias. Lo afirmó en un artículo de hace 23 años en la revista de Medio Ambiente que editaba el Gobierno regional. Entonces se la conocía todavía con el nombre científico de 'Pennisetum setaceum'. En estos dos decenios ha dado tiempo incluso a que se le revise su denominación botánica ( ahora se la conoce como 'Cenchrus orientalis'). Sin embargo, aún no se ha encontrado la fórmula ideal no ya para erradicarla, que se da por muy complicada, sino para ponerle coto. Por lo pronto, en el Cabildo de Gran Canaria ya han desechado la retirada manual, arrancando los ejemplares, por ineficaz y costosa (suele exigir, además, varias pasadas y una metodología rigurosa) y trabajan en una estrategia más quirúrgica. Han encargado un estudio en 23 parcelas repartidas por toda la isla para tratar de dar con su talón de Aquiles y después pasar a la acción.

Basta un paseo por algunos cauces de barrancos en la isla para calibrar hasta qué punto está descontrolada su expansión. En los del entorno de Maspalomas, por ejemplo, parece una nata rubia que ha colonizado el lecho de estas depresiones naturales de lado a lado. No deja un palmo de tierra libre de sus característicos plumeros. Pero también se ha vuelto 'viral' en las orillas de casi cualquier carretera de la isla, sobre todo las situadas desde la cota 600 hacia abajo, que es donde más prolifera, por los datos preliminares del estudio encargado por el Cabildo.

Esta gramínea perenne de porte herbáceo procedente de Etiopía llegó a Canarias como planta ornamental a mediados del siglo XX, pero se escapó de los jardines y se naturalizó en varias islas, sobre todo en Tenerife y Gran Canaria. En esta última isla está muy extendida, aunque se siente más cómoda en zonas bajas próximas a la costa. Hoy, dada su agresiva expansión, está i ncluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras (donde figura con el nombre científico anterior) y también está en la Red de Alerta Temprana de Canarias para la Detección e Intervención de Especies Exóticas Invasoras (RedEXOS).

Con este panorama, los servicios técnicos de Medio Ambiente de la institución insular decidieron cambiar de estrategia. Asumieron que no sirve de nada organizar batidas con un ejército de voluntarios para arrancar los ejemplares. ¿Por qué? Porque la planta usa hasta la propia ropa de los que acuden a eliminarla para adherir sus semillas y seguir con su plan de expansión. Explican que hasta los senderistas a los que tanto disgusta encontrársela en sus rutas se convierten en involuntarios propagadores de su presencia. Y decora los márgenes de muchas carreteras porque, aclaran también desde el Cabildo, estas plantas se las han arreglado para viajar en las ruedas de los coches. La red viaria es también la red del rabogato.

Así las cosas, se encargó un estudio hace tres años a la empresa GA en colaboración con la Universidad de La Laguna para tratar de hacerle un seguimiento exhaustivo a la especie. Han hecho un mapeo de su distribución por Gran Canaria y se han dado cuenta de que hay zonas donde está muy implantado y otras a las que está llegando, que es donde ahora se intervendrá. Y también han seleccionado 23 espacios o parcelas por toda la isla donde han analizado a la planta de forma periódica, su evolución en el tiempo y sus posibles enfermedades. Tienen claro que no le gusta el frío, de ahí que en cotas muy altas, donde bajan bastante las temperaturas, apenas se la encuentre. Pero el Cabildo quiere saber más. «Hay sitios en los que le cuesta entrar, o si entra, se reproduce con más dificultad, o sufre ciertas patologías que lastran el desarrollo de la planta», explica Mario Bordón, asesor insular de Medio Ambiente. De lo que se trata ahora es de conocer a ciencia cierta qué factores hacen que no prospere para, una vez detectados, usarlos como herramienta para frenar, o controlar, su propagación. Los resultados del estudio, espera, se conocerán este mes.