Así quedó la zona de ‘hombre muerto’ del pinar de Tamadaba

CANARIAS7 recorrió el parque natural que sufrió la embestida de las llamas y pudo comprobar los efectos del fuego en el pulmón de la isla. El incendio recorrió la gran mayoría de este enclave, aunque en unos lugares fue de superficie calcinando el sotobosque y en otros de copa arrasando con el pinar.

FRANCISCO JOSÉ FAJARDO | ARTENARA

Con 7.500 hectáreas de masa arbórea, el Parque Natural de Tamadaba ha sido siempre el verdadero pulmón de la isla de Gran Canaria, un órgano vital antaño de color verde que ahora está teñido de negro y amarillo tras el paso de las devastadoras llamas que arrasaron el 40% de su superficie en el último incendio forestal que se inició el pasado 17 de agosto. CANARIAS7 ha podido recorrer por vez primera los principales enclaves de este paraíso natural para comprobar in situ las consecuencias de las llamas.

Acompañados por el agente de Medio Ambiente, Isidro del Rosario, desde la entrada al parque natural se pueden comprobar perfectamente los efectos de las llamas en la zona del pinar de la Degollada de Las Palomas. La imagen de la arboleda carbonizada es dantesca y solo el azul verdoso de la presa de Las Hoyas –con el Roque Nublo de fondo como espectador de lujo– rompe el monótono color negro del paisaje. «El fuego se ve claramente como subió con mucha virulencia hacia Tamadaba y fue arrasando todo lo que se encontraba a su camino», explicaba Isidro del Rosario, señalando un pinar único que no sufría los efectos de las llamas desde agosto de 1988. «Ardió de la carretera hacia arriba hasta el Pico de la Bandera, pero ahora el efecto del fuego fue mucho mayor ya que abarcó una superficie enorme, en zonas de copa y en otras de superficie. Aunque no se aprecie desde fuera y se vean los pinos verdes, debajo está todo quemado, por lo que el daño ecológico sufrido ha sido enorme», detallaba este especialista que vivió desde 1994 hasta 2002 en el refugio de Tamadaba cuidando a diario de su flora y fauna.

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Ya entrando en el tuétano del parque natural, hay que destacar que la mayoría de las zonas arbóreas desde arriba no se aprecian muy tocadas por el fuego, «pero debajo es donde está el daño real», como detallaba Isidro del Rosario. «Lo que sí se ha quemado mucho y costará más tiempo recuperar es el sotobosque –con especies como el jarón, escobón, el poleo, olivillos, tomillos de pinar, rosalitos, mosqueras, crestas de gallo o endémicas como la llamada Hija de don Enrique– que ha sido totalmente arrasado por el fuego de superficie y se tendrán que realizar trabajos de recuperación de ese ecosistema. Incluso, apostaría a título individual por ir metiendo más Monteverde», sostenía el agente medioambiental mientras avanzaba hacia la Degollada de Tirma.

En este reconocido enclave de Tamadaba se podía apreciar cómo el incendio subió desde la presa de Las Hoyas, entró en el barranco hasta la degollada con un fuego de comportamiento topográfico ladera arriba y ayudado de viento ascendente. «Por eso quemó las copas y, por ende, el pino entero además del sotobosque. Aquí atacar en tierra fue imposible ya que estamos en la famosa zona de hombre muerto», como se llama al enclave donde se encuentra la cabeza del fuego y en el que es imposible que actúen equipos de extinción. «Aquí se originaron auténticas lenguas de fuego impresionantes hasta que empezaron a descender a la otra vertiente», exclamaba mientras señalaba la casa de la portada de Tirma, antes habitada por los vigilantes de la finca y que había sido quemada.

Ya en el interior del parque, se puede comprobar que las zonas recreativas y de acampadas han soportado el fuego «al estar limpias», detalló el agente, pero al comenzar a recorrer el canal de Los Andenes, en Barranco Oscuro, se pudo comprobar como las llamas acabaron con la regeneración natural de Monteverde que se había producido calcinando azebiños, oder follaos y laureles, entre otras especies. «¿Está todo perdido? No, porque Tamadaba resurgirá y, según las zonas, tardará más o menos, pero es recuperable y en poco tiempo se verán progresos en el mismo pinar», vaticinó Isidro del Rosario, optimista a pesar del desastre.

Isidro del Rosario, agente de Medio Ambiente.

Isidro del Rosario entró en el cuerpo de agentes de Medio Ambiente en el año 94 y estuvo desde sus primeros días hasta 2002 en Tamadaba viviendo incluso en el refugio: «Es mi segunda casa ya que viví muchos años aquí y para mí siempre ha sido un bosque mágico. Cuando ahora llegas y ves los efectos de las llamas a uno le da una tristeza enorme. Me vienen recuerdos de mucha gente que vivió por aquí recogiendo pinocha, por ejemplo, y ahora parece un pinar fantasma. Durante el incendio no podía dejar de mirar siempre de reojo a Tamadaba y se me partía el alma. Sobre todo cuando nos confinamos con parte de la población en Artenara... el frente iba avanzado lentamente y no dejaba de pensar cómo estaría el pinar. Pensaba al principio que sería un fuego de superficie, pero luego cuando entré en el pinar comprobé que había arrasado una parte importante de nuestro tesoro», declaró.